Capítulo 33 #2
No es del todo cierto, por supuesto. Me dijo a mí, pero de ninguna manera voy a informar a la reina sobre su pasado o su vínculo con Seferin.
Ya parece bastante problemático y es obvio que ella sabe que es peligroso.
No tiene pruebas, pero estoy segura de que podría encontrar alguna si en verdad quisiera.
—Entonces, ¿ pone en peligro la vida de todos ustedes porque no quiere compartir el motivo por el que lo busca un grupo de gente letal? —la reina Xiaodera suelta una risita y se recarga en el respaldo de la silla—. Lo más prudente sería dejarlo en la enfermería y continuar sin él, ¿no creen?
—No podemos —respondo de inmediato—. Le pagué para que me protegiera. —Trago saliva y bajo la mirada a mi taza—. Si les ayuda a averiguar quiénes son los asesinos, uno de ellos tiene una daga con las letras «GS » grabadas.
La silla de Algar rechina cuando voltea en mi dirección.
—¿«GS »? —Frunce el ceño—. ¿Estás segura?
—Sí. ¿Por qué?
—Porque si eso fue lo que viste, significa que ese grupo pertenece al gremio de la Sombra.
—¿El qué? —pregunto confundida.
Algar deja escapar un suspiro agotado.
—Hay gente que afirma que son una sociedad clandestina que recluta a los hechiceros más fuertes en todos los reinos y les enseña magia negra. Por lo que he escuchado, la mayoría de quienes se unen pertenecen a los Sombríos. Como sea, no son buenas personas.
—Sí, algo así entendí cuando Maliek casi convierte tus órganos en puré.
—He escuchado de esa sociedad —dice la reina Xiaodera—.
Muchos creen que están tratando de convertirse en los siguientes Desgarradores de la Noche, aunque no ha habido pruebas.
De cualquier modo, es extraño que este grupo secreto se muestre de manera tan abierta solo para atrapar a su amigo.
Eso me lleva a creer que su amigo hechicero de alguna forma está relacionado con ellos y que hizo algo para perjudicarlos.
—Pero… eso no tiene sentido —dice Algar, cruzando los brazos y agitando la cabeza con una expresión tensa—. Él fue soldado de los Divinos, en Meriva. Lo vi marchar con ellos y portar el uniforme.
—Los Sombríos son conocidos por reclutar a todo tipo de gente —le explica la reina—. Solo podemos suponer que manipulan a tantas personas como pueden y que retuercen sus almas hasta corromperlas por completo para que se unan a su retorcida sociedad.
—Eso no me suena a Thane —responde Algar frunciendo más el ceño—. No, él no se hubiera unido a gente como ellos, a menos que no tuviera otra opción.
La reina Xiaodera bebe su té.
—Quizá no la tuvo.
Sus palabras me hacen pensar de inmediato en el hermano de Thane.
Afirma que la muerte de Koa fue su culpa.
¿Habrá entrado voluntariamente al gremio de la Sombra con la esperanza de salvarlo de alguna manera?
Pero Algar dijo que lo había visto con los Divinos.
Si estaba con ellos, ¿por qué se marcharía?
Si algo hubiera pasado, sin duda los Divinos lo hubieran protegido.
Siempre protegen a los suyos. Dioses, ahora tengo más preguntas que antes.
—En fin, a sus amigos les llevará un tiempo sanar —la voz de la reina me saca de mis pensamientos.
—¿Cuánto tiempo cree? —pregunto.
—Denles por lo menos tres o posiblemente cuatro horas. Nuestros sanadores tienen habilidades maravillosas, pero trabajan con esmero y nunca apuran sus procesos.
Okey. Cuatro horas. No cuatro días. Puedo lidiar con eso. No nos llevará más tiempo llegar a Gadonia. Si solo nos retrasamos unas cuantas horas, aún podremos llegar a las costas antes de caer la noche.
Como si leyera mi mente, la reina Xiaodera pregunta:
—¿Adónde viajan?
—A Aguas Poco Profundas —respondo con sinceridad.
Estoy cansada de irme por las ramas dondequiera que vamos.
La reina Xiaodera entrecierra los ojos mientras que el rey Jehon los abre muchísimo. Después, el rey suelta una carcajada que me hace encogerme de miedo, echando hacia atrás su cabeza rapada. La reina pone los ojos en blanco antes de colocar una mano paciente sobre su brazo.
—Perdón, mi amor —dice él, entre risitas—. Estás bromeando, ¿verdad? ¿Aguas Poco Profundas? —pregunta mirándome.
—No está bromeando —responde Algar.
La sonrisa de Jehon desaparece. Me examina con más atención con sus ojos llorosos color avellana.
—Es seguro que morirán.
Envuelvo la taza entre mis manos con más fuerza.
—Me arriesgaré.
—¿Hay algo ahí que necesites? —pregunta la reina Xiaodera.
—Una de las piedras de prosperidad.
Parpadea varias veces y se yergue en su silla.
—¿Estás lidiando con una maldición?
Asiento.
—¿Sobre ti o sobre alguien más?
—Mi hermana.
— ¿En tu reino no hay nadie que pueda ayudarte a romper la maldición?
Niego con la cabeza.
—No. El hechicero que la maldijo es poderoso. Las personas a las que acudí antes de Thane tenían demasiado miedo de enfrentarse a él. Este era mi último recurso.
—Ya veo. —Golpetea la mesa con los dedos sin dejar de mirarme mientras bebo mi último trago de té—. No me pareces tonta. Supongo que tienes un plan para llegar a esa isla.
Me encojo de hombros.
—Algo así.
La reina Xiaodera me mira durante tanto tiempo que empiezo a moverme en mi silla. Parece que trata de descifrarme en busca de algún tipo de secreto o una verdad, como hizo Frevella. No creo que pueda leer la mente, pero no me sorprendería que una mujer con su poder pudiera hacerlo.
—Valiente —su voz es suave y empática—. Pero me equivoqué antes. Sí eres una tonta si crees que vas a sobrevivir.
Se levanta de la silla y su vestido ondea a sus pies. El rey Jehon la sigue.