Capítulo 38
L as calles cercanas a esta posada son más tranquilas. Veo a Enver que está a unos cuantos pasos y bajo del porche para reunirme con él.
—Zaira —exclama sonriendo.
—Hola, Enver. Gracias por organizar el hospedaje para nosotros. Esperaba que no tuviéramos que quedarnos hasta mañana.
—Bueno, es mejor tener un lugar donde descansar. No se puede saber cuánto tiempo tardará en regresar el capitán Solyen.
—Espero que sea pronto. En fin, ¿cuánto tiempo crees que nos lleve llegar a Aguas Poco Profundas desde aquí?
—Como dos días de viaje en un barco regular, pero como el capitán Solyen tiene un barco rápido, es probable que lleguen en cuestión de horas.
—Okey. —Con horas sí puedo lidiar—. Eso es bueno.
Sonrío y miro hacia el mar, como si el capitán fuera a regresar en cualquier momento.
—Escucha… odio molestarte con esto, pero estoy muy preocupado por ti. ¿Por qué viajas a Aguas Poco Profundas con ese grupo de personas tan raras?
Lanzo un suspiro.
—Porque Analla está maldita.
—¿Maldita? —Frunce el ceño bajo la luz de la lámpara—. ¿Cómo?
—Tuvo problemas con un hechicero Sombrío cerca de Meriva.
—Ah.
El rostro de Enver está marcado por la preocupación. Después de todo, él también es amigo de Analla.
—Para no hacer el cuento largo, ningún hechicero decente con dos dedos de frente está dispuesto a enfrentarse a ese hechicero malvado, así que encontré otra manera de deshacer la maldición… pero tengo que ir al Templo de Elfar.
—Ah —exclama Enver, como si de pronto todo tuviera sentido—. Exactamente ¿ qué es lo que necesitas de ahí?
—En el templo hay piedras de prosperidad. Solo necesito una.
—Ya veo. —Frunce el ceño y mira el adoquín bajo nuestros pies—. Parece un poco arriesgado, ¿no crees, Z?
—Es arriesgado. De hecho, nuestra vida corre peligro.
Pero es la única manera que se me ocurre para salvarla.
Por eso Thane, Rynthea y Algar están conmigo.
Bueno, empezamos solo Thane y yo. Le pagué para que fuera mi guía y protector, para que me ayudara a cruzar Thelanor y llegar a Aguas Poco Profundas en una sola pieza…
—Espera un minuto. —Enver levanta una mano para interrumpirme—. ¿Tú le pagaste para que te protegiera?
—Pues sí. —Me encojo de hombros—. Estaba dispuesta a pagarle a cualquiera que aceptara protegerme en este viaje. Hasta ahora ha hecho un gran trabajo. Hemos enfrentado situaciones de locura y, de milagro sigo viva. No creerías ni la mitad.
—Entonces, ¿antes de la maldición de Analla no lo conocías de nada?
Vacilo.
—No…
—Viajas con un desconocido. —Debería ser una pregunta, pero no lo es, es una afirmación contundente.
Enver ya no sonríe—. Mira, no quería decirte esto frente a él, Z, pero hay algo que me hace desconfiar.
Y ahora que sé que le pagaste y que él aceptó un viaje tan peligroso hace que me parezca más sospechoso, no te voy a mentir.
—Thane da esa impresión, sí —digo, sacudiendo la cabeza para cambiar el tema.
—¿Te refieres a su aspecto de asesino a sangre fría? —replica Enver.
Reprimo una sonrisa. «Si supieras».
—Escucha, puedo ayudarte a encontrar otra manera de salvar a Analla. Conozco a muchos hechiceros que podrían ayudarte. —Enver suspira—. Es solo que no creo que sea prudente viajar a un lugar tan peligroso con un hombre al que acabas de conocer.
—Ya llegamos muy lejos, Enver, y estamos muy cerca como para detenernos ahora.
Pensamos encontrar un bote e irnos mañana, llegue o no llegue Solyen.
¿Conoces a alguien que pueda ayudarnos tan pronto?
¿Alguien que esté dispuesto a arriesgar su vida para enfrentar a uno de los hechiceros más poderosos de Meriva?
¿Que usa magia negra, debo añadir, para manejar sus asuntos?
—Yo… —Enver traga saliva y mira el mar en el horizonte—. No, no conozco a nadie.
Entre nosotros se hace un silencio incómodo.
—¿Te gusta? —pregunta después de unos segundos.
—¿Qué? —espeto.
Me mira con atención, en espera de una respuesta.
—Es… es complicado.
—Sospecho que sí —dice, negando con la cabeza—. Quiero decir, el hombre no tiene dos, sino tres espadas, y no creas que nuestros guardias no advirtieron las innumerables dagas cuando revisaron sus bolsos. No parece ser el tipo de persona con la que normalmente te relacionas.
—Solo está aquí para que podamos llegar a Aguas Poco Profundas. Una vez que me haya ayudado a obtener lo que necesito, nuestros caminos se separarán. Es tan sencillo como eso.
