Capítulo 34 #2
—Thane, sé que piensas que no deberíamos profundizar mucho, pero puedes hablar conmigo.
—Tomo su mano y me aferro a ella para llamar su atención otra vez—.
Creo que es ridículo que hayas elegido est e oficio y creo que yo soy ridícula por emprender este viaje…
y contratarte para que me acompañes… ambos somos un poco ridículos.
Pero, por ridículo que sea todo esto, te lo digo sinceramente: puedes hablar conmigo.
Soy muy buena escuchando y jamás le contaría a nadie tus secretos.
Me mira un momento más antes de bajar la vista a nuestras manos. Acaricia mis nudillos con el pulgar.
—No quiero que pongas demasiada fe en mí, Zaira.
—¿Por qué? ¿No quieres que me preocupe por tu bienestar porque matas para ganarte la vida?
—Por eso precisamente.
—Bueno. —Suspiro—. Creo que ya es muy tarde para eso.
—¿Por qué?
—Para mí es difícil no preocuparme por una persona con quien he viajado durante días y me ha salvado la vida en muchas ocasiones. Creo que tú también empiezas a preocuparte por mi bienestar. Por eso insistes en alejarme todo el tiempo.
—Es mi deber mantenerte a salvo —dice—. Y mantengo distancia porque así será más fácil separarnos cuando esta aventura haya terminado. No habrá nada a qué aferrarse. Créeme.
No puedo negarlo. Aunque decidiera que quiero quedarme con Thane y él estuviera dispuesto a cambiar su vida, aun así mi cabeza seguiría teniendo un precio. ¿Qué futuro tendríamos?
Sin embargo, durante una fracción de segundo, mientras su pulgar acaricia el dorso de mi mano y nuestras miradas se encuentran, puedo imaginar ese futuro.
Sin pañuelo, sin capucha, sin espadas. Solo un hombre que vive una vida normal. Sin embargo, me pregunto…
— ¿Es buen momento para que me cuentes más de tu hermano? — pregunto, mirando la tinta en su brazo.
—Hay tanto que decir.
—Por favor, Thane —le suplico—. Solo quiero entenderte. Eso es todo.
El nudo en su garganta sube y baja; cierra los ojos, inspira profundamente y luego exhala. Permanece callado unos segundos.
—No lo conocí de toda la vida, pero me enteré de que mi padre se estuvo acostando con una mujer varios años después de que yo naciera y la dejó embarazada.
Supe esto porque un día lo vi hablando con ella en la ciudad.
Ella iba con un niño que parecía tener pocos años menos que yo.
Me acerqué para escuchar su conversación; ella le pedía dinero a mi padre.
Al parecer, él no quería tener nada qué ver con Koa y estaba dispuesto a pagarle para que lo dejara tranquilo.
Asiento para que sepa que lo estoy escuchando.
—Mi padre me vendió a los Divinos cuando yo tenía apenas diez años. Trabajaba en los terrenos del palacio.
—¿Diez años? —Contengo el aliento y abro mucho los ojos—. Te vendió como si fueras un objeto, ¡por todas las sombras!
—Sí. Bueno, mi padre nació con magia y yo la heredé; sin embargo, no era más que un borracho y un imbécil que no supo aprovechar sus bendiciones.
Nunca hubiera sido un hechicero con ninguna habilidad especial.
Pero no importa. Me alegra que me haya vendido, porque cuando estuve con los Divinos tuve un poco más de libertad.
Siempre sentí curiosidad por el niño que vi con esa mujer, así que los busqué.
Fui con mi uniforme de los Divinos, me presenté y al instante me gustaron Koa y su madre.
—Las comisuras de su boca suben un poco, es casi una sonrisa.
i ncluso esta media sonrisa hace que su rostro sea más bello…
y él no tiene idea. Solo puedo imaginar cómo se vería con una más ancha—.
Yo también les caí bien. Koa era divertido, inteligente y podía ser un poco travieso… igual que yo.
No puedo evitar sonreír. Nuestras manos siguen tocándose. Creo que ni siquiera se da cuenta.
—En fin, nos volvimos muy cercanos y también con Helena, su madre.
Apenas unos meses después, Helena ya era para mí como mi madre.
