13
Markus
Todavía no puedo creer que ya lleve dos semanas en Londres y haya conseguido entregarme a esa rutina que tanto anhelaba.
Hoy, viernes, poco después de comer, me marcho de la oficina para asistir a la primera cita médica con el doctor que llevará mi caso aquí.
Cojo un taxi y, durante el trayecto, no paro de pensar en que me apetece volver a conducir. Lo he estado evitando por miedo a que el dolor me juegue una mala pasada. ¿Cesará esa molestia en algún momento?
En una carpeta llevo una copia del historial médico, que mandé traducir, por si no hubieran recibido la que les hice llegar hace unos días.
Estoy tenso, nervioso, y en la sala de espera mi estado no mejora: miro mi reloj de muñeca una y otra vez, preguntándome por qué el tiempo parece ralentizarse en estos lugares.
—¿Señor Schröder? —La voz de la enfermera me saca de mi ensimismamiento y paso a la consulta.
Dentro, el médico me muestra los resultados de las pruebas que me hice la semana pasada mientras se interesa por todos los detalles que le cuento. Al parecer, ha estudiado mi caso, ya que recibió todos los documentos hace días.
—Ya no sé cómo caminar para evitar el dolor. Sobre todo, cuando estoy cansado y noto que se me acentúa considerablemente la cojera. Porque, cuanto menos apoyo esa pierna, menos me molesta.
—Hummm… —Se rasca la barbilla y vuelve a examinar las radiografías y demás—. Verá, el hueso está totalmente soldado y lo que le provoca esas molestias es este clavo de aquí, ¿lo ve?
—Sí, pero… ¿mi fémur ya está bien? ¿Tan pronto?
—No ha transcurrido tan poco tiempo. Usted es una persona sana y sin problemas óseos, lo cual nos deja un pronóstico favorable.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que lo más delicado ya se ha conseguido y ahora vamos a ocuparnos de su dolor, pero para ello recomiendo programar cuanto antes una cirugía.
—Vale. —Trago saliva al escuchar justo lo que no quería oír. Me toco la cicatriz, dubitativo.
—Markus, mire, no hay que preocuparse. Le garantizo que será una intervención rápida y sencilla. Tendrá que pasar aquí una noche, dos a lo sumo. Y, antes de lo que cree, volverá a llevar una vida completamente normal y se olvidará de ese dichoso bastón.
Asiento con la cabeza, intentando absorber ese optimismo que a él parece sobrarle.
No tarda en reunir sobre la mesa los documentos que necesito: el volante para las pruebas preoperatorias, el que tengo que presentar para agendar la cita de la operación, una receta de un antiinflamatorio diferente al que he estado tomando hasta ahora para el dolor y unas recomendaciones de ejercicios.
Acepto todo lo que me da y salgo de ahí lo antes posible, con la absurda idea de huir. Aunque, ¿a dónde? En apenas una hora tengo sesión de rehabilitación.
Me hago con un café para llevar y salgo al jardín trasero del hospital para hacer tiempo. El aire fresco arrastra el aroma de la humedad que ha dejado la llovizna esta mañana, y el murmullo lejano de los coches me recuerda que, aunque este sitio trate de enmascararlo, estamos en una gran ciudad.
Camino sin rumbo, despacio, y me detengo al ver a un hombre en silla de ruedas, encorvado ligeramente sobre el tablero de ajedrez que hay encima de una mesa de hierro pintada de verde.
Tiene una manta de punto azul cubriéndole las piernas y una botella de oxígeno afianzada en la parte de atrás del respaldo; de ella sale un tubito de plástico transparente que se pierde entre las arrugas de sus mejillas.
Me quedo cerca, mirando el tablero.
—Alfil a E5 —comento, sin pensarlo demasiado.
Él levanta la vista hacia mí, sorprendido, y esboza una sonrisa torcida. Hace el movimiento con calma y vuelve a quedarse pensativo.
—¿Te gusta el ajedrez? —murmura cuando ya estoy a punto de alejarme.
—Unas temporadas más que otras. —Me encojo de hombros.
—A mí me mantiene la cabeza ocupada. —Coge entre sus dedos una torre—. ¿Te apetece jugar?
—Claro.
Me siento enfrente, en una silla a juego con la mesa y que resulta algo incómoda, no lo voy a negar.
Me ofrezco a colocar yo las piezas. Cuando ya estamos listos, abre con un peón.
—¿Qué te ha pasado? —Señala con la cabeza mi bastón, apoyado en la mesita.
—Tuve un accidente de tráfico y me van a operar otra vez de la pierna.
