El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 35
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Capítulo 35

—M e temo que no iré a las costas con ustedes, amigos.

Kelrean está sentado frente a una hoguera, con una cobija sobre los hombros.

Al grupo le está tomando mucho más tiempo sanar de lo que esperábamos. El sol se está poniendo, hundido a medias en el horizonte. Verlo aumenta mi ansiedad. Si no nos ponemos pronto en marcha perderemos la luz del día.

Estamos todos sentados alrededor de la hoguera. Thane está mejor, pero sigue un poco adolorido, y el brazo de Rynthea se ha recuperado por completo gracias a los elíxires curativos.

No obstante, Kelrean necesita más tiempo antes de poder ir a cualquier parte, incluso regresar a casa. Al parecer, la herida en las costillas y la transformación lo afectó mucho.

—Deberías descansar, amigo. Parece que lo necesitas. —Los ojos de Thane atrapan las flamas cuando centra su atención en Kelrean.

—Algún día aprenderás a apreciarme, hechicero taciturno. —Kelrean le ofrece una sonrisa engreída y luego mira a Rynthea—. ¿En serio no piensas continuar el viaje?

—No sin mi espada guadaña —responde. Luego sonríe—. A menos que me prestes tu hacha.

—¡De ninguna maldita manera! —grita Kelrean, luego hace una mueca de dolor y se toca las costillas.

—Ni siquiera la necesitas ahora —replica.

—¡Eso no importa! Mandé a hacer esa hacha con alvanita y el mejor acero de Thelanor. Yo soy el único que tiene el honor y el privilegio de blandirla. Si te la presto, también la utilizarás en mi contra.

Rynthea ríe y luego muerde una manzana.

La reina Xiaodera y el rey Jehon se acercan, tres elementalistas los flanquean.

Abro mucho los ojos por la sorpresa al ver la espada guadaña de Rynthea en la enorme mano tatuada de Jehon.

—Rynthea… —Le doy unas palmaditas en el brazo.

Ella levanta la mirada de la hoguera. Luego deja escapar un gritito que suena tan inocente como el de un niño que encuentra un juguete perdido.

—Mi espada guadaña —dice asombrada; se pone de pie y rodea la hoguera con pasos firmes—. ¿Dónde la encontraron?

Sus ojos brillan cuando Jehon se la ofrece.

—En la ribera al fondo de la cascada, la encontraron unos miembros de la tribu mientras pescaban —responde.

Rynthea examina la hoja y pasa los dedos por la empuñadura.

—Casi ni un rasguño. —Mira a la reina—. Gracias.

—Nos pueden agradecer marchándose de Immalon —dice Jehon con voz más brusca.

Todos nos levantamos y vamos al lado de Rynthea.

—Lo que mi esposo quiere decir —interviene Xiaodera, dirigiendo una mirada de reprobación a Jehon—, es que lo mejor para todos ustedes es partir mientras haya luz. Si tienen planes de llegar a Aguas Poco Profundas necesitarán llegar antes a Gadonia, ¿cierto?

—Así es —responde Rynthea.

—Desde uno de nuestros pasajes de salida se llega directo a Gadonia.

En general no sería seguro viajar de noche, porque las criaturas de Xaimur acechan, pero este pasaje no los llevará por ningún bosque o peligro inminente.

Es relativamente seguro viajar por él y así comerciamos con Gadonia.

Sin embargo, son siete horas a pie, sin incluir los descansos.

A caballo les podría tomar cuatro o cinco.

—¿Nos pueden prestar caballos? —pregunta Thane.

Xiaodera mira a Thane.

—¿Estás seguro de que no los pondrás en peligro con las cargas que llevas?

Thane se esfuerza por no hacer una mueca.

—Yo no lastimo animales.

—Bueno, lo del monstruo del pantano —interviene Algar, alzando un dedo—, t écnicamente, los monstruos son como animales , solo que un poco más salvajes y…

—Algar, cállate —dicen Thane y Rynthea al unísono.

Reprimo una carcajada y Xiaodera nos observa un poco divertida.

—Es un milagro que hayan sobrevivido a ustedes mismos.

