Capítulo 40
E sta vez permito que el gemido me domine, más aún cuando me obliga a retroceder hasta que mi espalda presiona la pared.
Besa con pasión mi cuello y yo rodeo el suyo con los brazos. Cuando empieza a levantarme, persuadiéndome con la lengua para que abra la boca un poco más, escuchamos un sonido seco en el lugar.
Contengo el aliento y bajo la pierna. Thane se paraliza y mira hacia el lugar de donde provino el sonido. Sus esferas desaparecen.
Escucho pasos por el suelo de mármol que vienen del pasillo.
—¿Quién está ahí? —pregunta alguien.
Thane toma mi mano y de inmediato siento un calor que me cubre la piel cuando un guardia gira en la esquina y entra a la galería.
Me aprieta la mano con fuerza y permite que el hechizo de opacidad haga su efecto mientras el guardia se adentra en el salón, buscando en la zona con el ceño fruncido y una mano en la empuñadura de su espada.
Su coraza iridiscente brilla bajo la luz como perlas bajo el sol.
Mi corazón se acelera cuando el guardia mira más allá de donde estamos. Si da un paso más, chocará con nosotros. El hechizo de opacidad de Thane puede ocultarnos de su vista, pero no evita el contacto.
Thane levanta la mano izquierda y hace un movimiento rápido con la muñeca. Una de las pinturas al otro lado de la sala se cae de la pared y se estrella en el suelo. Me alegra que no sea la obra de Devell.
—¡Por todas las sombras!
El guardia da media vuelta y cruza la sala a toda velocidad para examinar la pintura que se cayó. Cuando lo hace, Thane me jala de la mano y salimos disparados hacia la salida.
Nuestras pisadas resuenan sobre el piso y el guardia grita con tanta fuerza que hace eco en todo el lugar:
—¿Qué demonios?
No dejamos de correr hasta que llegamos al final del sendero que lleva al centro de la ciudad.
Nos detenemos entre dos construcciones y Thane explora el área con la mirada mientras yo me recargo en la pared para recuperar el aliento.
Un momento de silencio surge entre nosotros cuando nos miramos.
Luego, la sonrisa más ancha que jamás le haya visto se dibuja en su rostro antes de soltar una fuerte carcajada.
Yo también estallo en risas, a pesar del ardor en mis pulmones.
—Dioses —mascullo—. ¿Viste la cara del guardia?
—Creo que le dimos el peor susto de su vida.
Thane no para de reír. Nunca lo había escuchado reír así, siempre es un gruñido o una risa sombría. Pero esta risa es resplandeciente, más clara, incluso contagiosa. Este es un nuevo aspecto suyo que disfruto mucho.
Recargo la cabeza contra el muro fresco.
—No debería divertirme tanto en un viaje mortal.
Thane se encoge de hombros.
—Más vale reír en el trayecto.
Trago saliva para aclararme la garganta, ya respiro un poco mejor.
—¿Puedo ser honesta contigo?
Asiente.
—Por supuesto.
—Es solo que… me preocupa no regresar por Analla. ¿Y si el capitán no llega mañana o el día siguiente?
—Robaremos un barco —responde.
Hago un gesto y cruzo los brazos.
—Está bien. Compraremos un barco —se corrige.
Dejo escapar un suspiro.
—Navegar en un barco rápido será interesante. Nunca he estado en uno antes.
—Yo tampoco.
Me separo de la pared y me limpio la frente.
—En fin, quizá deberíamos regresar a la posada antes de que el guardia venga a buscarnos.
Thane hace un gesto en dirección a la posada de Irina y me cede el paso.
El baño en nuestra habitación es perfecto. Siento que puedo nadar en la enorme tina con patas.
Los distintos jabones aromáticos y el agua caliente que sale directo del pozo de calefacción son un placer.
No solo eso, las toallas son suaves y hermosas.
Me envuelvo en una antes de ponerme el camisón que tomé del armario en Bernwood.
Gadonia está mucho más adelantado que cualquier otro reino cuando se trata de inventos y comodidades.
Cuando salgo a la habitación que ni Thane ni yo queremos compartir, me llama la atención que solo hay una cama. Trato de no reaccionar cuando me siento en el borde del colchón para desenredarme el cabello y luego trenzarlo en secciones.
Mientras lo hago, miro hacia el sofá que está en un rincón de la habitación, donde Thane está preparando su cama.
—Tengo curiosidad… —digo después de varios minutos.
—Mmm… —Thane me mira.
—¿Por qué no insististe más con las habitaciones? Sin duda podrías haberle dicho a Algar que compartiera contigo y eso lo habría resuelto. Sabes que bromeaba sobre lo que dijo de Zefra, ¿verdad?
—Sí, lo sé.
Mi corazón da un vuelco.
—Entonces, ¿querías estar aquí conmigo?
—Me comprometí a protegerte —murmura—. No puedo hacerlo si estoy en otra habitación.
—En Bernwood estabas en otra habitación —le recuerdo.
Saca una cobija del armario.
Puse un hechizo en la cerradura de tu puerta.
—¿Hiciste qué?
—Mientras dormías —agrega, mientras extiende la cobija sobre el sofá—. Nadie podía acercarse ni entrar, pero tú podías salir cuando quisieras. Aunque si hubieras salido, lo habría sentido.
—Thane —digo con un suspiro, incrédula.