Decirlo en voz alta me provoca un escalofrío que intento disimular con un movimiento rápido de mi caballo.
—¿Qué hay de ti?
—Mis pulmones ya no son lo que eran… —comenta, aunque parece evitar el tema—. ¿Eres alemán?
—Sí. ¿Tanto acento tengo?
—Un poco. —Mueve otro peón y se dirige a mí en mi idioma— Yo nací en Frankfurt, ¿tú de dónde eres?
—Berlín —respondo, dejando atrás el inglés. Sonrío, y él me imita.
Seguimos hablando de banalidades mientras jugamos, y de pronto me veo acorralado por su reina.
—Es mate. —Parece muy seguro de sí mismo, pero yo necesito comprobarlo un poco más antes de darle la victoria.
—Eres muy bueno.
Vuelve a sonreír y recuerdo mirar el reloj.
—Tengo que irme. Me toca ahora la rehabilitación.
—Que te vaya bien.
—A ti también. —Sonrío.
—Si vuelves a pasar por aquí y tienes tiempo, estaré encantado de darte otra paliza, berlinés.
Me despido entre risas; mi humor ha mejorado un ápice.
Aunque no me dura mucho, ya que la sesión me deja exhausto.
Cuando termina, vuelvo al jardín para llamar a Max y, de ese modo, no molestar a los pacientes que esperan en el interior.
Quiero contarle qué tal me está yendo el fisio y aprovechar para anunciarle mi próxima operación.
Porque tengo miedo, aunque no vaya a reconocerlo, y necesito escuchar la voz de mi hermano asegurándome que todo va a salir bien.
—Bueno, si con eso se acaba, son muy buenas noticias —me dice él.
—Sí, supongo que sí.
—En cuanto tengas la fecha confirmada, avísame para que pueda ir a Londres, ¿de acuerdo?
—Max, de verdad, no es necesario que…
—No seas un puto cabezota y avísame, ¿ha quedado claro?
—Está bien… —le concedo, resoplando, aunque también aliviado por saber que estará conmigo.
—Oye, todo va a salir bien, ¿vale?
—Sí, lo sé… —Carraspeo.
—Y, por cierto, entiendo que no quieras preocupar a nuestros padres; aunque no lo comparta del todo, tienes razón.
Mamá se pondrá histérica y tirará de ansiolíticos, y papá estará en plan tocapelotas con todo el mundo.
Pero sabes que conmigo es diferente, por muy testarudo que te pongas, así que prométeme que me avisarás en cuanto tengas una fecha.
—Te lo prometo, de verdad.
—Así me gusta. Que hagas caso a tu hermano mayor.
No puedo evitar poner los ojos en blanco.
—¡Por dos minutos! ¡Sabes que eso no cuenta!
Su risa resuena en la línea telefónica y a mí se me dibuja una sonrisa, pues llevamos con ese pique toda la vida.
—En fin, debo dejarte. Esta noche tengo una gala benéfica y, para no variar, voy a llevar de acompañante a nuestra madre. Pero llámame si necesitas algo, ¿vale?
—Sí, Max, descuida. Que se dé bien.
—Ambos sabemos que será un muermo… En fin, hablamos.
La llamada cesa y un vacío gris se instala en mi interior. Echo un vistazo al fondo del jardín, sin mirar a ninguna parte en concreto, y decido que es hora de salir a por un taxi, aunque para ello tenga que recorrer casi la mitad del edificio.
Estoy cansado y hastiado de todo en general.
En algún momento me paro en medio del pasillo del hospital, que huele a desinfectante y a algo más que no sé describir, algo que quizás provenga del remolino de sensaciones y sentimientos que la gente experimenta entre estas paredes.
Camino despacio hacia la salida; en el trayecto esquivo una camilla y un par de sillas de ruedas, evitando fijarme en los rostros de miradas apagadas de las personas que andan por aquí.
De pronto, me detengo y apoyo la mano libre en la pared, dándole vueltas a lo poco que valoramos el estar bien, hasta que dejamos de estarlo.
Los problemas en el trabajo, las discusiones ridículas y un centenar de cosas más que parecen importantes pasan a un segundo plano cuando tu vida se mide en citas médicas y resultados.
Y no sé si me duele más la pierna o estos pensamientos que me acompañan desde que sufrí el accidente, y que hacía años que no tenía.
Lamentablemente, parece que con el paso del tiempo se nos olvida.
Y reconozco que algo ha cambiado en mí, algo profundo, porque siento que ya no puedo volver a ser el mismo hombre que era hace medio año.