El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 20 #2
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Capítulo 20 #2

Esa es la razón por la que ningún otro reino les ha declarado la guerra. Bernwood no solo cuenta con un enorme ejército, con algunos de los híbridos más fuertes en todo Thelanor, sino que sería una locura que algún reino quisiera arruinar su suministro de alvanita. Es casi tan valiosa como el oro.

Tras bajar nuestras pertenencias de la montura de Perla, la dejamos en un establo en el que Thane le paga a un niño por la comida y el agua. Está agotada por el viaje, igual que nosotros.

Después cruzamos un puente imponente en el que las banderas reales moradas ondean en gruesos postes.

Me doy cuenta de que cada una tiene el símbolo de un león negro en sus cuatro patas, con el hocico abierto y la cola erecta.

Casi al final del puente veo que estamos a unos cuantos pasos de las puertas principales del castillo.

Un momento. ¿De verdad Rynthea va a tratar de hablar con el rey? ¿No estaba fingiendo?

Ahora de cerca puedo ver motitas plateadas en la piedra que brillan bajo los vestigios del sol.

Imagino a Analla, estaría completamente asombrada con este lugar.

Ella ama los castillos y siempre ha soñado con entrar en uno.

Uno de sus sueños de toda la vida es asistir a un baile y danzar toda la noche en un hermoso vestido de seda.

Pensar en ella me provoca un sentimiento agridulce que me revuelve el estómago. Sonrío al imaginarla en su vestido, pero el corazón se me parte cuando pienso que si fallo, ella nunca podrá vivir su sueño.

Hago mis emociones a un lado cuando nos acercamos a un conjunto de puertas de madera colosales. Aquí patrullan más híbridos, bien vestidos, bien armados y que de ninguna manera parecen tan tontos como los de las puertas de entrada.

—Todos ustedes, esperen aquí.

Rynthea deja caer su mochila en el piso, junto a mis pies. Con cuidado, también deja su espada guadaña y se aleja hacia los guardias. Cuando ven que se acerca, los guardias se ponen rígidos y aprietan las empuñaduras de sus lanzas.

Bueno, todos menos uno: una mujer híbrido tigre blanco cuyos ojos plateados se fijan en los de Rynthea, mientras ella avanza con tranquilidad.

Dos orejas hermosas sobresalen de su cabeza y el cabello y el pelaje son una mezcla balanceada de blanco con rayas negras.

El cabello sobre su cabeza está trenzado con cuidado y baja hasta descansar en su hombro.

Su uniforme militar morado oscuro está recubierto de oro en los hombros y decorado con medallas. En la cintura lleva una espada enfundada cuya empuñadura es de oro brillante. Hace resonar sus botas de manera deliberada conforme avanza por la pasarela hasta quedar cara a cara con Rynthea.

Se miran fijamente durante un tiempo con los ojos entrecerrados, examinándose de arriba abajo. Un momento después, una sonrisa de dientes afilados surca el rostro de la tigresa y levanta las manos en el aire.

—¡Rynthea Kamtaur! ¡Cuánto tiempo! ¡Pensé que nunca más volvería a verte!

Rynthea le devuelve la sonrisa, parece aliviada.

—¿Cómo estás, Sheera?

—Estoy bien. Te abrazaría, pero hueles horrible. Parece que te arrastraron por el Reino de las Sombras. —Mira a Rynthea de pies a cabeza—. ¿Qué te pasó?

—Nos atacó un monstruo de pantano y, antes de que lo preguntes… —Rynthea alza una mano cuando Sheera está a punto de interrumpirla—, sí, hablo en serio. Cruzamos Delchester para llegar aquí.

—¡Por Thelanor! ¿Por qué hicieron eso? —pregunta Sheera con absoluta incredulidad.

—Es la ruta más rápida. No tenemos tiempo que perder.

—Ya veo. —Sheera echa un vistazo sobre el hombro de Rynthea y me ve a mí y a Algar, pero se concentra más en Thane.

Él no se ha puesto el pañuelo desde que estábamos en el pantano (quizá por el olor), pero sus espadas siguen enfundadas, sujetas en su espalda y su coraza de cuero y el chaleco forrado de dagas son un claro indicio de que es un hombre de pelea. Parece un arma ambulante.

—Sin duda no hubieras viajado por Delchester a menos que fuera urgente. ¿Por qué estás aquí? —agrega mirando de nuevo a Rynthea—. ¿Torjack está bien?

—Sí, Torjack está bien. Solo quería tener una rápida conversación con el rey Draedor.

Al escucharla, Sheera se tensa y pierde la sonrisa.

—El rey se está preparando para el festival. Pidió que no lo molestaran a menos que fuera urgente.

—No lo pediría si no fuera importante, Sheera.

La tigresa se balancea de un pie al otro, escudriña a Rynthea durante unos segundos, suspira y relaja los hombros.

—¿Quiénes son los viajeros que están contigo?

Rynthea hace un gesto en nuestra dirección.

—Ellos también buscan su ayuda y su conocimiento.

Sheera frunce el ceño.

—Rynthea, sabes que siempre quiero ayudarte, pero al rey no le gustan los desconocidos. Sobre todo, no esta noche.

—¿Ni siquiera si estos desconocidos necesitan su ayuda para viajar al Templo de Elfar?

—¿Elfar? —Sheera abre mucho los ojos—. ¿El monstruo del pantano se comió tu cerebro?

—El rey Draedor es la única persona que conozco que ha sobrevivido a Aguas Poco Profundas —explica Rynthea.

—Sí, ¡a duras penas!

—Pero sobrevivió, y eso es lo que importa.

Sheera da un paso atrás.

—No es prudente molestar al rey con esos malos recuerdos.

—Solo dile que estoy aquí. ¿ Por favor, Sheera? —suplica Rynthea—. Encontrará tiempo. Además, me lo debe.

Sheera alza la barbilla.

—Te lo debe, ¿por qué?

Rynthea cruza los brazos con una sonrisa de suficiencia.

—Pregúntale y averígualo.

Okey… ahora sé que no está fanfarroneando.