El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 55
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Capítulo 55

—S e supone que estás muerto —gruñe Thane sacando de inmediato una de sus espadas.

—Mírame —replica Maliek—. Estoy muerto.

La luz azul se desvanece de sus manos, lo que resalta su piel gris y pálida. Antes era descolorida, pero no tan lívida.

Unos pasos se arrastran a nuestro alrededor. Mi corazón se hunde en mi pecho cuando un puñado de asesinos nos rodean, espada en mano, con los ojos clavados en Thane.

—Déjame adivinar —dice Thane, alzando su espada hacia Maliek. Lanzo un gruñido cuando Maliek me jala hacia atrás—. Seferin us ó la magia más negra que pudo conjurar para devolverte a la vida. Dime, ¿cuántas vidas ha robado para poder restaurar tu cuerpo?

Maliek no responde, en su lugar, presiona la hoja con más fuerza contra mi garganta. Siento el escozor y reprimo un gemido. Un solo tirón de su brazo y estaré muerta.

«Igual que Koa».

Thane no quiere mostrarlo, pero estoy segura de que puedo ver el brillo en sus ojos cuando mira el cuchillo en mi garganta.

—Suéltala.

—¿Y por qué lo haría? —Maliek aprieta más el brazo alrededor de mi pecho—. Ella es tu noble, ¿verdad?

Thane levanta la espada cuando los otros asesinos se acercan.

—Es increíble hasta dónde puedes llegar por tu egoísmo, Valkor.

—La risa de Maliek es siniestra—. Casi no tuvimos problemas para atravesar la isla, porque tú y tu extraño grupito hicieron casi todo el trabajo por nosotros.

¿Y los sabuesos? Gracias por encargarse de esos también.

Solo había dos alrededor del templo cuando llegamos, y a pesar de perder a cuatro hombres, fueron fáciles de abatir, considerando lo distraídos que estaban por el caos que ustedes provocaron.

Thane tensa la mandíbula.

—Ahora —dice Maliek con voz ronca, sujetándome con más fuerza—, quiero dos cosas. La Piedra Partida y el libro de Azidel.

—No tendrás ninguna —espeta Thane.

Despacio, bajo la mano hasta la daga que tengo enfundada en la cintura. Thane se da cuenta de mi movimiento y asiente con discreción.

—¿Ya te lo dijo, hermosa mortal? —Maliek me jala hacia un lado y aparta mi mano de la daga al tiempo que me hace girar para que quede frente a él.

Sus ojos son tan fríos y azules como antes y en la frente tiene una enorme cicatriz que antes no estaba ahí.

En su cuello reptan unas venas negras que parecen patas de araña hasta su barbilla.

Sin duda parece muerto—. ¿Te dijo por qué estás en realidad en este templo?

—Sé por qué estoy aquí —digo entre dientes.

—¿Lo sabes? —Maliek esboza una sonrisa malévola, me mira y luego a Thane, con aire infantil—. Porque mientras lo cazábamos, escuchamos que estabas buscando piedras de prosperidad.

—Maliek, ¡te voy a matar! —gruñe Thane.

—¿Te dijo que ya no hay piedras de prosperidad? ¿Qué se usaron hace siglos para salvar otras vidas? Siempre lo ha sabido.

Siento un gran vacío dentro de mí.

—¿Qué? —murmullo.

Miro a Thane, las lágrimas se asoman en mis ojos.

Él mira inexpresivo a Maliek y este ríe al ver el asombro en mi rostro.

—Vaya, vamos, Valkor. Di la verdad por una vez.

Con cada segundo que Thane evita mi mirada, mi cuerpo se entumece más. No confío en Maliek, pero no puedo evitar recordar las palabras que Thane me dijo antes.

«Prométeme que no te sentirás muy decepcionada si no encuentras ninguna de esas piedras».

Esas fueras sus palabras exactas.

¿Lo supo siempre? ¿Me ha mentido todo este tiempo solo para traerme aquí por razones egoístas?

—Zaira, escúchame… —Thane extiende la mano en señal de súplica.

Esta vez aparto la mirada, mi labio inferior tiembla.

Maliek ríe ante la súplica de Thane.

—¿Te dijo que sabía esto antes de que empezara tu ridícula búsqueda?

Quiero mirar a Thane para confirmar que es verdad, pero mi cuerpo no me lo permite. Siento demasiado miedo de decepcionarme, de que mi corazón se rompa. El dolor, la furia.

Lo sabía. Todo este tiempo, él lo sabía. Su intención nunca fue ayudarme. Me utilizó.

«Tienes el corazón a flor de piel, Quinlocke, y eso solo te traerá la muerte algún día».

—Mientes —digo entre dientes, dirigiendo mi rabia a Maliek.

—Ah, créeme, yo no miento —alardea Maliek—. Logró que confiaras en él para que pudieras ayudarlo a obtener ese hermoso libro que está ahí… y caíste en sus mentiras.

Esta vez, cuando miro a Thane veo que está furioso. Sus ojos tienen ese brillo dorado y muestra los dientes. Los otros asesinos se acercan un poco más, pero él no se molesta en prestarles atención, solo mira a Maliek.

Pero yo quiero que me mire a mí. Necesito que me mire a mí.

Me las arreglo para zafarme de las manos de Maliek y uno de los asesinos se abalanza sobre mí. Maliek levanta una mano para detenerlo.

—No, no. Veamos qué hace —dice con tono divertido.

Corro hacia Thane y tomo su rostro entre mis manos. Tiene la mirada triste… no, derrotada. Nunca había visto a Thane Valkor derrotado. La garganta me arde y reprimo las lágrimas.

