Capítulo 23 #2
—¿Por mí? —pregunto boquiabierta—. ¿Por qué?
—Me preocupa tu seguridad. No creo que aceptara viajar contigo hasta Aguas Poco Profundas solo porque le pagaste unas monedas. —Algar sacude la cabeza, está serio y no deja de mirarme a los ojos—. Creo que lo hace porque quiere algo, porque persigue algo. Y te necesita a ti para obtenerlo.
Un calor nervioso cubre mi garganta. Recuerdo la conversación que tuve con Thane después de la pelea en la Posada Kamtaur.
Me inclino para acercarme a Algar.
—Yo pensé lo mismo y se lo pregunté. Me respondió que busca un tomo de… —Chasqueo mis dedos grasosos—. El libro de Azidel. Al parecer, contiene hechizos que pueden aumentar el poder de su magia.
—Ah. Sabía que había algo.
—Pero es solo un libro —digo—. Si hubiera querido, habría podido ir por él en cualquier momento. ¿Por qué me necesitaría a mí si eso es todo lo que busca? Yo no soy más que una mortal.
—Te sorprendería lo valioso que puede ser un mortal en las circunstancias correctas.
Volteo a ver a Thane; tira su brocheta vacía mientras camina hacia nosotros.
—Solo ten cuidado con él, Zaira. —Algar pone una mano sobre la mía—. Eres buena persona y no te mereces verte arrastrada a cualquier lío en el que se haya metido.
Tras formular esa sencilla frase, Algar aleja su mano, se pone de pie y le dirige a Thane una enorme sonrisa cuando se acerca.
—¿Qué tal está la cerveza, mi despiadado amigo? Creo que iré por otra para mí.
Thane levanta el tarro y asiente en acuerdo.
—Deberías. Es mejor que muchas.
—Eso haré. Los veré a los dos en el castillo cuando haya terminado la fiesta, ¿de acuerdo? He escuchado que ir a los burdeles de Bernwood es como entrar al Reino de Cristal. —Me hace un guiño antes de desaparecer entre la multitud.
Thane baja la mirada en mi dirección, el fuego hace brillar sus iris ámbar. Es como si tratara de descifrarme, de averiguar la conversación que acabo de tener con su amigo de la infancia.
—¿Te quieres sentar? —pregunto dando unas palmaditas en el lugar que Algar acaba de dejar libre.
Thane lo piensa un segundo, suspira y se sienta a mi lado. Su rodilla roza mi pierna y alborota mis enaguas. Ignoro el cosquilleo que me produce ese movimiento. Con él tan cerca, con ese olor a especias y cuero, es inútil fingir que no siento esa electricidad.
Permanecemos un momento en silencio; él bebe su cerveza y yo termino mi brocheta de carne.
—Entonces… —digo—. ¿Me dirás más sobre ese libro del que me hablaste antes?
Él mira la hoguera.
—Es una larga historia.
Levanto una mano y encojo los hombros.
—Tengo tiempo.
—Es… mucho, Quinlocke. Demasiado como para explicarlo ahora, con toda esta gente alrededor.
—Solo imagina que somos los únicos frente a la hoguera. Nadie más puede escucharnos. De cualquier manera, no se preocupan por nosotros, están demasiado ocupados divirtiéndose.
Sin pensarlo, coloco una mano en su brazo para tranquilizarlo. Su mirada se posa en ella, la observa un segundo sin saber qué hacer con ese pequeño gesto. Aparto la mano de inmediato y me aclaro la garganta al darme cuenta de lo íntimo del gesto.
Thane se inclina hacia adelante, recarga los codos sobre las rodillas y envuelve el tarro en ambas manos.
—Bien —suspira—. ¿Qué quieres saber?
—Dijiste que querías recuperar el libro de Azidel en el templo. ¿Por qué ese volumen en particular es tan importante para ti?
—Ya te dije por qué. Para aumentar el poder de mi magia.
—Okey… ¿por qué?
—Para vencer a Seferin.
Lo miro parpadeando.
—Entonces, no me equivocaba: odias a Seferin.
Tensa la mandíbula.
—Con todo mi ser.
—¿Te molestaría explicarme?
No es que sea difícil odiar a alguien como Seferin.
—Esa historia es aún más larga… y esta noche no es el momento para hablar de eso. Te desanimará y a mí también.
Asimilo sus palabras y reflexiono sobre cada una de ellas.
—Bueno, si todo eso es verdad y deseas tanto tener ese libro, ¿por qué no fuiste antes por él?
Traga saliva.
—Esa es la parte complicada.
Me acomodo en la piedra y espero que continúe.
—Para llegar al volumen necesito la sangre de un mortal.
Y no puede ser cualquier mortal. Debe ser uno que este cien por ciento dispuesto a ir al Templo de Elfar y a ayudarme a recuperarlo —calla durante unos instantes y respira profundo antes de decir la última frase —: lo más importante es que el mortal debe ser noble, amable y estar dispuesto a arriesgar, incluso sacrificar su vida con el hechicero con el que viaja.
Lo miro y parpadeo un par de veces antes de bajar la mirada al suelo entre mis botas.
