3
Markus
La calma no solo me rodea, sino que también puedo sentirla.
Se está bien aquí.
Todo es claro a mi alrededor, e infunde una paz casi respirable.
Una melodía que conozco bien se filtra en el ambiente. Alguien debe de estar tocando el piano, muy muy lejos de aquí.
Me observo las manos y recuerdo la cantidad de veces que mis dedos tañeron esas mismas notas cuando era pequeño. Una sinfonía sencilla pero, al mismo tiempo, esperanzadora.
Levanto la vista, y entonces la veo.
Ahí está.
Su cabello castaño y ondulado ondea al viento. Como si los años transcurridos sin ella nunca hubieran tenido lugar. Se la ve sana, radiante y más bonita que en mis recuerdos.
—Isabella. —Se me quiebra la voz al pronunciar su nombre en voz alta—. ¿Qué es esto?
—La espera —susurra, y su voz no suena como antaño, sino como un eco que me empuja.
—¿Qué…?
—No es tu momento, todavía.
No entiendo nada de lo que dice, y las lágrimas se agolpan en mis ojos.
—Te he echado tanto de menos. No sabes lo mucho que me alegro de poder verte.
—Lo sé, cariño. —Sonríe—. Yo también te echo de menos. Muchísimo.
—Han pasado demasiados años.
—No tantos. Tú no deberías estar aquí todavía. Debes esperar. —Se lleva una mano al corazón, visiblemente emocionada.
Me levanto para caminar hacia ella, pero es como si mis pies no se movieran. Trato de andar más rápido. Incluso llego a correr, pero me es imposible acercarme. Por más que intento avanzar, ambos seguimos en el mismo sitio. El suelo parece líquido y mis pies se hunden a cada paso, aunque no me mojo.
Me desespero.
—¡¿Qué diantres está pasando?!
—Tienes que calmarte, Markus.
—No entiendo nada… Isabella, ¿dónde estoy? ¿De dónde sale esa música?
—Te está esperando.
—¿Quién?
—Ella. Te está esperando.
—¿Quién es ella?
—Lo sabrás. Pronto lo entenderás, pero tienes que irte ya. Solo céntrate en las notas y sigue la canción para encontrar el camino.
Miro a mi alrededor. La melodía se hace más fuerte y me guía hacia un punto gris perla que parece dar a un túnel difuminado.
Doy un paso hacia allí, sorprendido de estar más cerca. Otro. Y otro. Funciona. Me estoy moviendo.
Vuelvo la vista atrás y sonrío a Isabella.
—Vamos —la insto.
Ella niega con la cabeza.
—No puedo.
—No pienso irme sin ti.
—Debes hacerlo.
—Sin ti, no.
—¡Te está esperando! Sigue el eco de la música, confía en mí.
Vuelvo a mirar hacia el punto gris: ahora es más claro y las notas se perciben más débiles.
—Debes correr si no quieres quedarte atrapado en este lugar para siempre.
—No me importa, si aquí estoy contigo.
—¡Markus! —grita, desesperada y abrazándose—. Corre, por favor, ¡corre! Confía en mí…
Asiento y me lanzo hacia donde dice.
La música parece a punto de cesar, pero no importa. Yo continúo mi avance casi flotando. Me siento ligero como una pluma, hasta que extiendo el brazo, tratando de alcanzar ese punto gris sobre un fondo negro que… me absorbe.
Escucho voces, pero no las reconozco ni distingo lo que dicen.
Duele. Duele mucho.
Estoy atrapado en la oscuridad.
Isabella me ha enviado a un abismo en el que comienzo a ahogarme.
¿Por qué ha hecho algo así?
No entiendo nada. Solo sé que algo, o alguien, me está esperando… y no es Isabella.