Capítulo 48
E n la mañana, antes de la salida del sol, el barco se llena de los olores del desayuno. Beka preparó huevos fritos con camarones y champiñones, y Conred exprimió naranjas para hacer un jugo fresco.
La tripulación desayuna en el interior y nuestro grupo sube a cubierta para comer. El sol empieza a salir y el aire es más fresco que el día anterior.
Cuando terminamos, Thane y Rynthea encuentran un rincón para entrenar con sus armas.
Desde mi asiento en la banca, la niebla lanza un rocío sobre mi rostro que se pega a mis lentes.
Me deshice las trenzas para dejar que el viento acaricie mis rizos rebeldes.
Paso los dedos por mi cabello y siento algunos nudos.
Muero de ganas de usar una de las cremas capilares de Analla, lavarlo bien y trenzarlo.
Este viaje no ha sido amable con mi cabello, pero he podido mantenerlo bastante limpio.
Me levanto de la banca y camino hasta uno de los mástiles del barco. Apoyo un brazo en él para estabilizarme y admiro el mar.
A mi izquierda, veo que Algar también se levanta de la banca con Zefra en el hombro y se acerca a mí.
—¿Sabes, Zaira? —dice, mirando también el mar—. Te voy a extrañar cuando todo esto acabe.
Sus palabras me hacen sonreír.
—Sabes que yo también te voy a extrañar, Algar.
Me ofrece una media sonrisa.
—¿Extrañarás a Thane? —pregunto.
Desvía la mirada del mar hacia Thane, quien nos da la espalda mientras hace movimientos con la daga. Cuando lanza con rapidez la daga a un mástil en un centelleo dorado, Algar suspira y vuelve a mirar hacia el mar.
—Esa es una buena pregunta —hace una pausa y levanta la mano para darle a Zefra un pedazo de camarón del desayuno— siempre me preocupo por él, ¿sabes?
Crecimos juntos y durante un tiempo fuimos como hermanos.
Pero me resulta difícil relacionarme con esta nueva versión suya.
—Encoge el hombro que tiene libre y baja la mirada—.
No estoy seguro de que extrañaré a este Thane.
—Francamente, no creo que pueda cambiar quien es ahora, y no lo digo para defenderlo.
— «Ni porque me haya vuelto loca con dos increíbles orgasmos anoche …
o porque se abrió al hablarme de su hermano», pienso—.
Creo que no sabe cómo ser otro, cualquier otra cosa —agrego—.
Desde muy joven, los Divinos lo entrenaron para ser un arma.
Y no puedo ni imaginar qué formación le dieron si pas ó tiempo con el gremio de la Sombra.
—No, supongo que no puede —replica Algar con un suspiro.
—En fin, espero que tú no vuelvas a ser un estafador —bromeo.
—Ah, pero eso es lo único que conozco, bella durmiente —dice con un guiño.
—Eso no es cierto. Sabes mucho de dragones de agua. ¿Por qué no te haces naturalista marino? ¿Por qué no cumples los sueños de tu papá?
—Lo estoy considerando. —Se quita una de las trenzas de la cara—. Al principio lleva un poco de tiempo para que un naturalista marino salga adelante. Se necesita un barco, herramientas, recursos, una tripulación a la que hay que pagar. Son muchas cosas.
—Bueno, al parecer eres muy bueno para sacar algo de nada —opino—. Además, cuando hayas conseguido todo ese tesoro en Aguas Poco Profundas podrás comprar tu propio barco y pagarle a tu gente. Incluso podrías abrir tu propio gabinete de estudio.
—Quizá —calla un momento y traga saliva mientras mira sus pies—, a veces pienso en mi padre, en cómo he pasado mi vida hasta ahora, y sé que se sentiría decepcionado. Él y mi madre. —Le ofrece a Zefra otro pedazo de camarón—. Me siento tan perdido sin ellos.
—Oh, Algar. —Giro para darle un abrazo; él deja escapar una risita por encima de mi hombro mientras Zefra salta sobre su cabeza—. Si te hace sentir mejor, eres más que bienvenido para visitarme en Meriva. Ahí siempre encontrarás a una amiga a quien recurrir.
«Si sobrevivimos a esto».
Lo sujeto de los brazos y me separo para mirarlo a los ojos.
— ¿En serio quieres seguir siendo amiga de una persona como yo? — pregunta sorprendido.
—Por supuesto. Algar, todos hemos hecho cosas malas. Eso no nos hace malas personas.
Me ofrece una gran sonrisa, sus dientes atrapan un rayo de sol.
—Un corazón noble como el tuyo es una rareza en estos tiempos.
Sonrío de oreja a oreja y en ese momento me doy cuenta de que el barco ya no se mueve.
—¡Tiren anclas!
Me llevo una mano al pecho cuando la voz del capitán Solyen retumba en el aire.
—Dioses, tiene que dejar de hacer eso —me quejo.
Thane y Rynthea se acercan con sus mochilas colgadas en la espalda.
—Llegamos —anuncia Rynthea, mirándonos a Algar y a mí con expresión seria—. Última oportunidad para echarse atrás.
—Nunca —responde Algar con firmeza.
—Llegamos —repito en un murmullo.
El ritmo de mi corazón aumenta conforme tomo mi mochila que está en el suelo de la cubierta y me la cuelgo al hombro.
