El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 47
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Capítulo 47

L as campanas del techo empiezan a sonar y me siento en la cama.

Por un momento soy presa del pánico al pensar que otra vez nos atacan.

Pero el camarote está en silencio y a oscuras, salvo por la tenue luz que emana de un cirio en la cocineta.

Los crujidos y gemidos que escuché antes de quedarme dormida han desaparecido.

Las campanas siguen repicando, pero el sonido es ligero comparado con el que se escuchó con el dragón de agua.

Exhalo y veo a mi grupo con los ojos entrecerrados.

Rynthea y Algar están dormidos.

No necesito ver con claridad para darme cuenta de que Thane no está en su jergón.

Me pongo los lentes, bajo las piernas de la cama, camino a la puerta que da a cubierta y la abro con el mayor cuidado posible.

Atenta, busco señales de peligro y por fortuna no encuentro ninguna.

El mar está en calma con un rugido suave y sordo que podría escuchar toda la noche.

Del cielo cuelga una luna creciente como un faro, rodeada de una infinidad de estrellas centelleantes.

Salgo con cuidado mirando a la izquierda, hacia el camarote del capitán Solyen.

—Ya pasamos el Vacío —dice una voz grave.

Casi me da un infarto por la sorpresa.

Thane está sentado cerca de la borda, en una banca de cara a la luna; no veo por ningún lado el pañuelo, las espadas y la capucha, pero tiene una daga en la mano.

De pronto, la lanza hacia el mástil más cercan o.

Se clava en la madera, justo en el centro, en el blanco.

Con un movimiento de su muñeca y una ráfaga dorada, la daga se libera y vuelve a la mano extendida de Thane.

—¿Qué haces aquí afuera, Thane? —pregunto, cruzando los brazos al sentir un escalofrío.

—No podía dormir. —Me mira de arriba abajo, sus ojos resplandecen. Llevo puesta solo una túnica café claro que me llega a medio muslo y ropa interior—. ¿Crees que es prudente andar así en un barco lleno de hombres?

—Todos están dormidos. —Camino hasta la banca para sentarme a su lado—. Lo que tú deberías estar haciendo.

—¿Cómo puedo dormir si tú estás tan desvestida? —pregunta mirando mis piernas.

Ignoro su comentario y paso la mirada por la cubierta. No veo a nadie de la tripulación.

—Estoy contigo, así que estoy a salvo, ¿no?

—Siempre estás a salvo conmigo, Zaira.

Sonrío.

Cruzamos el Vacío y salimos ilesos, eso es bueno. La única prueba de que pasamos por ahí son unas cuantas rasgaduras en las velas.

—De cualquier forma, no duermo mucho. —La voz de Thane desvía mi atención de un insecto muerto.

—Ya veo.

Guarda la daga y suspira.

—Cuando estaba con los Divinos nos entrenaban para soportar la falta de sueño, para que estuviéramos siempre listos para proteger al reino sin importar la hora.

Me puedo recuperar con tres o cuatro horas por noche, si es necesario, pero me inculcaron no dormir.

—Se encoge de hombros—. Es verdad que los viejos hábitos nunca mueren.

—Oh.

Me rodeo más fuerte con los brazos. Quiero hacerle más preguntas sobre el tiempo que estuvo con los Divinos, pero sin presionarlo. Al fin se está abriendo con todos nosotros, pero tiene que ser a su propio ritmo.

El rugido del mar y el silbar del viento ocupan el silencio.

—Quiero estar preparado para lo que tenemos que hacer para conseguir el libro…

si llegamos hasta él —dice Thane—. Tenemos que encontrar la sala donde se encuentra.

Lo más probable es que esté escondido, así que tengo que averiguar cómo encontrarlo.

Cuando lo haya hecho, solo necesitaré una o dos gotas de tu sangre y el volumen será mío.

Asiento.

—¿Estás preocupado? —pregunto—. ¿Por Aguas Poco Profundas?

Baja la cabeza.

—Mentiría si lo negara.

—Sí. —Me muerdo el labio inferior—. Yo tengo miedo por todos, ¿sabes? Quiero que todos obtengamos lo que necesitamos y sobrevivamos a ese maldito lugar. —Rasco el borde de la banca—. Pero es una ilusión, ¿verdad?

—Sí, una gran ilusión —responde con una media sonrisa.

Reprimo una sonrisa.

—Sé que a veces puedo ser un poco ingenua. Analla siempre lo dice.

—No sé. Después de pasar este tiempo contigo, empiezo a pensar que no es ingenuidad —replica—.

Solo eres optimista. Esa cualidad es difícil de encontrar en Thelanor.

—Mueve la cabeza de izquierda a derecha hasta que su cuello truena—.

Atacaron tu hogar cuando eras niña. Perdiste a tus padres por eso.

Creciste en un orfanato. Tu hermana tiene encima una maldición… y aún conservas esa enorme esperanza.

Bajo la mirada a mis pies. La manera en la que resume mi vida hace que parezca bastante deprimente.

—Sin esperanza, la vida en Thelanor no tiene sentido, Thane.

No permito que esos momentos trágicos me definan.

Me gusta poder controlar la narrativa de quién soy.

Quiero decir que, si lo piensas, mis emociones son lo único sobre lo que verdaderamente tengo control.

Me niego a desperdiciarlo en estar enojada por mi pasado.

