El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 46
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Capítulo 46

C onred tenía razón. Beka es un panadero maravilloso y también un chef excelente.

Nos sentamos en las mesas con la tripulación del barco y comemos el pescado que queda con verduras asadas a medida que el Emellie se desliza por las aguas. Desde que apareció el dragón de agua no ha habido otro incidente. Por fortuna.

Ya es de noche y pasamos por el Vacío. El capitán Solyen nos pidió que permaneciéramos en el interior y estuviéramos callados.

No puedo imaginar qué más hay ahí afuera. ¿Y si las zerenias empiezan a cantar? ¿O si aparecen cangrejos gigantes? O lo que es peor, ¿si esta vez se trata de un dragón de agua macho?

Quiero apartar esos pensamientos, pero es difícil, considerando lo fuerte que aúlla el viento. Escucho crujidos y gemidos débiles, pero no estoy segura de si los sonidos provienen del barco o de las criaturas que están afuera.

Después de cenar, Rynthea y yo nos acostamos en los camastros que sobran mientras Algar y Thane reciben unos jergones con cobijas limpias para que los instalen junto a nuestras camas.

—Deberían dormir un poco —murmura Conred cuando llega a nuestro lado—. El capitán Solyen dice que solo faltan unas horas para llegar al lugar donde ustedes bajarán. Recuerden no hablar en voz alta.

—Así será, Conred —susurro—. Que duermas bien.

—Tú también, Zaira.

Se aleja y sube a su litera.

Los cuatro miembros de la tripulación ocupan las literas superiores. Ya casi todos están dormidos, con la barriga llena y la mente nublada por la cerveza.

— ¿Sabes qué? —murmura Algar desde el piso.

Me asomo por el borde del colchón para verlo. Está acostado sobre la espalda, con las manos en la nuca.

—¿Qué? —murmuro en respuesta.

—Debí ser naturalista de los mares, cumplir el sueño de mi padre —su voz baja hasta un balbuceo—. Antes lo odiaba porque no dejaba de hablar de eso y pasaba mucho tiempo en el mar, lejos de nosotros, pero ahora entiendo por qué. Las criaturas son emocionantes.

—En su lugar, te convertiste en un estafador con trucos de seductor —Rynthea ríe bajito—. Apuesto que tu padre está muy orgulloso.

—Está muerto. —Los ojos de Algar caen en Zefra, quien duerme sobre su pecho y ronronea acurrucada en su cola—. Él y mi madre murieron en un incendio. Yo estaba ahí cuando sucedió.

Me siento al mismo tiempo que Rynthea, mi rostro se ensombrece por el pesar. Incluso Thane le dirige a Algar una mirada curiosa antes de volver a fijar la vista en el techo.

—Lo lamento, Algar —murmuro.

—Fue hace años —balbucea sin darle importancia—. Pero hoy me acordé mucho de él.

—No quise ofenderte —interviene Rynthea sin alzar la voz.

—Está bien, Ryn. No pasa nada. —Su voz, aunque cargada de humor, sigue siendo triste.

—Shhh —dice alguien al otro extremo del camarote.

Se hace un largo silencio en el que solo se escuchan los leves ronquidos de la tripulación, el suave tintinear de las campanas colgadas del techo y los gruñidos y crujidos extraños del barco.

Rynthea se desliza hasta el extremo de la cama y baja la mano para despeinar un poco a Algar.

—No me sorprende que seas tan bromista. Bromeas para ocultar tus sentimientos.

Algar ríe entre dientes.

—No, la verdad es que toda mi vida he sido divertido. Si no me río en los malos tiempos, pierdo mi chispa, ¿sabes?

—Entiendo a la perfección cómo te sientes cuando se trata de tus padres —digo en apenas un suspiro—. Yo perdí a los míos durante los ataques de Ruvain.

—Y ustedes saben qué pasó con mis padres —agrega Rynthea, agachando un poco la cabeza.

—Entonces, ¿todos tuvimos una infancia de mierda? —dice Thane suspirando.

—Eso parece. Pero así es la vida en Thelanor, ¿o no? —responde Algar.

