El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 57
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Capítulo 57

P ara mi sorpresa, las criaturas estaban más interesadas en mantenernos lejos del templo que en evitar que escapemos de la isla. Sus esfuerzos no son, ni por error, tan intensos cuando nos dirigimos a la costa, y eso me parece perfecto.

No hay sabuesos de las sombras esperando para atacar, aunque nos topamos con los cadáveres de los que combatimos y que aún se sacuden.

Rynthea dice que lo más probable es que vuelvan a la vida; esas abominaciones no mueren así nada más.

No nos quedamos mucho tiempo para averiguarlo, pero escuchamos sus aullidos cuando al fin llegamos al borde del cráter.

Es extraño que no sean mi mayor preocupación. Lo que en verdad me inquieta es que no nos sigue ningún asesino de la Sombra.

Por fortuna, podemos evitar a las criaturas reptilianas mientras nos abrimos paso por el bosque. Sin embargo, sí nos topamos con algunas avispas enormes cerca de sus colmenas; Rynthea blande su espada guadaña con movimientos furiosos y deja una sustancia viscosa verde amarillenta por todas partes.

Al parecer, nadie nos sigue hasta que llegamos al sendero de las plataformas sobre la lava. Algar me teletransporta al otro lado y después regresa para hacer lo mismo con Rynthea, quien está demasiado débil como para saltar con seguridad.

Es evidente que teletransportarnos a ambas debilita a Algar, porque cuando se separa de Rynthea, apoya las manos en las rodillas y respira entre jadeos. Recuperarse le lleva unos minutos y cuando ya está lo suficientemente estable, retomamos el camino.

Entre más nos acercamos a la playa donde dejamos el bote de remos, más esperanzada me siento de que en verdad vamos a lograr salir de esta maldita isla. Me inunda una sensación de alivio que me aturde un poco, o quizá es solo el agotamiento físico y mental que al fin se apodera de mí.

He hecho lo imposible y he sobrevivido contra todo pronóstico, y francamente, los pronósticos no estaban de nuestro lado. Enfrentamos criaturas terribles y desafiamos a la muerte.

Paso por encima de un tronco que está atravesado en el camino, sacudiendo la cabeza con incredulidad. No, no solo desafiamos a la muerte, le dijimos alto y fuerte que se fuera al demonio. Algar murió de verdad y Rynthea casi fallece, pero aquí estamos, vivitos y coleando.

Sin embargo, no sería así de no ser por Thane y esa idea me lastima.

Siento un vuelco en el estómago al pensar que lo dejamos atrás para que se defendiera solo. Miro por encima de mi hombro sin dejar de pensar que sabe qué hacer. Ha sabido arreglárselas y cuidarse solo durante años. Sin embargo, eso no logra disminuir mi preocupación por él.

Me parece ridículo angustiarme tanto. Me rompió el corazón. No debería importarme… pero no es así. No quiero que muera.

—Huelo el mar —dice Rynthea tras olfatear el aire—. Nos estamos acercando —agrega y acelera el paso.

Respiro profundo y enderezo los hombros; el sendero se ensancha y en poco tiempo podemos ver la playa entre los matorrales que hay adelante.

Conforme avanzamos con dificultad por las arenas oscuras, miro por encima de mi hombro una vez más en busca de Thane. Algar deja caer su mochila, Rynthea avanza hacia el bote y coloca la suya en el interior.

Escucho el crujido cercano de unas hojas y me sobresalto al pensar que es uno de los asesinos del gremio de la Sombra, hasta que veo una silueta familiar que aparece en el borde del bosque.

El alivio mi invade con la misma rapidez con la que recuerdo su traición. Hago un gran esfuerzo por reprimir las lágrimas otra vez y le doy la espalda cuando se acerca, para que no me vea llorar.

Sin embargo, Rynthea no tiene ningún problema en expresar sus sentimientos.

—Desgraciado —espeta señalándolo con el índice—. ¡Sabía que no se podía confiar en ti!

Thane permanece callado. Observo a Algar, que ni siquiera puede mirarlo a los ojos.

—¡Tienes suerte de que no te lance a los monstruos de esta maldita isla para que les sirvas de almuerzo! —vocifera Rynthea—. Dinos todo. Ahora, hechicero.

—Yo…

No dice nada más, pero esa sola palabra está llena de dolor. Su silencio parece más ensordecedor que el rugido del mar a nuestro alrededor.

—Perteneció al gremio de la Sombra, robó un cristal y ahora Seferin lo quiere recuperar —explico cuando el silencio se alarga demasiado—. Aunque no es lo único que nos ha ocultado.

—¿Qué quieres decir? —pregunta Algar que se acerca a mí cojeando.

Levanto el volumen.

—Este es el libro de Azidel —agrego—. Azidel fue el primer hechicero de Thelanor y el más poderoso.

Para recuperarlo es necesario ofrecer la sangre de un mortal valiente y noble.

Thane sabía todo esto. Solo necesitaba a alguien que estuviera lo suficientemente desesperado como para venir a Aguas Poco Profundas.

—Rechino los dientes para contener una nueva oleada de lágrimas—.

Me arrastró hasta aquí para conseguirlo y así ser el siguiente hechicero más poderoso en Thelanor. Hizo todo esto por venganza.

