El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 47 #3
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Capítulo 47 #3

—Durante años, ayudó a generales y entrenó a algunos soldados, incluidos Koa y yo.

Creíamos en él porque él creía en nosotros.

—Thane resopla y niega con la cabeza—. Nos dijo que iba a lanzar una unidad especial y reclutar a algunos de los guardias más fuertes de los Divinos.

A mí y a mi hermano nos prometió tantas cosas, nos dijo que nuestra magia sería invencible y juró que nunca nos separaría.

Eso era todo lo que a mí me importaba: nunca separarme de mi hermano.

Asiento porque lo comprendo.

—Sé muy bien cómo se siente —digo.

—Lo sé, dulzura.

Me da un beso en la frente y sonrío.

—En fin, Seferin nos hizo jurar guardar el secreto sobre su plan y nosotros pensamos que éramos parte de algo maravilloso.

Piénsalo: un poderoso hechicero quería reclutarnos y hacernos casi tan fuertes como él.

Era como un sueño, demasiado bueno para ser verdad.

Y ya sabes lo que dicen sobre lo que es demasiado bueno para ser verdad…

—Mira el mar oscuro y niega con la cabeza—.

Yo solo quería lo mejor para mí y para Koa.

Habíamos sufrido mucho, así que nos lo merecíamos.

» Salimos de Meriva y nos internamos en los bosques cerca de Ruvain, donde nadie pudiera oírnos ni vernos —continúa—.

Entrenamos mucho y durante mucho tiempo; no teníamos más opción que mejorar.

—Su mentón se tensa y baja la mirada a la cubierta—.

Después, una noche, Seferin dijo que necesitaba que recuperáramos algo de las bóvedas reales en el Palacio de Cristal.

Ni Koa ni yo jamás tuvimos permiso de patrullar en el interior del Palacio de Cristal.

Debí darme cuenta de que eso era una señal de que algo no estaba bien.

Sin embargo, Seferin nos dio la orden así que no lo pensamos dos veces.

Fuimos a la bóveda y tomamos el Cristal de la Piedra Partida.

Las alarmas se dispararon de inmediato y los guardias vinieron por nosotros.

Tratamos de explicar que obedecíamos órdenes de Seferin, pero no nos escucharon.

Solo atacaron y yo no tuve más remedio que defenderme.

Algo muy parecido a la vergüenza se apodera de él.

—Los asesiné —dice en voz baja y dolida—. En el fondo supe que Seferin sabía que esto iba a pasar, porque nos ayudó a escapar de Meriva con el Cristal de la Piedra Partida con una condición…

—Que se unieran al gremio de la Sombra —agrego para terminar su frase.

Asiente. Esa confirmación me parte el corazón, por él y por Koa, por la traición.

—Pero, no entiendo, ¿por qué arruinaría su relación con la reina y los Divinos? —pregunto.

—Porque nunca tuvo buenas intenciones para el reino y, en particular, para nosotros, Zaira —responde entre dientes—.

Desde el principio supo que éramos unos tontos desesperados, animados por sueños y ambición, y utilizó eso al máximo para sus propios planes.

Lo único que le interesaba era el poder.

Quería derrocar a la reina y gobernar Meriva; lo sigue queriendo.

Hace una pausa, preparándose para seguir su relato.

—Sabía que tenía que salir y alejar a Koa de sus garras.

Pensé que podríamos empezar una nueva vida en Yellek o en Junsho, en un lugar donde recibieran a refugiados.

Llegamos muy cerca de Yellek, pero de alguna manera, el gremio nos encontró.

Nos atraparon y nos regresaron al campamento.

Y para darme una lección por haber huido, le cortaron la garganta a mi hermano frente a mí.

Me llevo la mano a la boca para ahogar un grito.

—No —murmullo.

Las lágrimas me queman los ojos.

—Sí. Como dije en la cueva de Frevella, por mi culpa está muerto —la voz de Thane se hace más ronca conforme continúa—. Si no hubiera intentado huir con él, si tan solo me hubiera quedado a lidiar con las consecuencias, probablemente aún estaría vivo.

—Dioses. Ahora entiendo. Por eso quieres a Seferin muerto.

Aprieta un puño.

—Esa es precisamente la razón por la que lo quiero muerto.

—Thane, lamento tanto lo que sucedió. —Aprieto su mano; cuánto quisiera aliviar o eliminar el dolor que sé que atenaza su corazón—. Nadie merece pasar por eso.

Asiente, pero no se molesta en decir nada. Al menos, no sobre Seferin o Koa.

—Regresemos al camarote. —Quita su brazo de mis hombros—. Necesitas dormir un poco.

Con el corazón encogido, asiento y nos dirigimos a la puerta.

Una vez adentro, Thane me ayuda a subir a mi litera e incluso me tapa con la cobija hasta los hombros; luego se acuesta en su jergón.

Quiero que se acueste conmigo, pero las camas no son muy grandes y no estoy segura de que él quiera que Algar y Rynthea nos vean durmiendo juntos como una pareja de enamorados.

La pasamos bien, pero debo recordar que seguimos en una misión importante que acabará muy pronto. Cada quien tomará su camino y quizá no vuelva a verlo.

Pensar en ello me entristece más de lo que puedo admitir, ya que en verdad extrañaré a Thane. Me pregunto si él me extrañará a mí.

Me giro en la cama y fijo la mirada en la parte inferior de la litera. Sin importar cómo me sienta, depende por completo de Orvena si vivimos o no para ver otro día.

Solo puedo rezar para que la diosa nos cuide.