Pronunció las palabras, pero me lleva tiempo digerirlas.
Sí, estoy dispuesta a arriesgarme e ir a Elfar, como dijo, por mi hermana; sin embargo, la palabra «sacrificar » …
eso es algo muy distinto. Se supone que debe protegerme.
Ese es nuestro acuerdo. ¿Cómo puede cuidarme y ayudarme a romper la maldición de mi hermana si existe la más mínima posibilidad de que tenga que sacrificarme?
Relajo los hombros y trato de considerar todo esto desde su perspectiva. Reconoce que se está arriesgando en la misma medida y eso está bien. Lo que no está bien es que me ocultara la verdad todo este tiempo, desde el principio.
—Entonces, ¿crees que yo soy la mortal que puede ayudarte? —pregunto entre dientes.
Asiente.
—Sí, creo que podrías serlo…
—¿Cómo sabes si el libro sigue ahí? ¿En el templo?
—Ahí está. Algunos hechiceros, si son lo bastante poderosos, pueden rastrear ciertos objetos y artefactos.
Hasta donde sé, sigue protegido en el templo.
Créeme, muchos hechiceros han intentado obtenerlo y todos han fallado.
Supongo que ninguno pudo siquiera acercarse a él porque el mortal que eligieron se retractó antes de llegar a la isla o murió antes de siquiera poner ojos en ese lugar.
Si lograron llegar hasta ahí, pero se fueron sin el volumen, se debe a que la sangre del mortal no era lo suficientemente digna.
«El mortal que eligieron». No, no. Yo lo elegí a él. Él no me eligió a mí.
Frunzo el ceño y fijo más la vista en el suelo; ahora sujeto la brocheta con más fuerza. Debió decírmelo desde el principio. ¿Por qué no me lo dijo antes?
Lo miro a los ojos.
—¿Cuánta sangre se necesita?
—No mucha.
Otra respuesta críptica y evasiva. Lo miro desconfiada.
—¿Y si la mía tampoco es digna? ¿Moriré si ofrezco mi sangre y es rechazada?
—No. Hace mucho que nadie lo intenta, pero supongo que quienes fueron rechazados probablemente salieron bien del templo.
Quizá no sobrevivieron cuando trataron de salir de la isla.
Pero yo me aseguraré de que tú lo logres.
—Hace una pausa y examina mi perfil. Yo desvío la vista hacia la fogata, tratando de no perder los estribos—.
Zaira, creo que eres lo más cercano a alguien digno que existe, considerando todos los sacrificios que ya has hecho.
—Ya veo. —Sus halagos deberían calmarme, pero me siento cada vez más enojada. Incluso usó mi nombre de pila, pero eso no significa nada para mí ahora—. Entonces… esa mañana en el Cristal Inclinado, cuando te di el dinero… ¿ya tenías el plan?
Lo miro y él asiente. Ahora parece un poco empático.
Guau, imbécil mentiroso y taimado.
—¿No crees que debiste decírmelo en ese momento?
Hubiéramos hecho un trato, dado lo desesperada que estoy por llegar al templo.
—Me pongo de pie y arrojo el palo de la brocheta al fuego; trato de no estallar contra él frente a toda esta gente—.
Te llevaste mi dinero cuando, en realidad, tú me necesitabas tanto como yo a ti.
¡Vendí mi collar, lo último que me quedaba de mi madre, para conseguir esas monedas! ¿Quién le hace eso a otra persona?
Él permanece sentado; advierte mis puños apretados y la expresión de angustia en mi rostro.
—Tenía que estar cien por ciento seguro de que querías hacer ese viaje tan peligroso.
Esa noche habías bebido mucho, así que no podía confiar.
Pensé que si regresabas la mañana siguiente y aún querías salvar a tu hermana, entonces funcionaría y sería posible obtener ese volumen ya estando ahí.
Solo tenía que mantenerte viva el tiempo suficiente para conseguirlo.
Una remota posibilidad, cierto, pero tenía sentido intentarlo si tenía todo lo que necesitaba.
Al fin encajan las piezas del rompecabezas que faltaban.
—Entonces, a eso se refería Maliek —digo boquiabierta—. Cuando dijo que yo era la noble.
—Ahora sabe qué estoy buscando. Por fortuna, él nunca podrá obtener el libro a menos que yo lo tenga en mi posesión, y jamás lo dejaría acercarse siquiera. Hace mucho tiempo que me persigue.
—¿Por qué?
—Porque le robé algo a Seferin.
Genial. ¿Así que tiene a todo el reino buscándolo? ¿Buscándonos?
—¿Y qué fue…?
—Un cristal. Uno muy poderoso que él necesita.
—¿Tú también robaste un cristal? —exclamo. Por todas las sombras, ¿por qué él no está encerrado en la fortaleza de Seferin igual que Analla?—. ¿Lo traes contigo? —pregunto mirándolo con cautela.
—No. Lo escondí. Está muy lejos de aquí.
—Entonces, no solo quieren recuperar el cristal, sino que también saben que vas a buscar el libro, ¿no? —Lo fulmino con la mirada y sacudo la cabeza—. Por cierto, ¿por qué tienes líos con Seferin?