—Un momento —interrumpe Algar alzando la mano y mirando a Thane con ceño adusto—. ¿Nos trajiste a todos aquí y le mentiste a Zaira sobre las piedras para poder conseguir ese maldito libro?

Por fin miro a Thane, justo cuando gira la cabeza y tensa la mandíbula, negándose a responder.

—Sabía que ocultabas algo —dice Rynthea, cerrando los puños mientras se acerca a él.

Es evidente que quiere golpearlo hasta dejarlo tirado en el suelo.

—No puedo creerlo —resopla Algar, no por incredulidad, sino como si hubiera debido saberlo todo este tiempo y está enojado por no haberlo descubierto antes—.

¡Pusiste en peligro la vida de Zaira! ¿Es en serio?

Ahora su hermana morirá por tu ambición de poder.

¿Cómo puedes ser tan egoísta? —Avanza hasta quedar frente a Thane y lo señala con el dedo—.

Y todo este tiempo pensé que el viejo Thane seguía por ahí en alguna parte.

Pensé que aún podrías redimirte. Debí darme cuenta.

— ¡No entiendo por qué están tan enojados! —exclama al fin Thane—. ¡Tienen su tesoro! ¡Ya tienen lo que querían!

—Sí, pero ¿a qué precio? —replica Algar—.

Hice esto por el tesoro, sí, ¡pero también porque pensé que estábamos haciendo algo bueno!

¿Romper la maldición? ¿Ayudar a Zaira? Me pareció necesario.

Sí, quería cambiar mi vida con toda estas monedas y cristales, pero yo solo…

¡Carajo, Thane! Por una vez pensé que todo saldría bien y que volvería a tener una familia.

Que si sobrevivíamos a todo esto, habría personas a las que podría recurrir cuando no quisiera pasar las noches solo.

Los ojos me arden por las lágrimas cuando Algar retrocede cojeando.

—Pero eso nunca iba a pasar… ¿o sí? —La voz de Algar se suaviza tanto que el pecho me empieza a doler. Con lágrimas en los ojos, sacude la cabeza decepcionado y le da la espalda a Thane—. Estoy harto. Lo intenté, pero estás demasiado jodido como para tomarme la molestia.

Cuando Algar se acerca al bote de remos, Rynthea pasa echa una furia junto a m í, echa el codo hacia atrás y golpea a Thane directo en la cara.

Él deja salir un gruñido al caer de espaldas sobre la arena dura; le escurre sangre de la nariz y la boca. Rynthea se para a su lado y hace una mueca con las fosas nasales dilatadas.

—He estado buscando una razón para hacer eso desde el día que te conocí. —Mira a Thane de arriba bajo, furiosa—. Súbete al bote, Zaira. Ya no lo necesitas.

Ya no lo necesito…

Sin embargo, hubo un momento en el que él era todo lo que necesitaba para sobrevivir.

Contaba con él. Confiaba en él. Vi lo mejor de él.

Me entregué a él porque tuve la idea estúpida de que podía cambiar, que podía ser una mejor persona y deshacerse de su vida oscura si tan solo pudiera ver un rayo de luz.

Pero todo era mentira.

Utilizó mi vulnerabilidad como si fuera un pa ñ o que pudiera limpiar todo el caos que él había creado. Durante cada segundo de nuestro viaje supo que las piedras no estaban ahí. En todas las oportunidades que tuvo para decírmelo, no se molestó ni una sola vez en ahorrarme el dolor.

Sí, quizá la tonta fui yo por creer que las piedras estarían todavía aquí después de tanto tiempo, pero hubiera preferido que destrozara mi esperanza con la verdad, a que me mintiera y me utilizara durante todo este viaje.

Analla va a morir y yo arriesgué mi vida una y otra vez, solo para acabar donde había empezado. Asimilarlo me produce un sentimiento horrible.

Bien podría sacar una daga y clavármela en el pecho. Quizá eso sería menos doloroso.

Con un gruñido, Thane se levanta y se sacude la arena de la ropa.

Me acerco a él, mi labio inferior tiembla, y lo miro directo a los ojos.

Quiero que se retracte, que ofrezca disculpas, que diga que lo lamenta.

Quiero que diga todo lo que siente para yo poder responderle que nunca, jamás lo perdonaré por esto.

Quiero que entienda mi dolor para que él también pueda sufrir.

—Lo siento mucho, Zaira —murmura con ojos llorosos y voz derrotada.

Al escuchar esas palabras que salen de su boca recuerdo que pronunció las mismas en Gadonia.

Mea trelanak .

Eso era lo que quería decir.

«Perdóname por mentirte».

«Perdóname por hacerte perder el tiempo».

«Perdóname por romperte el corazón antes de que te dieras cuenta».

Empujo el libro contra su pecho con tal fuerza que vuelve a gruñir. Eso no le impide tomarlo en ambos brazos. Lo abraza como si fuera más importante que cualquier otra cosa en su vida.

Quizá lo es.

Todos subimos a la barca de remos una vez que la empujamos hasta el agua. Algar se ofrece para ayudar a remar, pero está muy débil por usar tanto su magia. Thane también está agotado, después de volver a Algar a la vida y de pelear con los asesinos.

Rynthea me guiña un ojo y me pasa el segundo remo.

—Nosotras podemos encargarnos a partir de ahora.

Me obligo a sonreírle y hundo la pala en el agua.