Nos acercamos mucho para que nuestra voz se mezcle con los suaves ronquidos de la tripulación.

—Hay muchos peligros —añade Algar—. No hay lugar seguro. Por eso hacemos lo que debemos para sobrevivir. Empecé a robar y a engañar a la gente para comer. Con el tiempo empecé a hacerlo en Junsho y en Ruvain.

—Y tu trasero aterrizó en la cárcel —interviene Thane.

Rynthea y yo reímos bajito.

—Traté de ganarme la vida de manera honesta, pero fue difícil. —Algar se pasa la mano por la frente—. Una vida honrada no da tanto como una deshonesta.

Sentadas en silencio durante un momento, asimilamos sus palabras.

—Bueno —dice Thane suspirando—, nada puede ser peor que tu propio padre te venda por un puñado de monedas.

Rynthea y Algar miran a Thane, sorprendidos por su súbita confesión. Con la mandíbula tensa, él mira las campanas que tintinean en el techo.

—¿Eso fue lo que te pasó? —murmulla Algar irguiéndose sobre los codos—. ¿Por eso nunca volví a verte hasta tantos años después?

Thane asiente. Volver a escucharlo en voz alta no es menos doloroso que cuando me lo contó la primera vez.

—¿Te vendió a los Divinos? —insiste Algar.

—Me vendió a una suerte de comerciante, quien a su vez me vendió por el doble a los Divinos.

Thane se rasca sobre la camisa donde está su tatuaje. Ese tatuaje que ahora lo señala como exiliado.

Rynthea lo señala.

—Entonces, por eso eres un auténtico imbécil. Un hechicero con complejos con su papi.

Me sorprende ver que la boca de Thane se tuerce en un intento por contener la risa.

—Escuchen, ¿podemos todos hacer una promesa? —pregunto mirando a cada uno—. ¿Podemos prometer que cuando lleguemos a Aguas Poco Profundas nos cuidaremos mutuamente, pase lo que pase? ¿ Que sin importar lo que enfrentemos, haremos todo lo que sea posible para asegurarnos de que todos salgamos vivos?

Rynthea me ofrece una sonrisa cálida.

—No puedo garantizar que salgamos vivos, pero yo te cuidaré, Zaira. Eso te lo prometo.

—Yo también —interviene Algar apretando mi mano—. Les cubriré las espaldas.

—Igual —murmura Rynthea.

Volteamos a ver a Thane, pero él mira fijamente la pared al otro extremo del camarote.

—¿Thane? —lo llamo en voz baja.

Se sienta, llevándose las piernas al pecho y descansando los brazos sobre las rodillas.

—Los he cuidado hasta ahora. ¿Por qué dejaría de hacerlo en Aguas Poco Profundas?

Sonrío al sentir que se me quita un peso de encima.

Es agradable no tener que discutir.

Estamos todos de acuerdo, dispuestos a protegernos unos a otros… como lo haría una familia.

Mientras observo a Thane, Rynthea murmura:

—Más te vale. Odio admitirlo, pero tú eres el más hábil de todos nosotros. Y lo dice alguien que se ha entrenado para el combate durante toda su vida.

—¡Guau! ¿Un halago de una minotauro hostil? —dice Thane con una sonrisa de satisfacción.

—No abuses, hechicero. —Rynthea se mete bajo las cobijas otra vez—. Voy a descansar. Quiero estar preparada para lo que sea que nos depare ese lugar.

—Sí —agrega Algar con un bostezo, al tiempo que se acuesta—. Yo también.

Vuelvo a subir a mi litera y Thane se recuesta en su jergón. Por un momento veo cómo su pecho sube y baja con su respiración. Me cuesta trabajo no hacerle más preguntas sobre su infancia.

Alguna vez tuvo un hermano.

Se entrenó con los Divinos.

Tiene el tatuaje del gremio de la Sombra en la espalda.

Ahora está aquí.

¿Qué más hay en la historia de Thane Valkor?

Con suerte viviré lo suficiente para averiguarlo. Con suerte, todos lo haremos, porque mañana llegaremos a Aguas Poco Profundas.