Quizá, después de todo, Kelrean sí trató de ir a mi recámara, pero no pudo acercarse … por culpa de Thane. Hasta donde sé, Kelrean supuso que yo quería que pusieran el hechizo para que no me molestaran. Debería sentirme frustrada por lo que hizo Thane, pero en lugar de ello, se enciende algo en mí.
Thane empieza a quitarse las botas.
Dudo antes de hablar.
—No tienes que dormir ahí.
—Pensé que querías espacio.
—Esta cama es enorme. Siempre y cuando no lances golpes mientras duermes, no me importa compartir.
—Quizá tengo la costumbre de lanzar un codazo o dos cuando estoy dormido.
Hago una pausa y lo miro.
—No sé si estás bromeando…
Sonríe.
—Estoy bromeando.
Me río. En verdad me gusta este aspecto de Thane.
La habitación queda en silencio.
Cuando termino mi última trenza, me seco las manos y me ajusto el camisón, que al parecer marca mis curvas.
—Bueno, no dudes en subirte.
Pongo mis anteojos en el buró y aparto la colcha color crema de la cama.
Thane observa cada movimiento, con los ojos ardientes sin apenas moverse.
Me acuesto y me acomodo sobre el costado derecho. Al principio, la habitación está en silencio y quieta. Thane apenas se mueve y yo prácticamente no respiro. Mi pulso se acelera en espera de saber si aceptará mi invitación.
En ese momento escucho movimiento: ropa que cae al piso en susurros suaves.
La cama se hunde bajo mi espalda y una ráfaga de aire pasa bajo la cobija cuando Thane entra a la cama.
No me toca, pero me doy cuenta de que los bulbos cargados de magia se atenúan poco a poco.
Cuando miro sobre el hombro, una de sus manos está en el aire para controlarlos.
Solo deja una luz encendida al otro lado de la habitación, para que no quedemos en la oscuridad.
—Eres audaz, Quinlocke. —Su voz parece más fuerte en la negrura.
—¿Lo soy?
—Te consideraba una mujer reservada. Digo, aparte de que te la pasas hablando y haces preguntas muy molestas.
Reprimo una sonrisa.
Siento que se acerca. Su piel irradia su calidez en la mía. Huele a humo y a pino, a sombras y a sal.
—¿Por qué me quieres en esta cama?
Doy un grito ahogado cuando siento su boca en mi oreja. Su aliento caliente baja por la curva de mi cuello.
—A diferencia de ti, yo sí soy considerada. Eres demasiado grande para ese sofá.
Deja escapar una risa ronca.
—Mentiras.
Se acerca aún más y siento su erección contra mi espalda. Aprieto la almohada debajo de mi cabeza en un esfuerzo por contener mi emoción.
—Me preguntaste por qué no puse más resistencia por tener mi propia habitación, pero me di cuenta de que tú tampoco lo hiciste. ¿Y sabes qué me dice eso?
No contesto, no puedo hacerlo. Su boca recorre ahora la pendiente de mi hombro y provoca un estremecimiento delicioso entre mis muslos. Reprimo un gemido y cierro los ojos, víctima de esa simple sensación.
—¿Debo explicarlo? —pregunta deslizando una mano sobre mi cadera hasta encontrar el faldón de mi camisón para subirlo.
—Explica. —Respiro hondo cuando pone la mano sobre mi sexo.
—Me dice que quieres más.
—Eso no puedes saberlo.
La mano que tiene sobre mi sexo se desliza bajo mis calzones y tomo aire. Su dedo roza entre mis labios delicados.
—Lo sé. —Su risa es sombría, deliciosa—. Quizá pienses que puedes resistirte a mí, pero tu cuerpo te traicionará siempre.
«Dioses».
—¿Y qué hay de ti? —pregunto sin aliento—. ¿Tú qué quieres?
—Ser el único hombre que pueda hacerte esto durante el tiempo que estemos juntos. ¿Me darás eso?
Chupa mi cuello formando círculos alrededor de mi centro de placer con el dedo. Asiento, invadida por el placer, para responder su pregunta.
—¿Qué más quieres? —pregunto.
—Ver cómo te vienes otra vez. Solo que ahora quiero verlo mientras estoy en lo más profundo de ti.
—¿Es prudente ir tan profundo? —pregunto con un gemido entrecortado.
Ahora me doy cuenta de que estoy moviendo las caderas para frotarme contra su mano, desesperada por tener más.
—No hablaba en el sentido físico.
—¿Emocional?
—Exacto.
—Bueno, por eso no tienes que preocuparte —le aseguro—. Es imposible que me enamore de un asesino.
No puedo evitar sonreír.
Saca la mano y me hace girar sobre mi espalda en un parpadeo.
—Voy a confiar en tu palabra —murmura buscando mi rostro—. ¿Puedo?
Me quita el camisón y luego, con cuidado, empieza a quitarme la ropa interior.
—Qué amable en preguntar.
Levanto las caderas y me quita los calzones. Cuando su boca reclama la mía, empiezo a quitarle la ropa y me muevo de debajo de su cuerpo para poder ponerme sobre él. Rodeo su cuello con los brazos; al montarlo, lo tomo por total sorpresa.
Me mira fijamente con los ojos brillantes.
Una de sus manos sube hasta mi pecho y lo oprime, jugando con el pezón, mientras la otra me sujeta por la cintura.
Me mezo sobre él, su respiración es entrecortada y recorre mi cuerpo con la mirada.
Por una vez parece indefenso, desesperado, como si prefiriera morir que estar en cualquier otro lugar.