Capítulo 40 #2
Me inclino para tomar su cara entre mis manos y besarlo de nuevo, beber su gemido sin dejar de remover las caderas. En este momento, su erección es increíble.
Cuando siento que ya lo he excitado lo suficiente, bajo hasta quedar entre sus piernas y me acuclillo. Me mira cuando lamo mi palma y luego envuelvo en ella su erección.
—Zaira.
Aunque su voz suena a advertencia, su rostro es suave y vulnerable, como si no quisiera nada más en el mundo.
—Shhh.
Acaricio su pene a todo lo largo y deja escapar un profundo suspiro echando la cabeza hacia atrás. Se endurece aún más en mi palma; un gemido carnal surge de su pecho.
Baja la cabeza con los labios entreabiertos y sus ojos vuelven a encontrar los míos, una expresión hambrienta se apodera de él.
—Carajo —masculla.
No puedo evitar sonreír, me está cediendo el control. Luego me inclino hacia adelante y lo envuelvo con mi boca.
—Carajo, Zaira.
Lo miro sin apartar mi boca, succionando sin dejar de hacer girar mi mano. Su boca forma una enorme «O», sus ojos se nublan de lujuria. Cuando vuelvo a bajar la mirada, pone una mano sobre mi cabeza. Me jala el cabello, forzándome a mirarlo de nuevo.
—No apartes la mirada —jadea—. Necesito verte.
Mantengo la mirada en él y gimo conforme lo tomo más profundamente en mi boca.
—Mierda —dice entre dientes con su miembro palpitando entre mis labios—. Si sigues haciendo eso, voy a…
Antes de que me dé cuenta, siento el calor de su mano invisible que me hace girar sobre la espalda.
—Todavía no —murmura con una sonrisa torcida—. Es tu turno.
Se inclina para besarme con voracidad, frotándose con fuerza contra mí, excitándonos antes de alejarse sin aliento de mi boca.
—¿Estás segura? —pregunta descansando su frente contra la mía.
—Sí.
Nunca he estado tan segura.
Con esa confirmación, levanta mis caderas para que queden en ángulo, luego se acomoda y, con cuidado, me penetra. Mi grito ahogado llena el aire, seguido por su gemido gutural. Me aferro a él con más fuerza, mis uñas perforan su piel cuando se hunde más.
De inmediato me doy cuenta de que Thane no es el tipo de hombre que se apresura. Se toma su tiempo, me acaricia despacio, desliza las manos hacia arriba y sus dedos entrelazan los míos; sus ojos destellan y se fijan en mi mirada con cada penetración.
Deja escapar un gruñido y deja caer su rostro en la curva de mi cuello.
Gimo porque hacer el amor con él es mucho mejor de lo que había imaginado.
No quiero que esta noche con él termine. Quiero que se quede dentro de mí, que esto siga, que me reclame una y otra vez si me da tanto placer.
Se aferra a mis caderas con la otra mano y en ese momento siento que algo roza mis zonas más sensibles. Sorprendida, jadeo. Levanta la cabeza y en su rostro se dibuja una sonrisa débil. Ese tacto suave me vuelve a encender. Aprieto su mano y lo miro a los ojos.
Su mano invisible no es la que lo hace. Es algo completamente distinto. Parece estar conectado a él. Lo utiliza para acariciarme sin tregua, provocándome oleadas de placer.
—¿Qué es eso?
Mis palabras apenas son audibles porque jadeo con fuerza, rápido, al borde del orgasmo.
Me estremezco de placer cuando vuelve a pasar.
—Magia —responde con voz ronca.
Suelta mis manos y pone sus puños a cada lado de mi cabeza. Sus movimientos no cesan. Tampoco la sensación. Es como si alguien me masajeara al mismo tiempo que él me penetra. Pero por alguna suerte de hechizo, es solo él y me enloquece.
Me empuja con vigor, las venas de sus músculos se hinchan. Respira con fuerza, como si le costara mucho trabajo controlarse. Quizá es así. Para mí también.