Siento que es mentira ahora que lo digo en voz alta. De hecho, al admitirlo me duele un poco el corazón.
Enver deja escapar una risita.
—Lo siento, pero no puedo creer que una persona como él arriesgue voluntariamente su vida por dinero, solo para llevarte al lugar más peligroso de Thelanor. O tiene deseos suicidas o saca algo más de todo esto.
Bajo la cabeza y me estrujo las manos.
—Mira, Z. —Enver toma mi mano y le da un apretón.
Cuando vuelvo a verlo a los ojos, coloca la otra mano encima para que la mía quede entre ambas—.
Solo quiero lo mejor para ti —hace una pausa para elegir con cuidado las siguientes palabras—, quiero decir, si nunca me hubiera ido de Meriva quizá nada de esto hubiera pasado.
—¿Qué quieres decir?
Siento la necesidad de apartar mis manos.
—Pudieron haber pasado muchas cosas entre nosotros. Odio haber tenido que dejarte.
—A mí también me dolió que te fueras. Perdí a un muy buen amigo —agrego, haciendo énfasis en la última palabra—. Pero parece que aquí te has forjado una buena reputación. Perteneces al Concejo de Gadonia. Estoy segura de que no fue fácil.
—Sí. —Suelta mi mano y su sonrisa desaparece—. Solo… prométeme algo, Zaira.
—¿Qué?
—Prométeme que vas a reconsiderar ir a esa isla.
Miro sus ojos castaños y vuelvo a negar con la cabeza.
—No puedo prometerte eso, Enver.
—Imaginé que dirías eso. —Vuelve el silencio incómodo—. Solo que es un poco difícil de aceptar —dice, riendo un poco—. Es como aceptar el aviso de tu muerte.
—Enver, prométeme que no harás nada que nos detenga.
— ¿Como qué?
—Como hacer preguntas a otros reinos sobre mi grupo, en particular, sobre Thane. No quiero que nadie de mi equipo se distraiga o sea arrestado. Siempre y cuando tú mantengas la paz, ellos también lo harán.
Su mirada es severa.
—Nunca te haría eso.
—Prométemelo.
Yergue la cabeza.
—Lo prometo, Zaira. Todos ustedes están a salvo aquí.
Asiento.
—Está bien. Gracias.
Sopla una brisa suave que me invita a quedarme afuera un poco más y se me escapa un suspiro.
—Entiendo por qué te quedaste aquí.
—¿Sí? —Mete las manos en los bolsillos—. Es un lugar hermoso, ¿verdad? Casi me recuerda a la Costa de las Brasas, solo que con más luz.
—Sí, yo tengo la misma sensación. Lo único que falta son las perlas.
—Miro sobre su hombro hacia las aguas relucientes a la distancia, iluminadas por la luz de la luna—.
Lo extraño todos los días. La vida era mucho más sencilla ahí.
No me malinterpretes, Meriva es agradable y agradezco que nos hayan dado refugio ahí, pero nada podrá nunca reemplazar nuestro hogar.
Asiente comprensivo; se acerca un poco más a mí y yo retrocedo un paso.
—Bueno, debería entrar y descansar un poco. Cuando sepas algo del capitán Solyen, ¿podrías avi…?
No tengo oportunidad de terminar la frase. Enver se inclina hasta besar mis labios.
Asombrada, me alejo conteniendo el aliento.
—Enver. —Las mejillas me arden cuando retrocedo unos pasos—. ¿Por qué hiciste eso?
—Yo… Zaira, perdón —tartamudea—. Es que… hace tanto tiempo que no te veía y todos esos viejos sentimientos surgieron de nuevo. Siempre he sentido algo por ti. Nunca pensé que te volvería a ver y… bueno…
Me callo durante unos segundos, insegura de qué responder.
—Me… me voy —murmuro—. Tengo que descansar.
—Sí. —Asiente con rapidez captando la indirecta y se aparta—. Sí, por supuesto. Yo… te informaré cuando sepa algo del capitán Solyen.
—Gracias. —Lo miro con recelo una vez más antes de voltear un poco—. Buenas noches, Enver.
—Buenas noches.
Le doy la espalda antes de que pueda decir algo más y me apresuro a subir al porche. Pongo la mano en el picaporte y echo un vistazo por encima de mi hombro; lo veo alejarse cabizbajo, con los hombros hundidos.
No le di la impresión equivocada, ¿o sí?
No, estoy muy segura de que no lo hice. Me besó sin mi permiso. Estoy segura de que sus intenciones eran buenas, sin embargo… Es solo un amigo. Siempre ha sido un amigo y nada más. Supongo que Gadonia lo ha vuelto más audaz.
—Ahora veo lo que es para ti.
Sorprendida, contengo el aliento cuando escucho otra voz profunda que viene de ninguna parte. De las sombras al otro extremo del porche, sale Thane con el ceño adusto.