Capítulo 50
L a serpiente color verde musgo se enrosca y ataca a Thane, quien se agacha a tiempo y hunde su espada en el centro de la criatura. Tres más surgen del bosque y me quedo sin aliento al ver cómo se enrollan de inmediato alrededor de los troncos de los árboles para subir hasta las copas.
Al principio puedo verlas, pero luego desaparecen, como si se fundieran en la corteza de los árboles.
—Pueden cambiar de color para camuflarse —gruñe Thane, poniéndose frente a mí con espada en mano—. Están tomando una posición más ventajosa para atacar mejor.
—Espaldas juntas —ordena Rynthea.
Los cuatro formamos un círculo dándonos la espalda y observamos alrededor. Se escucha el crujido de hojas y el chasquido de ramas. Aprieto con fuerza la empuñadura de mi daga; mi corazón se acelera. En verdad me gustaría saber protegerme mejor. Esta daga no es rival para serpientes de este tamaño.
—Rynthea, a tu izquierda —dice Thane.
Rynthea resopla al tiempo que hace girar su espada guadaña y corta a una serpiente que se lanza de un árbol con el hocico bien abierto.
—Mierda —murmura Algar detrás de mí.
—¡Zaira, agáchate! —grita Rynthea, girando.
Me tiro al suelo y ruedo justo cuando la punta de su arma perfora la cabeza de otra serpiente. Su espada guadaña entra por la barbilla del animal y Rynthea la levanta para cortarle la cabeza por la mitad.
A poca distancia, otro siseo desgaja el aire, solo que este es más profundo, más fuerte, como si proviniera de una criatura dos veces más grande que estas serpientes.
No quiero mirar, pero no puedo evitarlo.
Mientras Thane y Rynthea cercenan a otra serpiente, me doy cuenta de que algo con seis ojos amarillo brillante me observa desde un agujero oscuro en la selva.
—¿Qué-demonios-es-eso?
El rostro de Algar pierde todo el color y retrocede.
La criatura avanza sigilosa hacia nosotros.
Su pie es tan grande como el de un elefante, con garras tan afiladas como mi daga.
Su cuerpo es café turbio, salvo por el pecho escamado, que es amarillo pútrido.
Su cabeza inmensa tiene las fosas nasales de una serpiente, con hileras de dientes tres veces más grandes y afilados que los de un tiburón.
Cuando sale de la oscuridad y sisea, puedo ver la baba viscosa que gotea por las comisuras de su hocico.
«Mierda».
Es una de esas criaturas que dormía en el muro cerca de las plataformas. Sus seis ojos como rendijas delgadas parpadean mirando hacia nosotros; Algar y yo retrocedemos con las manos levantadas en señal de defensa.
Nunca había saboreado el miedo genuino. No hasta ahora. Tiene un gusto ácido, fuerte, que cubre mi lengua y se acumula tanto que podría obstruir mi garganta.
—Mmm… ¿amigos? —pregunta Algar en tono de advertencia.
La criatura clava las garras en la tierra húmeda, pasa sobre raíces gruesas y huesos al tiempo que castañea los dientes.
—Mierda. —Escucho el murmullo de Thane.
No me atrevo a mirar atrás. Supongo que todas las serpientes ya se han ido porque tanto él como Rynthea corren y pasan a nuestro lado para interponerse entre nosotros y el monstruo con sus armas en ristre y en posición de defensa.
Rynthea mira a Thane.
—Yo tomaré el flanco. Tú, el frente.
Él asiente . Pero antes que alguno de los dos pueda embestir, dos criaturas iguales a esta aparecen detrás de la primera.
—Carajo —maldice Rynthea—. Olvídalo.
—Olvida la forma. Matémoslos de una vez.
Thane sale disparado hacia la primera criatura y las otras chillan con fuerza, alzándose sobre las patas traseras y abriendo los hocicos aún más. Una se abalanza sobre Rynthea mientras la otra avanza hacia mí.
