Capítulo 24
—A bran paso al príncipe, ¡vamos! —la voz profunda de Kelrean abarca la enorme tienda de campaña.
La gente en el interior se pone de pie y hace una reverencia frente a él antes de salir.
—No te va nada mal, ¿verdad? —pregunto, admirando asombrada el lugar.
La tienda de campaña es colosal, hecha de seda morada con un techo alto y puntiagudo, y candelabros que cuelgan de una viga central. Cirios y velas parpadean por todas partes, emitiendo un resplandor romántico.
—Anda, vamos. ¿Para qué ser príncipe si no sirve para que toda la tienda esté a mi disposición? —Kelrean me ofrece otra de sus medias sonrisas y se sienta en un enorme cojín que está en el piso.
Me siento en el almohadón a su lado y él toma una pipa de talmún. Hay una olla de carbones ardientes en una mesita baja. Presiona el extremo del talmún sobre los carbones y espera que se encienda antes de llevárselo a los labios y darle una buena calada.
—Rynthea dice que te salvó la vida —digo cuando me pasa la pipa.
—Querida Orvena. —Se frota la frente—. Nunca lo va a olvidar, ¿verdad?
—Probablemente no.
Miro la pipa y recuerdo las palabras de Thane: «No es prudente».
Sí, pero tampoco es prudente ir acompañada de un asesino.
Me llevo el talmún a los labios y trato de darle una calada. De inmediato, el humo me llena la boca y los pulmones, pica como el chile. Exhalo el humo igual de rápido, tosiendo y escupiendo.
Kelrean ríe y me da unas palmaditas en la espalda.
—¿Estás bien?
Asiento, aunque sigo tosiendo.
Él sonríe.
—Te acostumbrarás.
Me lo vuelvo a llevar a los labios, pero Kelrean me lo quita de la mano antes de que pueda probarlo otra vez.
—Quizá con eso sea suficiente. El talmún es fuerte y de efecto rápido .
—Él le da otra calada a la pipa y exhala en dirección opuesta a mí; luego se reclina sobre un codo—.
Primero sentirás que tu corazón se acelera un poco, pero eso es normal, te lo aseguro.
Tu cuerpo se está acostumbrando a las propiedades relajantes de la planta.
Luego sentirás que te derrites, pero de forma agradable.
Tu mente se ablandará un poco y sentirás todo pesado y ligero al mismo tiempo.
Con una mente suave y el cuerpo relajado, todos tus problemas y ansiedades se alejan.
Parece ser lo que necesitas después de lo que has vivido hasta ahora.
Tiene razón. Mi corazón se acelera, pero estoy segura de que se debe a la emoción del festival y de este momento: sola, en una tienda de campaña de lujo, con un príncipe apuesto.
Sin embargo, con la misma rapidez, los latidos se calman y siento las extremidades flojas cuando empiezan a relajarse. Las preocupaciones empiezan a desaparecer.
Me veo las palmas y lanzo una risita sin ningún motivo.
—En cuanto a Rynthea —continúa, ignorando mi tonto comportamiento—.
No me malinterpretes, agradezco que me salvara la vida.
Pero es una historia vergonzosa para mí porque soy un cambiaformas, con mil demonios, y ni siquiera pude transformarme para salvarme yo mismo porque, literalmente, moría de miedo.
«¿Un qué ?».
—¿Eres un cambiaformas? ¿De qué estás hablando? —mis palabras salen demasiado despacio, hasta mi boca está relajada.
—Ah, ¿no sabías? —Sonríe y deja el talmún sobre la mesa—. Mi padre es un cambiaformas purasangre. Yo soy su hijo, así que heredé su genética, obviamente.
Eso explica por qué sus rasgos de león son mínimos, por lo demás parece mortal.
—Entonces, ¿eliges esta… apariencia?
Sus dientes brillan bajo la luz de las velas.
—¿La de un león heredero sexi?
Lanzo una carcajada.
—Sí, eso.
