Capítulo 61 #2
Seferin aparece a mi lado otra vez.
—Bueno, a mí no me importan ni Thane ni el libro. Te lo puedes quedar —digo—. Solo, por favor, deja libre a mi hermana. Estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por ella.
Evito sus ojos cuando coloca uno de mis mechones hacia atrás con más dulzura de lo que hubiera podido esperar. Luego, roza mi mejilla con sus nudillos fríos y aparto la cara.
Todavía no.
Seferin me examina con sus ojos astutos, un brillo de curiosidad destella en ellos.
—Debería retractarme de lo que dije. Tú no eres para nada una simple mortal —murmura cerca de mi oído—. Eres exactamente lo que necesito para elevar mi posición en Thelanor aún más. Eres lo que me gusta llamar «la fuente perfecta». No era a tu hermana a quien debí encerrar en mi mazmorra.
Truena los dedos.
—La celda está abierta. Tráeme a Analla.
Maliek se quita de encima a las chicas seductoras y las saca de la habitación con él.
Seferin pone una mano sobre mi hombro y me da un apretón. Ahora que sé que la celda está abierta, no me aparto. Me enderezo en la silla mientras él me observa con detenimiento. Un escalofrío me recorre la espalda cuando veo la leve sonrisa que no llega hasta sus ojos fríos e insensibles.
Algo de toda esta situación lo divierte demasiado.
Durante todo ese tiempo, cuento los segundos que mantiene su mano sobre mí. Ya van siete.
Siento que está a punto de alejarse, así que tomo su mano en la mía, y suavizo mi mirada.
—Gracias por esto —digo aferrándome a él—. Por mostrar un poco de clemencia.
«Ocho. Nueve. Diez. Once … ».
No responde nada, se limita a mirarme con unos ojos que me absorben. Luego, me arrebata su mano.
¿Sabe que estoy fingiendo? ¿Que en realidad no tengo el libro?
Once segundos. Eso es todo el tiempo que me tocó.
Amplío mi mente y le envío otro pensamiento a Thane: «Ahora».
Varios minutos después, Maliek aparece sosteniendo a Analla por el cabello. Ella tiene en la mano el cristal de lifanet.
— ¡Analla!
Me levanto de la silla de un salto y corro hacia ella, pero Seferin se interpone en mi camino y me detiene con una mano firme.
—Antes de que se reúnan, Zaira, necesito tomar el cristal y vincular tu alma a él.
Miro el cristal un instante para luego verlo a él.
—Tómalo. —Su sonrisa desaparece y sus fosas nasales se dilatan—.
Si quieres que tu hermana viva, lo harás; pero debes saber que una vez que lo tengas en las manos te convertirás en mi fuente.
No morirás, de eso me aseguraré yo, pero te debilitarás con el tiempo conforme te drene.
Te convertirás en la mortal que fortalece mi magia.
Tú alimentarás la tierra en la que reino; después de todo —agrega mirándome con desdén—, entre más valiente es el corazón, más fuerte es la magia.
—Pero ¿no puedes sacar esa fuerza del libro?
—Podría, pero… ¿para qué molestarme cuando estás tú aquí?
Lo miro a él, luego a Analla y por último al cristal.
—¿La dejarás ir? —pregunto.
Asiente de manera casi imperceptible.
—Zaira, no lo hagas. —Analla se aleja con el cristal y lo presiona contra su pecho—. No te dejaré hacerlo.
—Analla, lo estoy haciendo por ti. —Rodeo a Seferin para tomarla por el brazo y le doy un ligero apretón—. Ya lo oíste, no voy a morir. —Trago saliva y volteo hacia Seferin—. Por lo menos, ¿podré verla?
—No.
Su respuesta es firme. Inapelable. Entrecierra los ojos.
Estoy ganando tiempo y creo que él puede percibirlo.
Maliek empuja a Analla hacia adelante y ella se tropieza. Sus rodillas golpean el piso de mármol, pero eso no le impide levantar sus brazos temblorosos al aire con el cristal en las manos.
—Terminaré con todo ahora —afirma—. Acabará en este momento, conmigo. ¡No permitiré que tengas a mi hermana!
Mi corazón se vuelve a encoger. Va a hacerlo añicos y es probable que eso destruya la parte de su alma que está en él. Podría morir si se rompe.
Seferin suspira y pone los ojos en blanco; es obvio que está aburrido y que se impacienta. Le hace un gesto a Maliek con la cabeza; este se acerca a Analla y la toma por el cuello.
—¡No! —grito.
Analla gruñe cuando él la levanta por la garganta y comienza a asfixiarla.
—¡Basta! —vocifero—. ¡¿Qué estás haciendo?!
—Toma el cristal —ruge Seferin mirándome de reojo—. Tómalo y tu hermana se recuperará. Vivirá el resto de sus años mortales en paz, lo que sea que dure.
—¡Está bien, lo tomaré! ¡Solo dejen de ahorcarla!