Observamos a Conred y a otros miembros de la tripulación que amarran cuerdas a un bote para levantarlo de la zona de carga a un costado del barco.
—Hasta aquí llegamos nosotros —anuncia Solyen acercándose, al tiempo que le da una calada a su pipa de plata—. Remen seis kilómetros y medio al Este y llegarán a Aguas Poco Profundas.
Nos examina con sus intensos ojos oscuros. Su rostro parece más cansado hoy. Es probable que no haya bebido nada todavía.
—¿Están absolutamente seguros de esto? —pregunta.
Asiento.
—Estamos seguros.
—Entonces, que Orvena los acompañe. Súbanse a ese bote —dice señalando la pequeña barca que la tripulación está preparando—. Mis chicos los bajarán.
Una vez que nos instalamos en el bote de remos, Solyen vuelve a acercarse.
—Como convenimos, esperaré aquí hasta la puesta del sol.
Pero si no llegan cuando el sol alcance el horizonte, no tendré más opción que abandonarlos.
—Arquea una ceja poblada—. No me gustaría estar en esta parte del mar cuando oscurezca.
Es peor que el Vacío. Si regresan remando y están lo suficientemente cerca, hagan sonar este cuerno.
—Toma un cuerno de cobre de uno de los miembros de su tripulación—.
Cuando lo escuchemos, sabremos que vienen en camino y volveremos a subirlos al llegar aquí.
Le da el cuerno a Algar, quien lo mete en su mochila.
—Escucha, antes de que nos vayamos, ¿podrías cuidar a Zefra? —dice Algar tomando a Zefra para ofrecérsela a Solyen.
Es claro que a ella no le gusta eso, porque se escabulle de vuelta a su hombro, fulminando a Solyen con la mirada como si fuera un enemigo.
—No, Zefra, estarás bien. Escúchame —continúa Algar tomándola de nuevo y sosteniéndola en las manos, obligándola a que lo vea a los ojos—. No puedo llevarte a esa isla conmigo, ¿entiendes? Es muy peligroso para ti. Quiero que esperes aquí, donde estás a salvo.
Zefra suelta un gorjeo. Podría jurar que es como si discutiera con él.
Algar solo le sonríe, le da un beso en la cabeza con cuidado y se la pasa a Solyen. Esta vez ella no se opone. Cae en la enorme palma de Solyen, no sin mirar a Algar con tristeza y emitir un lloriqueo.
Me invade una oleada de pena. Solo puedo imaginar qué está pensando. Es probable que no vuelva a verlo. Es probable que no vuelva a vernos a ninguno de nosotros.
—Te quiero, Zef —dice Algar con voz tranquilizadora.
Ella deja escapar un chillido suave.
—Dale de comer fruta y nueces por ahora, si tienes —dice Algar parpadeando rápido para apartar las lágrimas—. Nada de miel o de dulces, o destrozará tu barco como si fuera papel.
Solyen mira a Zefra desconcertado, como si tratara de averiguar cómo algo tan pequeño podría provocar tanto daño.
Algar asiente en dirección del capitán y Solyen grita:
—¡Bien! ¡Bájenlos, chicos!
La tripulación hace girar las manivelas y el bote se balancea a la izquierda. Despacio, nos bajan al agua. Antes de que lleguemos muy lejos, levanto la mirada para ver a Conred, quien sujeta las cuerdas gruesas con ambas manos y me mira.
«Buena suerte», articula con los labios.
«Gracias», articulo a mi vez.
Rynthea toma uno de los remos tan pronto como el bote cae al agua. Le pasa el otro a Thane, quien le ayuda a estabilizar la barca.
—Empecemos a remar.
—No es necesario.
Thane extiende su mano luminosa sobre el agua y el casco se estremece bajo la influencia de la magia que está utilizando. Navegamos hacia lo que parece tierra a lo lejos, avanzamos lo suficientemente rápido como para que una brisa suave y agradable nos acaricie.
El trayecto es inquietantemente silencioso. Ninguno de nosotros dice mucho. Es como dirigirnos a nuestra muerte… sin embargo, aún tengo esperanza.
Miro por encima de mi hombro y veo al Emellie, ahora es solo una manchita que se hace más y más pequeña conforme nos acercamos a la isla.
Aún podemos regresar. Puedo decirle a Thane que se detenga, que le dé media vuelta al bote y volvamos al barco, que este plan es una locura.
En parte anhelo hacerlo; es mi parte más débil, menos confiada, reacia al riesgo.
Pero la parte más fuerte es más ruidosa, es la que está convencida de que puedo hacerlo.
Está alerta y preparada, deseosa de arriesgar todo por su hermana.
Ya estamos a poca distancia. Los peligros y el horror no solo están en Aguas Poco Profundas, están en todas partes en Thelanor; aun así, sobrevivimos y ahora estamos aquí.
¿Qué hace que esta isla sea tan diferente?
Todo lo que tengo que hacer es conseguir una de esas piedras, salvar a Analla y regresar a mi vida de paz y comodidad. Parece muy simple… siempre y cuando me obligue a creer que cualquier cosa es posible.
Me quito los anteojos y limpio el rocío del mar con mi túnica. Me enderezo, me los vuelvo a poner y entrecierro los ojos mirando hacia algo que está en el horizonte.
Es pequeño, solo una perturbación oscura que sobresale en el mar, pero sé muy bien qué es: Aguas Poco Profundas.