—Ni me lo diga —mascullo.

—Muy bien. Nos encargaremos de que tengan caballos para llegar a Gadonia —promete Xiaodera—. Cuando lleguen, les pido que les den nuestros caballos a los dueños de los establos de Gadonia. Ellos los cuidarán hasta que vayamos a recogerlos.

—¿Su tribu tiene buenas relaciones con Gadonia? —pregunto.

—Son nuestros aliados más cercanos. Así como nosotros tenemos cosas que proteger, ellos también.

Asiento.

—Bueno, muchas gracias, reina Xiaodera.

Siento la necesidad de hacer una genuflexión. Cuando me enderezo, ella parece complacida por el gesto así que sigo el juego.

—Lamebotas —murmura Algar a mi oído.

Lo tomo desprevenido y le doy un codazo en las costillas. Zefra emite su gorjeo de maobi y Algar gruñe.

—Cuando el príncipe sane lo acompañaremos a Bernwood de forma segura.

Xiaodera se acerca a Kelrean, quien bebe vino en una copa grande. Se la arrebata de las manos y tira el resto del contenido al fuego, provocando un ruidoso chisporroteo.

—¡Oh, vamos! —exclama Kelrean—. ¡Me lo estaba bebiendo!

—Así nunca sanarás —lo regaña Xiaodera.

—Créame, el vino cura todo.

Kelrean le ofrece una enorme sonrisa que no la cautiva en lo absoluto.

—Seguiré con ustedes —dice Rynthea, mirándonos a Algar, a Thane y a mí.

—¿En serio? —exclamo con un gritito.

No tiene idea de lo feliz que me hace escucharla.

—Odio pensar en qué otros peligros nos esperan —admite, acariciando la empuñadura de su arma con el pulgar—, pero he recuperado mi espada guadaña y estamos muy cerca. Torjack lo necesita. Tú lo necesitas, Zaira. Continuaremos.

Me siento conmovida y quiero abrazarla, pero sé bien que no debo ponerme sentimental con ella mientras estamos rodeados de una tribu tan fuerte. Al parecer, Rynthea solo muestra su lado sensible en privado, con gente que respeta o en la que confía. Me siento honrada de ser una de esas personas.

—Regresa a Bernwood a visitarme, ¿de acuerdo? —Kelrean me da un abrazo, apoyo mi cabeza en su pecho y le devuelvo el abrazo.

—Por supuesto —respondo—. Me divertí mucho ahí.

Cuando levanto la mirada, toma mi barbilla entre sus dedos y me sonríe.

—Mi mortal favorita. Viaja con cuidado.

—Gracias.

Sonrío, le doy un último abrazo y volteo hacia los caballos.

—Está tan desesperado —masculla Thane cuando me ofrece la mano para ayudarme a montar nuestro caballo.

La reina Xiaodera nos prestó dos caballos, cada uno equipado con una silla doble. Rynthea y Algar comparten uno, aunque Rynthea no se siente muy cómoda a lomos de un caballo.

—Ya te lo dije antes, Thane —digo suspirando—. Los celos no te sientan bien.

—¡Cuídala, amigo! —le grita Kelrean a Thane conforme nuestra montura se aleja, siguiendo a varios elementalistas.

Miro por encima de mi hombro justo a tiempo para ver a Thane despedirse del príncipe levantando el dedo medio.

Sacudo la cabeza y pongo los ojos en blanco; luego me despido de Kelrean de manera más amistosa, agitando la mano.

El pasaje de salida está ubicado justo al otro lado de un bosquecillo de bambús. Después de pasar un claro, aparece un ancho camino de piedra de alvanita brillante. Apenas tiene alguna grieta. Está tan liso que casi parece nuevo.

—¡Buen viaje! —exclama Jehon a nuestras espaldas.

Miro hacia la tribu y me despido agitando la mano.

La reina Xiaodera devuelve el gesto, pero no se me escapa la manera en la que sonríe y agita la cabeza angustiada antes de irse.

Me doy cuenta de que duda que sobrevivamos. Francamente, yo también tengo dudas, pero estamos ya muy implicados. Es demasiado tarde para dar vuelta atrás.