El caos que nos une (Lo que nos une 1) 14
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Elise

No me es difícil reconocer al hombre que está apoyado en la pared, abatido y repasándose la cicatriz de la frente. Y es que su imponente altura destaca entre las personas que hay a nuestro alrededor.

A pesar de que nuestras interacciones en la oficina han continuado siendo tensas, frías y breves, esta vez soy yo la que se acerca a él.

—Hola.

Markus me mira, sorprendido, e instantes después trata de recomponerse y fingir que todo está en orden.

—Hola —responde por fin.

—¿Estás bien?

—Sí, solo un poco cansado. ¿Cómo vas tú?

—Asumiéndolo… Hoy empecé a ir a terapia.

Aprieto los labios, preguntándome por qué con él las palabras salen de mi boca sin pensarlas siquiera.

—Eso te irá bien.

Alzo las cejas ante su comentario. No sé cómo tomármelo.

—Perdí a alguien importante por esa enfermedad hace unos años. Te entiendo. Pasé por ello…

La frase queda en el aire y entonces me percato de que él también se ha abierto a mí, aunque vuelve a tensarse, como siempre que está conmigo. Sin embargo, debo admitir que su inesperada confesión me remueve por dentro, dejándome pensativa.

—Bueno, te veo el lunes, en la oficina. —Hace amago de irse.

—Sí, o aquí, nunca se sabe… Que tengas un buen fin de semana.

—Adiós, Elise.

Avanza por mi derecha, dejándome saborear el sonido de mi nombre en su voz. De alguna forma me calma. Yo también sigo mi camino, hacia la habitación de mi padre, donde un par de enfermeros lo ayudan a volver a la cama, con vistas a un ventanal enorme que da al jardín.

—¿Has salido? —le pregunto, extrañada, cuando nos dejan solos.

—Brevemente. Quería disfrutar un poco del exterior. Y jugué al ajedrez con otro paciente.

—Ah… —Por un momento me parece menos… frágil—. Eso está bien.

Me acerco para acomodarle el cojín de la espalda y me sonríe, como si todo fuera normal.