Algar me toma del brazo y nos teletransporta fuera del camino antes de que la criatura se acerque mucho.
Ahora estamos varios metros detrás de las criaturas y vemos cómo Rynthea atrapa una de las espadas de Thane cuando él se la lanza.
Ella sube a la espalda de una de las criaturas y la apuñala en la cabeza con un fuerte gruñido. La criatura se desploma en un instante.
Con un movimiento rápido, Thane se desliza bajo el vientre de otra bestia y desaparece durante una fracción de segundo, antes de volver a aparecer. Cuando sale por el otro extremo, un líquido amarillo y entrañas se desbordan debajo del monstruo antes de caer.
El último voltea para buscarnos a mí y a Algar, embistiendo en nuestra dirección otra vez con un chillido enfurecido.
Thane levanta las manos con un gruñido, la criatura gira bruscamente a la izquierda y se golpea contra el tronco de un árbol.
Se recupera del golpe, parpadea y abre más el hocico para sisear más fuerte.
De pronto, la serpiente desaparece así nada más.
—Carajo, esto es una broma —dice Algar entre dientes—. ¿Esa cosa también puede camuflarse?
Volteo a todas partes presa del pánico.
Thane examina los alrededores mientras Rynthea sujeta con fuerza su espada guadaña. Yo hago lo mismo con mi daga.
La jungla se inmoviliza cada vez más conforme esperamos.
Escucho.
Luego, lo percibo.
Un aire caliente sopla por mi espalda y el mismo miedo ácido que saboreé antes inunda mi boca. Se me pone la piel de gallina de pies a cabeza mientras el calor de su aliento se hace más intenso.
—De… detrás de mí —tartamudeo.
No me atrevo a voltear y de ninguna manera me muevo. No, hasta que el animal sisea y Algar grita mi nombre.
Antes de que la criatura pueda comerme viva, algo me levanta. Thane usa su magia para sacarme del camino y aterrizo sobre mi estómago al tiempo que la criatura se materializa en el lugar exacto donde yo estaba parada. Thane se lanza hacia adelante con las manos iluminadas de oro y sombras.
Rynthea ruge y lanza su espada guadaña, que se engancha en la mandíbula de la criatura. Luego libera su arma y retrocede, la criatura aúlla de dolor. La mandíbula está separada de la cabeza y ahora cuelga como piel suelta. Thane se sube sobre ella y le apuñala el cuello con una ráfaga dorada.
La criatura corcovea. Algar llega detrás de mí y me toma por la muñeca para ayudarme a levantarme.
—¿Todo bien? —pregunta jadeando.
—Sí —respondo.
Las manos me tiemblan cuando me sacudo la tierra de la túnica y del pantalón.
Rynthea y Thane están acabando con la criatura. Tras una cuchillada final en la cabeza que le asesta Thane, cae.
El silencio vuelve a hacerse en la selva.
Permanecemos inmóviles, conteniendo el aliento, esperando por si aparece otra cosa. Por fortuna, la jungla sigue quieta. No aparecen más criaturas… aunque eso no significa que estemos más seguros.
Camino hacia Thane y Rynthea, un poco conmocionada.
—¿Estás bien? —pregunta Thane acariciando mi barbilla con la yema de los dedos.
—Sí, estoy bien —respondo, aunque mis manos siguen temblando.
Me examina con cuidado y pone su palma sobre mi mejilla. Cuando se asegura de que estoy bien, suspira y baja las manos.
—Está bien. Vamos. No podemos perder más tiempo.
Algar saca la esfera de su bolsillo y exhala de alivio.
—A la derecha —dice.
Aunque mis piernas siguen inestables, lo sigo a él y a los otros. Tengo el presentimiento de que esas serpientes y criaturas de seis ojos solo fueron el principio de nuestros problemas.
Allá afuera, hay más. Puedo sentirlo.
Con suerte, llegaremos al templo antes de que alguien se dé cuenta de que estamos aquí.