El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 58
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Capítulo 58

L legamos al Emellie justo antes de la puesta del sol y Algar sopla el cuerno para alertar a la tripulación.

El capitán Solyen y la tripulación están asombrados al ver que salimos con vida y nos bombardean con preguntas cuando subimos a bordo.

Después de que saciamos su curiosidad al responder algunas de ellas, el barco zarpa.

La navegación es… tranquila, por lo menos. A pesar de que Algar y Rynthea tienen el tesoro y un futuro brillante ante ellos, su estado de ánimo está muy lejos de ser alegre.

Conforme cae la noche, llega el momento de meternos al camarote. Miro el jergón en el piso, donde Thane durmió apenas anoche. Esta vez, decide quedarse en cubierta. Es probable que ni siquiera duerma.

Giro en la litera, esperando que Rynthea y Algar se queden dormidos para poder llorar en silencio contra la almohada.

Cuando llegamos a los muelles de Gadonia, Rynthea, Algar y yo decidimos volver a la posada de Irina; sin embargo, Thane me pide que espere. Lo ignoro y apresuro el paso, pero me alcanza.

—Zaira, por favor, déjame explicarte —dice, plantándose frente a mí, interrumpiéndome a mitad del paso—. Estudié el libro toda la noche y…

—¿Encontraste un hechizo para romper la maldición de Analla? —pregunto mirándolo.

—Todavía no, pero si puedo combinar dos de los hechizos quizá pueda…

—¿Quizá? —repito interrumpiéndolo—. Quizá no es suficiente, Thane. Necesito estar segura.

—Sé que funcionará. Solo necesito tiempo para estudiar los hechizos y encontrar los materiales correctos.

Rynthea avanza hasta ponerse entre nosotros y enfrenta a Thane.

—Ella no quiere tu ayuda. Toma tu libro de hechizos y lárgate.

Thane tensa la mandíbula, ambos se fulminan con la mirada. Rynthea no retrocede. Unos segundos después, él voltea para mirarme, sacude la cabeza y se marcha.

Una vez que Thane se aleja una buena distancia, Rynthea se dirige a la posada de Irina. La sigo, pero no puedo evitar mirar por encima de mi hombro y verlo caminar con la cabeza baja. Se me encoge el corazón, pero no puedo perdonarlo en este momento.

Después de que nos lavamos en la posada, decidimos ir a la taberna que está en el corazón de la ciudad, donde la música es animada y los gadonianos son alegres.

—¿Qué vas a hacer ahora? —pregunta Algar cuando se sienta en el banco junto a mí.

Es extraño ver cómo las personas pueden tener una vida normal y emocionante después de lo que yo acabo de vivir. A decir verdad, no creo que vuelva jamás a ser la misma. La Zaira emocionada de ojos brillantes ha desaparecido y ha sido reemplazada por una versión triste, vacía y con el corazón roto.

Zefra se sienta en el hombro de Algar y me mira fijamente en espera de mi respuesta. Él se puso feliz al reunirse con ella en el barco y ella lanzó un chillido de alegría cuando volvió a ver a su humano.

—Le voy a pedir al capitán Solyen que me lleve a Meriva —respondo.

—¿Y tu hermana? —pregunta receloso.

Evito su mirada y me concentro en los barriles de cerveza que están detrás de la barra.

—Hay una cosa más que puedo hacer para ayudarla.

Se hace un breve momento de silencio.

—Zaira. —Algar se inclina hacia adelante. Cedo y le dedico mi atención—. No estás pensando en hacer algo insensato, ¿verdad? ¿Aventurarte en Aguas Poco Profundas no fue suficiente?

—No, no pienso hacer nada insensato —miento—. Quizá le diré a la reina que Seferin tiene a mi hermana. Ahora tengo mucha información sobre el gremio de la Sombra. Quizá estarán más interesados en ayudarme si les doy esa información…

—El gremio te matará, Zaira, y a tu hermana también. —Algar me mira con más cuidado—. No quiero que hagas una tontería y que te asesinen después de todo lo que hemos pasado.

—Bueno, es que no sé qué otra cosa hacer, Algar —espeto.

Mi voz es tan fuerte que Rynthea deja su tarro de cerveza fría junto a mí.

—¿Qué sucede? —pregunta al tiempo que me cubro el rostro con las manos.

—Zaira está planeando hacer algo verdaderamente insensato —le explica Algar.

Alzo la vista, su mirada sigue fija en mí—.

Escúchame, Zaira. Quizá ya es hora de cortar por lo sano.

Aunque le dijeras a la reina lo que sabes, los muros de ese palacio oyen.

Irán de inmediato al gremio para informarles.

Seferin te encontrará y matará a tu hermana antes de que lo haga la maldición.

Luego irá por ti. ¿Eso es lo que quieres?

—No —mascullo frustrada.

—Tiene razón. —Con cuidado, Rynthea pone una mano en mi hombro—. Hiciste todo lo que pudiste, Zaira. En verdad hiciste todo lo posible y más. No veo otra manera de que tu hermana sobreviva a esto. Lo siento tanto.

El dolor me invade por completo. Miro a Rynthea hasta que mi visión se nubla y luego volteo hacia la versión borrosa de Algar y Zefra. Cuando mis lágrimas se derraman y un sollozo destroza mi cuerpo, me envuelven en sus brazos y me sujetan con fuerza.

Ninguno de los dos dice una palabra. Sencillamente me dan tiempo para llorar, para procesar mi negación, para entender qué estoy a punto de perder.

Pero ninguno de ellos sabe que mis lágrimas solo son una fachada.