El caos que nos une (Lo que nos une 1) 21
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Markus

Entro al despacho y cierro la puerta antes de caminar hasta mi mesa. Apoyo el maldito bastón, al que no me he acostumbrado ni creo que lo haga nunca, y repito mentalmente las palabras optimistas del médico, quien insiste en que después de la operación podré dejarlo atrás. No le creo.

Pero hoy lo que me incomoda de verdad es ella.

Me siento frente al ordenador, alzo la vista sin querer y la diviso al otro lado, inclinada sobre su iPad mientras habla con uno de los ingenieros.

En un acto reflejo, se coloca detrás de la oreja ese mechón rebelde que siempre se le escapa, manteniéndose seria.

Cuanto más la observo, más y más se va desatando algo dentro de mí.

Y no debería, porque soy un tullido: roto por dentro y limitado por fuera. Estoy seguro de que ella lo ha notado. Y ya carga suficiente peso sobre los hombros como para castigarla con el mío también.

Sin embargo, cuantos más días paso aquí, más claro tengo que estoy perdido. Sé que debería centrarme en lo mío: la operación, el trabajo que he venido a hacer, volver a Berlín en unas cuantas semanas y recuperar el control de mi vida. Eso debería bastar, pero ¿por qué no es así?

Me repito que Elise merece paz, no más carga. Pero, cuanto más intento apartarla de mi mente, más imposible me resulta.

No es lástima lo que siento por ella, sino admiración. Cómo se sostiene, cuando cualquier otra persona en su lugar se vendría abajo. Cómo lucha en su día a día, cómo se empeña en avanzar…

Y lo único que quiero es poder estar ahí.

Aprender de sus silencios, de sus gestos, o descubrir cómo dibujarle más de esas sonrisas que casi no se permite disfrutar.

Ojalá pudiera conocer sus luces y también sus sombras.

Me encantaría compartir tiempo con ella fuera del trabajo, para conocernos más, aunque de momento me conformo con llevarle un café (el de esta oficina es terrible) o sujetarle el paraguas bajo la lluvia incluso cuando no necesita que lo haga.

Simplemente, tenerla cerca, aunque no sea para mí.

Quiero todo eso mucho más de lo que debería.

Y me pregunto si no será mejor alejarme antes de que sea demasiado tarde.

Cuando se queda sola, ella alza la mirada y me busca. A mí.

Y entonces sé que ya es tarde.

Se muerde el labio, aparta la vista y… vuelve a mirarme.

Y entiendo que ya no hay vuelta atrás.

Estoy jodido.

Elise, deberías huir de mí, no buscarme.