—¡Dime que está mintiendo, Thane! —le suplico, apretando su rostro con las manos.

Permanece callado unos segundos, lo que aumenta mi temor. Luego dice:

—Aún tenemos tiempo para averiguarlo, Zaira. Ese libro es poderoso. Estoy seguro de que hay un hechizo que puedo usar para romper la maldición de tu hermana…

Mis manos caen, no dejo de mirarlo con una pesadez en el pecho.

—¿Lo ves? —vocifera Maliek—. Te está usando, pequeña mortal. ¡Como usa a todos! ¡Miente y manipula porque es lo que mejor sabe hacer! Todo lo que necesitaba era a alguien lo suficientemente desesperado para venir aquí. ¡Te dio falsas esperanzas! ¡Escúchalo! ¡Sigue intentándolo!

Miro de la sonrisa socarrona de Maliek a la mirada indescifrable de Thane. La confusión me estremece hasta los huesos y doy otro paso atrás. Mi cerebro me dice una cosa, mi corazón me grita otra. ¿Y si no puede hacer nada?

Ni piedra, ni hechizos, nada. Analla morirá por otra razón, solo que esta vez me dolerá el doble porque confié en él.

Mi respiración se acelera y al final, resoplo con lágrimas en los ojos.

No puedo perder a mi hermana. No puedo.

Thane corre hacia mí y trata de tomarme por los hombros; sin embargo, niego con la cabeza y retrocedo.

—No —digo entre jadeos—. Por favor… no me toques.

Me mira perplejo mientras yo hago un gran esfuerzo por controlar mi respiración y luchar contra el pánico que me atenaza. Dioses, ¿cómo pude ser tan estúpida?

—Zaira, lo siento —suplica—. Te dije que lo que hay entre nosotros no debía llegar a tanto…

—Pero así fue ¡y me mentiste, Thane! ¡Llevas días mintiéndome! ¡Sacrifiqué mucho solo para llegar a esta isla! Tú tienes lo que querías, pero ahora mi hermana morirá. ¿No lo entiendes?

Niega rápido con la cabeza.

—No dejaré que eso suceda, Zaira. Tenemos el libro, puedo encontrar la manera. Todavía puedo ayudarte a salvarla.

Maliek suelta una risita a mis espaldas y tengo ganas de abofetearlo, pero estoy furiosa con el hombre que tengo frente a mí. El hombre en quien deposité toda mi fe. El hombre a quien pensé que podría cambiar.

Thane se acerca y toma mi mano en la suya.

—Aún puedes confiar en mí. Puedo ayudarte.

Lo miro fijamente unos segundos más, haciendo un esfuerzo enorme por evitar la angustia.

Luego cierro los ojos y trato de respirar normalmente.

Por lastimada y devastada que esté, no puedo permitir que esto termine aquí.

No así. Tengo que encontrar otra manera de salvar a Analla, y si no puedo, al menos tengo que volver con ella.

Todavía tengo tiempo. Puedo encontrar algo, con o sin Thane. Pero antes necesito salir de esta maldita isla.

Saco la daga que cuelga de mi cintura y avanzo frente a Thane. Paso la hoja afilada sobre la palma de mano que está sana y hago una mueca de dolor cuando avanzo hasta el pedestal y levanto la mano sobre él.

Yo soy la mortal supuestamente valiente y noble que necesitan. Está bien. Que así sea. Veamos si es cierto.

La sangre gotea con rapidez, cae sobre la portada de piel y escurre por el borde del pedestal.

Para mi sorpresa, el libro cae sobre el pedestal con un fuerte ruido sordo y el aura verde brillante desaparece. Lo levanto. Es mucho más pesado que lo que parece. Mi sangre mancha la cubierta y los bordes de algunas páginas.

—Atrápenlo —ordena Maliek—. Pero lo quiero vivo. Todavía necesitamos la Piedra Partida.

Los asesinos se abalanzan sobre Thane y lo sujetan por los brazos. Curiosamente, esta vez no se defiende. Simplemente me observa con la mirada perdida en sus ojos húmedos.

No sé qué está pensando. Me gustaría que no me importara.

Giro hacia Maliek.

—Dámelo —dice Maliek extendiendo la mano, mientras con la otra me apunta con la espada.

—Solo si hablas con Seferin —exijo sin soltar el libro.

Maliek ladea la cabeza.

—¿Sobre qué?

—Mi hermana. Dile que debe quitarle la maldición, que tiene que liberarla y no volver a molestarnos nunca más.

—¿Eso es todo? —pregunta, mirándome con desdén.

—Sí. Regresaré contigo y podrás decirle que yo te di el libro. Porque tú trabajas para él, ¿cierto? Sigues todas sus órdenes y él confía en tu información, ¿o no?

La sonrisa sarcástica de Maliek desaparece.

—Él tendrá el libro y será más poderoso aún —agrego.

—Zaira, no —suplica Thane.

Uno de los asesinos lo obliga a arrodillarse; lo empuja con tal fuerza que algo cruje y él gruñe por el dolor.

—Solo la quiero de vuelta —murmuro con voz quebrada.

—Bien. —Maliek extiende más la mano—. Le diré a Seferin que cooperaste.

Durante un momento miro a Maliek a los ojos, luego a Thane. Su cabeza cuelga, sus pestañas se extienden sobre sus pómulos.

Parece… quebrado.

—Gracias por decirme la verdad —digo en voz alta mirando a Maliek otra vez.

Corro hacia él y lo abrazo con fuerza; él se paraliza, sin saber qué hacer ante mi gesto.

Luego, ruge de agonía cuando hundo mi daga en su corazón frío y muerto.