Capítulo 54
—N ecesitaremos esto —dice Thane, quebrando uno de los dedos del cadáver.
—¿Las piedras están aquí? —pregunto cuando él da unos pasos a la derecha.
Entorna los ojos, examina el lugar y piensa.
—Ahí —murmura, abriéndose paso por el centro de la habitación.
Me quedo paralizada, apenas puedo respirar cuando él presiona con el dedo una muesca apenas visible en el piso de piedra. Al hacerlo, el suelo emite un brillo dorado; el hueso se quiebra en cientos de astillas que empiezan a levitar.
Las miro asombrada.
Thane da un salto hacia atrás cuando una pequeña sección en el suelo se abre y de ella se eleva un pedestal de marfil.
Sobre él flota un libro encuadernado en piel café, desgastado en los bordes, con runas doradas grabadas en la portada y la contraportada.
Un aura verde brillante lo rodea como un almohadón, lo que hace resaltar sus páginas envejecidas.
Thane exhala satisfecho. Nunca había visto sus ojos brillar de esa manera; igual que los de Rynthea y Algar al ver el tesoro.
—¿Es el libro de Azidel? —pregunto acercándome.
Thane levanta la cabeza para mirarme. El ámbar luminoso de sus iris parece destellar.
—Lo es.
El corazón me estalla en el pecho cuando lo observo de pies a cabeza. Sonríe bajo el pañuelo, no a mí, sino al libro.
Una oleada de emociones se empieza a formar en la boca de mi estómago. Odio que se parezca tanto al miedo. Quiero darle ese libro, pero hay muchas cosas que desconozco. ¿Y si todo sale mal? ¿Y si la razón por la que nadie ha podido obtener el libro antes es porque murieron en el intento?
Mi temor aumenta cuando saca una daga de su chaleco y la sostiene a un costado. Inhalo profundo y retrocedo un poco.
—No voy a lastimarte, Zaira. ¿Recuerdas? —Me mira a los ojos—. Nunca lo haría.
Trago saliva y asiento, contenta con la calidez de su voz.
—Okey.
Thane se baja el pañuelo para que pueda ver todo su rostro, una manera de demostrarme que no tiene malas intenciones. Es un rostro apuesto, que disfruté besar tan solo esta mañana. Me relajo.
Al fin, vuelve a ver el libro y hace girar su daga en la mano, con el asombro aún en la mirada.
—Siempre odiaré que Seferin arruinara mi vida —dice, sacudiendo la cabeza—.
He buscado muchas maneras de devolverle su mala voluntad, arruinarlo.
La Piedra Partida que nos obligó a robar contiene la magia más poderosa y más negra.
Cuando supe que pensaba usarla para derrocar el reino y matar a la reina, me pareció la oportunidad perfecta.
Todo ese alarde, su jactancia frente al gremio, la creación de los Sombríos, todas esas falsas esperanzas.
Sin la piedra, no hubiera logrado nada de eso.
Pasa los dedos sobre la navaja, como si comprobara su filo.
—Aproveché que conocía sus planes. Iba a arruinar lo único que buscaba.
Así que, una noche, tomé mis armas y maté al general.
Luego maté a los otros superiores. Y después asesiné a treinta y siete de los asesinos que había entrenado y reclutado.
Justo después, hui otra vez y me llevé la Piedra Partida conmigo.
—Thane —digo en un murmullo, el corazón me late con fuerza y se me parte por él al mismo tiempo.
Ahora entiendo por completo por qué Maliek y el gremio de la Sombra lo persiguen con tanto ahínco.
—¿Por qué no me dijiste todo esto antes? Yo… ni siquiera sé qué decirte.
—No hay mucho qué decir —responde.
—Entonces… si te está buscando, ¿por qué estabas ese día en Meriva, en el Cristal Inclinado? Mucha gente ahí es parte de los Sombríos.
—Porque fui a visitar la tumba de Koa. —Baja la daga a la altura de su muslo—. Y quería ver a Helena.
—Ah.
—También quería obtener información sobre Seferin porque quiero matarlo. Llevo ya un año escondiéndome y ya estaba cansado de hacerlo. Quería que supiera que lo buscaba. Sabía que se enteraría de mi presencia.
—Pero si te atrapa, morirás.
—No me importaba… estaba preparado para dejar este mundo, siempre y cuando pudiera llevármelo conmigo… pero luego entré a esa taberna y te conocí.
Encuentra mi mirada y el calor inunda mi pecho.
—Contigo —agrega— vi cuánto dolor ha provocado, más allá del mío. Contigo todo se aclaró. Supe exactamente qué debía hacer para poner fin a su vida despreciable. El plan fue tan repentino que no podía dejar que se me escapara de entre las manos.
El corazón se me encoge y una oleada de tristeza me inunda.
Con su comentario me hace sentir como si yo solo fuera un medio para sus fines.
Nada más. Es descorazonador. Una vez que mate a Seferin, ¿qué sigue?
Sé que no debería preguntármelo, puesto que se supone que no deberíamos involucrarnos mucho, pero ¿qué seré para él cuando todo esto haya acabado?
Mi mente vuela hasta Analla. Ella es la razón por la que estoy en este templo y no me iré hasta obtener aquello por lo que vine. No puedo permitir que mis emociones se interpongan ahora que estoy tan cerca.
Levanto la barbilla y respiro profundo. Si logro que el libro sea suyo él podrá ayudarme a conseguir las piedras de prosperidad e incluso a matar a Seferin. Ambas son victorias enormes… pero esto no hace que su confesión me duela menos.
Esto que hay entre nosotros no debe ser profundo, tengo que recordarlo.
«Pero así lo siento».
—Bueno, entonces acabemos con esto —digo, señalando el libro—. Necesitas mi sangre, ¿verdad?
Asiente.
—Solo una gota o dos serán suficientes. Esperemos que funcione.
—Okey.
Avanzo hacia él, pero me detengo cuando sus ojos brillan y sus hombros se tensan.
—¡Zaira, cuidado! —grita corriendo hacia mí.
De la nada, alguien me atrapa por detrás y me envuelve en sus brazos. El filo de una hoja fría y afilada se presiona en mi garganta. Cuando veo las manos azules que resplandecen, sé exactamente con quién estamos lidiando.
Maliek.
«Ha regresado».