Nos miramos a los ojos; hay comprensión en las arrugas de las comisuras de los suyos.

De pronto, atrapa mi barbilla entre su pulgar e índice para mantener mi mirada en la suya.

—No es solo la esperanza lo que me atrae, Zaira —murmura—.

También es la bondad que hay en ti. ¿Cómo puedes seguir teniendo tan buen corazón y buenas intenciones después de lo que has vivido?

¿Cómo puedes estar tan dispuesta a arriesgar tu vida por algo que quizá ni esté ahí, solo para salvar a alguien?

—Supongo que es parte de mi optimismo —respondo—. Me digo que, si tengo la suficiente esperanza, o incluso si le rezo a Orvena, lo que necesito se hará realidad de alguna manera.

Me mira escéptico.

—Pero eso debe venir acompañado de cierta decepción.

Me encojo de hombros.

—A veces.

Aparta sus dedos cálidos y de inmediato extraño su contacto.

—En fin. —Levanto las manos en el aire para aligerar el ambiente—. Si no salimos todos vivos mañana, quiero darte las gracias ahora.

Baja la mirada.

—No es necesario que me agradezcas, Quinlocke.

—En serio. —Tomo su rostro entre mis manos. Su barba incipiente se siente áspera bajo mis dedos, sus cicatrices destacan entre las sombras y la luz de la luna. Paso la yema de mi pulgar sobre sus labios y é l suspira, rendido.

—No tenías que venir hasta aquí conmigo. No tenías obligación de protegerme. Pero lo hiciste, Thane. Estaré en deuda contigo el resto de mi vida, si sobrevivo a esto.

—Lo que te pedí es suficiente.

—Sí, pero el dinero es material. No representa mis sentimientos.

Te deberé mucho más que eso, sobre todo si salvamos a Analla.

Quizá no lo creas, pero me parece que tienes un buen corazón debajo de todas esas armas, esa ropa oscura y tu mal humor.

Una mala persona no se hubiera arriesgado tanto solo para ayudar a otra a llegar a una isla mortal. —Sonrío de oreja a oreja, igual que él.

—Ahí te equivocas —responde—. En mí ya no queda nada bueno. No hay ninguna luz. Llevo años ahogado en la oscuridad. Pero gracias por creer que es posible que un asesino pueda tener un buen corazón, supongo.

—Sé que es posible.

Su boca está a centímetros de la mía. Mi aliento se acelera cuando él coloca su mano en mi nuca.

—Solo prométeme algo —murmura sobre mis labios.

—¿Qué?

—Prométeme que no te sentirás muy decepcionada si no encuentras ninguna de esas piedras.

—Lo intentaré.

Es una mentira. Me sentiré devastada. Pero no dejaré de tener esperanza.

Me aferro a su túnica con una mano mientras la punta de su nariz roza la mía. Luego, después de quitarme los lentes y guardarlos en el bolsillo de mi camisón, me acerca para que nuestros labios se toquen, al principio con suavidad, después, con una pasión que me consume por completo.

Gimo, emocionada por poder saborearlo otra vez. Entrelaza sus dedos en mi cabello al tiempo que su lengua cálida abre mis labios. Suspiro cuando me besa con más fuerza, con un deseo tan ardiente que parece que vamos a encendernos.

Me recargo en el respaldo de la banca y él se coloca a horcajadas sobre mí para besarme el cuello, la clavícula, el pecho.

Este beso es todo lo que deseaba desde que nos interrumpió el dragón.

Baja las caderas entre mis muslos, frotando su erección hacia arriba y hacia abajo en un movimiento lento, tortuoso, contra mis calzones delgados.

—Necesito estar otra vez dentro de ti —dice jadeando.

—Sí, por favor.

Lanzo un gritito cuando me levanta en brazos y me lleva por la cubierta hasta el baño más cercano. La puerta rechina cuando la abre. El espacio es estrecho y pequeño, pero Thane se las arregla para que ambos entremos y cierra la puerta detrás de nosotros.

Me sienta en el lavabo y vuelve a devorarme conforme levanta la tela de mi túnica para quitármela por la cabeza, mientras me baja los calzones con su magia.

Me sujeta por la nuca, lo atraigo hacia mí y presiono mis labios en los suyos.

Emite un ronquido gutural y su verdadera mano se desliza al interior de mi muslo.

Esa misma mano sube un poco más y roza mi sexo.

Lleva su boca a mi nuca y con la yema de un dedo acaricia mi centro de placer hasta que un estremecimiento de placer me recorre la espalda.

—Carajo —gruñe entre dientes—. Siempre estás tan mojada, dulzura.

Me mete un dedo, luego otro. Me retuerzo sobre el lavabo y de mi boca se escapa un gemido de deseo. No aguanto más la provocación. Lo necesito, tanto como él me necesita a mí.

Bajo las manos a sus pantalones y los desamarro, pero su mano invisible me detiene y me presiona contra la pared. Los ojos de Thane destellan y algo caliente me envuelve las muñecas para sostener mis manos a los costados.

Intento liberarme pero no puedo moverme.

—Thane…

Se hinca en una rodilla y abre más mis mulsos.

—Quiero que te quedes sentada —murmura acercando la cara a mi sexo—. No te muevas. Solo siéntate aquí y déjame saborearte.

«Por todos los dioses». Me va a hacer gritar con esas palabras provocadoras.