El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 33 #3
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Capítulo 33 #3

—Pronto prepararemos el almuerzo —anuncia—.

Son bienvenidos para quedarse y comer con nosotros, o pueden reunirse con sus amigos en la enfermería.

Cuando estén listos para irse, mi gente les mostrará el camino para salir.

Pero debo advertirte —Apoya las palmas sobre la mesa y acerca tanto su rostro al mío que puedo ver las ligeras pecas que salpican sus pómulos—: no deben decirle a nadie, salvo al Concejo de Gadonia, que se recuperaron en Immalon.

Y créeme, si lo hacen, lo sabremos e iremos tras ustedes.

—Estudia mi expresión—. Ustedes no son los únicos en este mundo a los que persiguen.

—Entonces, ¿la historia es cierta? —pregunto.

Entorna los ojos, solo un poco.

—¿Qué sabes de la historia?

—Que su tribu se apartó del resto de la sociedad porque otros supusieron que eran creaciones de Xaimur. Decían que los elementalistas incendiaban reinos y provocaban inundaciones en otros. Algunos de sus terremotos destruyeron muchas de las costas y murieron miles de personas.

Reprime una sonrisa.

—Para empezar, aquí solo alabamos a Orvena.

Ella es nuestra creadora y nos brinda sus bendiciones.

Y es cierto que nuestros ancestros provocaban incendios, inundaciones y terremotos, pero eso lo hicieron solo para protegernos de convertirnos en esclavos de aquellos que se consideraban superiores a nosotros, quienes deseaban usar su magia contra nosotros.

Atacaron a nuestros ancestros, violaron a nuestra gente y mataron a muchos niños.

Se negaron a inclinarse ante nuestros enemigos, así que contraatacaron.

—Su mirada se endurece mientras la hunde más en la mía—.

Ahora, Immalon está protegida y nadie puede entrar, a menos que les concedamos ese honor. Deberían estar muy agradecidos.

—Sí —murmuro—. Eso es muy sensato. Y yo estoy… agradecida.

—Todas las historias necesitan un villano, Zaira. El resto del mundo puede creer lo que quiera, pero ¿tú crees que nosotros somos los villanos en esta?

—No.

La verdad es que no. Sé lo que se siente ser atacado, lanzado a un rincón con la espalda contra la pared.

Si tuviera el poder de un elementalista o incluso de un hechicero, hubiera hecho lo mismo para protegerme, a mí y al pueblo al que amaba en la Costa de las Brasas.

Quizá mis padres aún estarían vivos y nuestra tierra aún estaría ahí.

—Sabia respuesta. —La reina retrocede y entrelaza el brazo con su pareja—. Vayan a ver a sus amigos. Cuando estén listos para partir, vengan a buscarnos.

Cuando ella y el rey se dirigen a la salida, miro a Algar. Él los ve marcharse con la mirada perdida.

—Creo que quiere matar a Thane —dice.

—¿Qué?

Me quedo boquiabierta.

—Tiene una mirada particular, algo que he visto muchas veces antes. —Finalmente, desvía la mirada de la salida—. No confía en él, y cuando se trata de gente con poder que desconfía, erradican la fuente.

—No creo que confíe en ninguno de nosotros.

—Puede ser, pero Thane es la mayor amenaza a su tribu. —Se inclina más hacia mí—. No vi caer a ese maldito Maliek. Si regresa con más asesinos y ataca sus fronteras, ella les entregará a Thane en un abrir y cerrar de ojos. No dejará que él sea la causa de su ruina.

—Entonces, más nos vale salir de Immalon antes de que eso suceda. —Me pongo de pie cuando él lo hace.

Empuja la silla y camina conmigo para salir del comedor.

—Algar, ¿puedo preguntarte algo?

—Claro.

Me estrujo las manos, de pronto me siento ansiosa.

—¿Hay algo más sobre el pasado de Thane que debería saber?

Arquea las cejas.

—¿Como qué?

—¿Alguna vez mencionó que tuviera familia? ¿Habló de su padre un poco más, quizá? ¿O de una tía, un tío?

Algar reflexiona un momento.

—No que yo recuerde. ¿Por qué lo preguntas?

—Por curiosidad.

Me examina intrigado.

—Preguntas por algún motivo.

Una vez afuera, sigo caminando hasta que nos acercamos al claro. En un arroyo cercano saltan peces voladores y varios de los elementalistas del agua los atrapan en frágiles burbujas antes de dejarlos caer en unas cestas tejidas.

Volteo hacia Algar, cuyos ojos rebosan de curiosidad.

Mi mente retrocede hasta anoche, cuando Thane me habló del libro de Azidel, y a la cueva de Frevella, cuando confesó lo de Koa.

Me pidió que no le dijera nada a Algar, a Rynthea ni a nadie más sobre el libro.

Con excepción de Algar, no lo haré, pero nunca me prohibió hablar de su hermano.

Por un momento, jugueteo con la idea de decirle a Algar lo que Thane confesó en la cueva.

Estoy segura de que la muerte de Koa está de alguna manera relacionada con el gremio de la Sombra; por otra parte, también me parece que traiciono la confianza de Thane, aunque no me haya dicho específicamente que lo mantuviera en secreto.

Algar creció con él y conoció a su padre, pero no se vieron durante doce años y un medio hermano con una madre diferente no sería insólito.

Me encojo de hombros y abandono el tema.

—No hay una razón. Solo era curiosidad. Es solo que no sé mucho de él, eso es todo.

—Bueno, la única manera en la que sabrás más es si le preguntas a él —dice Algar—. Thane no me contará nada de su vida después de que desapareció, pero me doy cuenta de cómo te mira, y veo cómo lo miras tú.

Sus palabras atrapan mi atención por completo.

—No es eso, Algar. Él es solo… quiero decir, somos…

—No te juzgo, créeme. Aunque insisto, ten cuidado. —Levanta una mano con gesto inocente—. Todo lo que digo es que, al fin y al cabo, es un hombre, y ya sea que lo admita o no, está interesado en ti. Si lo ablandas lo suficiente, le sacarás la verdad… en algún momento.