El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 56
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Capítulo 56

—¡L evántate, Thane! —grito al tiempo que saco la daga del pecho de Maliek.

La espada de Maliek cae al suelo con estrépito y de su boca brota sangre rojo oscuro, casi negra. Creí que no reaccionaría físicamente, puesto que ya está muerto, aunque al parecer, no lo suficiente.

Maliek me lanza un puñetazo débil y me agacho justo a tiempo. Trata de agarrarme, pero falla y trastabilla hacia adelante hasta caer de bruces. Debajo de su cuerpo se forma un charco de sangre y la habitación se llena de gruñidos y espadas que entrechocan.

Volteo hacia donde está Thane; tirado de espaldas, trata de defenderse de las espadas de los asesinos con la suya.

La hoja brillante está a solo unos centímetros de su rostro, lista para cortarlo. Logra quitarse al asesino de encima y se levanta de un salto antes de que él pueda tocarlo.

Uno de los asesinos me sujeta y grito, mientras otro intenta quitarme el libro. Un estallido dorado golpea a uno de ellos. El que me tiene sujetada pierde el equilibrio y cae de espaldas, su cráneo se fractura cuando Thane hace girar su muñeca.

—¡Vete, Zaira! ¡Ve por los otros y salgan de aquí! —grita Thane conforme más asesinos lo atacan.

Thane saca sus espadas y continúa con la pelea mientras yo corro hacia el túnel con el libro bajo el brazo. Jadeo con fuerza, cruzo tropezando el vestíbulo en ruinas, saltando sobre los montones de enredaderas para llegar a la sala donde está el tesoro.

Odio dejarlo solo, pero necesito alejar el libro de las garras del gremio de la Sombra.

Cuando llego a la sala del tesoro me invade una oleada de alivio. Rynthea y Algar tienen las mochilas a reventar del tesoro y ahora tratan de meter más en sus bolsillos.

—Ey, ustedes dos —digo.

Voltean hacia mí al mismo tiempo cuando cruzo el umbral.

—Necesitamos salir de aquí —ordeno—. Ahora.

—¿Qué pasa? —pregunta Algar.

—Maliek —respondo; el nombre es suficiente para que ambos frunzan el ceño—. Él y sus asesinos acaban de atacarnos.

—Un momento… ¿Maliek? —pregunta Rynthea asombrada—. ¡Pensé que Thane lo había matado!

—Lo mató… y yo acabo de matarlo otra vez.

Algar se rasca la nuca, totalmente desconcertado.

—No entiendo. Si estaba muerto cuando Thane lo mató, ¿cómo hizo para venir aquí y atacar de nuevo? —espeta Rynthea.

—De alguna forma, un hechicero malvado le devolvió a la vida. Miren, es largo de contar, pero, para resumir, buscan a Thane por esto —explico mostrándoles el libro de Azidel.

Rynthea y Algar lo miran confundidos.

—¿Qué es eso? —pregunta Rynthea.

—Lo explicaré después; ahora, en serio tenemos que salir de aquí.

—¿Y las piedras? —agrega.

—Thane mintió. —De solo pensarlo, vuelvo a sentir una opresión en el pecho—. Hace mucho tiempo que se llevaron las piedras… y él lo sabía.

—Cabrón —espeta Rynthea.

—¿Dónde está Thane? —pregunta Algar mirando por encima de mi hombro en busca de su amigo.

—¿A quién le importa ese mentiroso? —vocifera Rynthea tomando su espada guadaña—. Nos alcanzará si logra salir vivo. Vámonos. Ahora.

Rynthea me lanza mi mochila llena mientras Algar trata de recoger unas monedas más antes de salir. Volvemos sobre nuestros pasos y corremos por los túneles oscuros. Las palabras de Thane me dan vueltas en la cabeza.

«Ese libro es poderoso. Estoy seguro de que hay un hechizo que puedo usar para romper la maldición de tu hermana».

Solo puedo esperar que sea verdad.