Koa me admiraba mucho y Helena lo sabía.
Ella me apreciaba, me dijo que le alegraba que Koa tuviera a alguien con quien pudiera relacionarse.
Nunca quise que tomara mi ejemplo, pero lo hizo, así que cuando cumplió dieciséis decidió que también quería unirse a los Divinos.
—Ah, ¿y entró? —pregunto.
Asiente.
—Algo me decía que no dejara que Koa entrara, pero él estaba tan emocionado.
Y la verdad es que yo me sentía seguro con los Divinos.
Me alimentaban en las mañanas y en las noches.
Me entrenaron para ser el mejor de los mejores en todo Meriva.
Era uno de los soldados de la reina y estaba orgulloso de serlo.
En parte pensaba que no estaría mal que se uniera, si era eso lo que en verdad creía.
Helena sabía que no podía evitar que Koa persiguiera sus sueños y no se interpuso.
Él siguió su entrenamiento y al final prestó juramento.
—De pronto crispa el rostro y tensa la mandíbula.
Su mano aprieta la mía—. Solo unos meses después conocimos a Seferin.
Aparta su mano.
—Thane —murmuro.
—No… —Sacude la cabeza y traga saliva—. No quiero hablar de eso ahora. No, mientras esté así, en esta cama, vulnerable. Mierda.
—¿Qué tiene de malo ser vulnerable? No te estoy juzgando.
Mira por la ventana con la mandíbula tensa. En sus ojos se arremolina la rabia y unos destellos dorados brillan en sus iris. Eso me indica que la conversación sobre su hermano ha terminado por ahora.
El dolor crece en mi pecho, pero le doy su espacio.
Me alejo para ocuparme en cerrar el frasco y recoger las toallas.
Hay tanto más que necesito saber. El tatuaje en su espalda es un claro indicio de que estuvo en el gremio de la Sombra.
Pero ¿cómo? ¿Cómo pasó de ser un orgulloso guardia de los Divinos a esto?
¿A ser este asesino que desea venganza y no tiene nada más qué perder?
Me queda claro que Seferin es la razón por la que Koa murió. Thane se culpa a sí mismo porque influyó en Koa para que se uniera a los Divinos… pero lo que no tiene sentido es la relación de ambos hermanos con Seferin. ¿Cómo dos guardias de los Divinos se enredaron con un hechicero Sombrío?
—Te traeré un poco de agua —murmullo dirigiéndome a la puerta.
—Zaira —me llama.
Me detengo en el umbral.
—Gracias —dice.
Doy media vuelta.
—¿Por qué?
—Si no me hubieras arrojado esa liana no hubiera podido aferrarme a nada —dice—.
No podía hacer mucho con mi magia mientras el río me arrastraba.
En ese momento, solo podía concentrarme en mantenerme a flote y no ahogarme.
Esa enredadera me dio otra opción. Lo mismo pasó con el monstruo del pantano.
Estaba centrado en mi manera de matarlo, pero tu consejo nos salvó.
Así que… si hacemos cuentas, me has salvado la vida dos veces.
No todos los días un mortal le salva la vida a un hechicero —admite—. Deberías sentirte orgullosa.
Sonrío, en verdad me siento orgullosa.
—Y todo este tiempo pensaste que era una pequeña mortal inútil.
—Pensé muchas cosas de ti cuando te conocí. —Examina mi rostro como si tratara de memorizarlo—. Resulta que me equivocaba sobre muchas cosas.
Nuestras miradas vuelven a encontrarse y la electricidad entre nosotros es palpable. Por una fracción de segundo, solo somos él y yo.
Sin huir, sin pelear, sin peligro. Solo dos corazones únicos, palpitantes, en una habitación.
Me quedo junto a la puerta.
—Espero escuchar más sobre Koa —le digo, en lugar de concentrarme en cómo me siento en este momento.
Aprieta los labios y lo piensa.
—Claro, dulzura. Después.
—Está bien.
El apodo me hace sonrojar. Trato de no darle importancia y fingir que sus palabras no me conmueven hasta derretirme o que mi corazón no late con fuerza por la emoción, pero no puedo evitar que en mi rostro se dibuje una sonrisa.
Siento algo por él… algo que nunca hubiera esperado.