Analla sigue aferrada al cristal, trata de agitar la cabeza para deshacerse de las manos de Maliek mientras una vena se hincha en su frente. Sin embargo, Maliek solo aprieta más fuerte, dobla los dedos, listo para cerrarlos en un puño y terminar con su vida.
Lo hará. Sé que lo hará. Seferin no está alardeando. Ya sea que Analla esté viva o muerta, va a obligarme a tomar ese maldito cristal.
Angustiada, me froto la frente con fuerza para que mi mente se dilate y funcione. «¡Ahora!».
Le arrebato el cristal de las manos antes de que Maliek la deje sin vida. Analla deja escapar un grito ahogado. En mis manos, el cristal está caliente, afilado y ligero.
Maliek suelta a Analla y ella se desploma al suelo. Como si la maldición desapareciera en la medida en que pasa a mi cuerpo, el cabello de Analla pasa de gris quebradizo a un castaño voluminoso. Sus mejillas se encarnan también un poco y las profundas ojeras desparecen.
Con una sonrisa siniestra, Seferin hace un gesto con la mano y dirige las puntas de sus dedos hacia mí.
De inmediato pienso que es demasiado tarde para llevar a cabo la otra parte de mi plan.
Espero que algo suceda de parte de Seferin, que me invada una suerte de dolor, que mi cuerpo se debilite… pero no siento nada.
—¿Qué dem…? —dice Seferin frunciendo el ceño.
Parpadea un instante, como si supiera que lo que le está pasando fuera obra mía. Aprovecho el momento para levantar la punta del cristal y estrellarla contra un lado de su cara. Grita, trastabillando hacia atrás y lleva la mano a su rostro ensangrentado.
—¡Analla, corre! —grito.
Analla se libera de Maliek de un empujón y se apresura a la puerta, pero Maliek levanta una mano y la sujeta con un agarre invisible, arrastrándola hacia atrás.
—¡Perra! —gruñe Seferin abalanzándose para sujetarme por el cuello de la túnica.
Me jala hacia él con tal fuerza que la tela del escote se raja. El tajo en su mejilla corre desde debajo de su afilado pómulo hasta el hueco junto a su fosa nasal izquierda.
—¿Qué? —jadeo—. Hombres como tú tienen la mala costumbre de tocar a las mujeres sin su permiso. Pusiste tus manos sobre mí varias veces, de hecho, lo sigues haciendo, y por esa razón, tu magia no funciona.
—¿De qué hablas? —dice entre dientes con una mueca.
Meto la mano a mi bolsillo, saco el frasco vacío que le compré a la hechicera y lo sacudo en el aire.
—Elíxir inhibidor —explico—. Sólo que mejorado, gracias al libro. Estoy segura de que has escuchado hablar de él.
Que me parta un rayo, la verdad es que nunca pensé que esto funcionaría.
Maliek azota a Analla en el piso y eso distrae mi atención. Utiliza esa mano invisible para tenerla pegada al suelo, luego saca una daga y echa el brazo hacia atrás, listo para lanzarla contra mí.
Seferin se aleja de mí, alza una mano y grita:
—¡No!
Maliek se paraliza.
—La necesitamos —agrega.
Todo esto es demasiado para mí, yo solo necesito a mi hermana.
Miro hacia la puerta al tiempo que me limpio el sudor de la frente por los nervios y amplío mi mente otra vez. «¡Thane, es ahora o nunca!».
Seferin advierte hacia dónde miro y dice:
—No seas tonta, Zaira. —La tranquilidad en su voz es siniestra—. Nunca tendrás éxito. Los elíxires inhibidores se desvanecen con el tiempo y tu débil intento no hizo nada más que sacarme un poco de sangre.
Maliek baja el brazo y enfunda su daga, como si todo hubiera terminado.
« Vamos, ¿dónde estás? » , me pregunto mientras Maliek avanza hacia mí
En ese momento, algo golpea la puerta con fuerza y se abre de par en par. Un cuerpo tropieza hacia atrás y se desploma sobre una mesa de vidrio que está en el centro de la habitación.
Es uno de los guardias del corredor, con una tajada profunda en la garganta. La sangre brota de su boca mientras sus ojos sin vida miran al cielo.
Analla grita cuando dos rayos deslumbrantes dorados pasan sobre ella; uno se estrella en Maliek mientras el otro explota con fuerza en Seferin.
Maliek cae hacia atrás sobre una silla de madera que se rompe con el impacto, en tanto que Seferin se estrella contra el librero que está detrás del escritorio y suelta un profundo gemido.
Gruñendo, Maliek se pone de pie y desenfunda su espada con los ojos fijos en su atacante.
Yo también miro al atacante, aliviada al ver la cálida piel morena bajo el pañuelo y la capucha, esos ojos que brillan con el dorado tan familiar.
Mi corazón late dos veces más fuerte cuando me mira un segundo y asiente para tranquilizarme, luego se abalanza sobre Maliek.
Cuando lo hace, yo corro hacia mi hermana.