—Es elección de mi padre. Los leones son los híbridos más fuertes y los cambiaformas son poco comunes, así que tenemos que mostrar nuestro dominio.
Él insiste en que conserve esta apariencia la mayor parte del tiempo, salvo cuando necesita que salga del reino para realizar alguna misión de espionaje.
—¿También eres espía?
—Sí, soy un ratón impresionante. ¿Te gustaría verlo?
Abro mucho los ojos mientras espero que se transforme de manera mágica en un roedor.
—¡Por favor! ¡Estoy bromeando! —exclama riendo—. No nos transformamos con frecuencia. Es muy doloroso. Sientes como si se te rompieran todos los huesos del cuerpo. Solo lo hacemos cuando es necesario.
—Qué interesante. Había escuchado rumores sobre el rey de Bernwood, que es un cambiaformas, pero me costaba trabajo creerlos. Siempre pensé que era un mito.
Toma mi mano y le da un pequeño apretón.
—¿Sientes eso?
Su mano está caliente y un poco callosa. Asiento.
—Somos muy reales, Zaira.
Sostiene mi mirada unos segundos, sonriendo.
Cuando suelta mi mano, el calor me sube a las mejillas y desvío la mirada.
No puedo negar que Kelrean es sexi. En verdad lo es, y muy interesante; sus rasgos animales lo hacen mucho más atractivo.
Parece demasiado majestuoso para Thelanor, como si hubiera estado destinado a existir en un reino totalmente diferente.
Sus atenciones son más que halagadoras. Es solo que no estoy acostumbrada a tanto en tan poco tiempo.
He tenido dos novios en toda mi vida. Uno fue en mi décimo año. Conocí a un niño en el centro para refugiados cuyo nombre ni siquiera recuerdo. Fue un simple enamoramiento de la infancia.
El otro fue durante mi decimoséptimo año y él se llevó mi marca de doncella. Ese noviazgo fue breve.
—Me pareces muy interesante —dice Kelrean con una sonrisa floja.
—¿Sí?
—Sí. Hay algo en ti… —Se acerca a mí—. Tienes una luz… cierta seducción. O quizá simplemente me atraes.
Mi piel se estremece con su cercanía. Escudriña mi mirada al tiempo que yo absorbo la profundidad en la suya. Huele bien, a pino, y un aroma penetrante que solo puede tener la realeza.
Toma mi mano y se la lleva a los labios. Cuando me besa el dorso sin apartar la mirada, siento un hormigueo por todo el cuerpo.
—¿Qué te parece si nos reunimos para tomar algo en el castillo después de las festividades? —pregunta con voz suave y baja—. Puedo enseñarte más lugares, llevarte a los jardines, mostrarte mi cascada favorita para que puedas ver el paisaje.
Siento burbujas de sorpresa en mis entrañas.
—Oh. Mmm… —mumuro con una risita. El talmún está haciendo efecto—. ¿Estás seguro? ¿Es prudente que pases tanto tiempo con una mortal ordinaria?
—Depende de nosotros. —Se encoge de hombros y luego murmura—: Nadie puede decirnos qué hacer.
Eso es cierto.
«No es prudente», advierte de nuevo la voz grave de Thane en mi cabeza. Sin duda querría decirme qué hacer. Cierro los ojos y veo su rostro… sus rasgos esculpidos a cincel, sus labios carnosos, sus…
«No». No debo pensar en Thane. Por todas las sombras, estoy sola con un príncipe apuesto. El talmún debe estar alterando mis pensamientos.
—Sin presiones —murmura Kelrean—. Tenemos toda la noche. Piénsalo.
Se inclina y presiona sus labios tibios sobre mi mejilla.
Abro los ojos y el calor invade cada parte sensible de mi cuerpo. Mis pensamientos se arremolinan y mi visión se nubla. Cuando sonríe, sus ojos son dulces.
—Ven —insiste poniéndose de pie—. No quiero abrumarte. Volvamos a la fiesta. Te mostraré dónde está el mejor vino.
Sonrío cuando me ayuda a ponerme de pie.
—Un vino suena maravilloso.