Con cada roce, cada toque, cada caricia, siento como si me elevara más y más, como si pudiera tocar la luna, las estrellas y cualquier otra cosa que esté entre nosotros y el Reino de Cristal. Me ahogo en la felicidad y el placer puros, y nada fuera de nosotros importa.
—Vente para mí, Zaira.
«Dioses».
Su voz.
Me afecta. La manera en la que me mira me afecta. Él no se detiene, ni siquiera cuando aprieto su antebrazo con fuerza y echo la cabeza hacia atrás para gritar.
—Por todas las sombras.
Mis caderas se adaptan a su ritmo al tiempo que me siento desfallecer. Él gime con un profundo placer.
—Qué hermoso es al fin sentir cómo te vienes alrededor de mí.
Poco a poco desaparecen las caricias mágicas.
Conforme lo hacen, Thane se recuesta sobre mí hasta que su pecho queda sobre el mío.
Luego, lleva sus labios a los míos. Este beso es tierno, apasionado y dulce, mientras me acaricia despacio.
No puedo entender cómo una persona tan peligrosa puede también ser tan cariñosa, tan cuidadosa y gratificante.
Me abrazo a él. Suspira, encantado de sentirme. Luego aparta su boca y alza las caderas. Con un siseo agudo que se le escapa entre los dientes, se sale de mí.
—Ah, carajo. —Se masturba rápido hasta eyacular sobre mi pelvis—. Demonios, dulzura.
Cuando termina, suspira. Ya extraño sentirlo.
Coloca las manos a ambos lados de mi cabeza, inclina su rostro sobre el mío y nos miramos a los ojos. Pasa un breve momento de silencio entre nosotros mientras recuperamos el aliento.
—Me vuelves loco, mortal —murmura en tono juguetón.
Suspiro feliz y sus labios se deslizan sobre los míos.
Me besa una vez, dos. Ambos son tan dulces.
Quiero que me tome otra vez.
Observa mi rostro, lo examina como siempre hace. Es como si fuera un libro que leyera constantemente, como si esperara averiguar el giro inesperado de la trama antes de llegar a la última página. Pero no hay giros. Puede ver todo de mí. No hay nada que ocultar.
Si tan solo él fuera igual.
Frunce el ceño y abre la boca como si fuera a decir algo, pero la cierra con la misma velocidad. Antes de que pueda parpadear, se levanta de la cama y se dirige al baño. Regresa con una toalla delgada en la mano. Me siento y la usa para limpiarme.
Cuando acaba, me vuelvo a poner el camisón y me acuesto mirando el techo. Thane también lo hace, dejando escapar un profundo suspiro.
Lo miro. Él ya me observa. Su rostro está mucho más relajado que antes, pero parece que todavía tiene ganas de decir algo. De revelar algo. En lugar de fastidiarlo sobre lo que podría tener en mente y arruinar el momento, lo abrazo y pongo la cabeza en su pecho.
Todo su cuerpo se tensa.
Es evidente que esto es nuevo para él, pero no me importa.
En este momento me parece necesario. Quiero tenerlo cerca.
Aspiro su aroma en ese abrazo. Despacio, su cuerpo cede a mi gesto y me rodea con el brazo.
Es cálido y reconfortante… o quizá he estado tan sola últimamente que estoy dispuesta a aceptar cualquier tipo de cariño.
Suspiro, mucho más contenta de lo que debería.
En verdad, no puedo evitarlo. Es extraño, pero me siento segura en sus brazos.
Segura… con un maldito forajido asesino de la Sombra.
Podría decir que mis sentimientos son culpa de una suerte de hechizos misteriosos que él me puso, pero me mentiría a mí misma.
Lo que siento por él es real, lo ha sido desde hace días. Ya no puedo negarlo.
Cuando me empiezo a quedar dormida, creo que lo escucho decir: mea trelanak.
No sé mucho telasiano; sin embargo, estudié las bases y recuerdo bien esas palabras: «lo siento».