Capítulo 19 #3
Thane mueve las manos hacia el agua para invocar sus espadas, las cuales salen volando rápidamente hasta que las empuñaduras se detienen es sus palmas. Las enfunda con un solo movimiento fluido.
Algar se acerca a Thane.
—Aprenderá a confiar en ti. Solo dale tiempo.
—¿Salvarle la vida no fue suficiente? —La pregunta de Thane es sincera.
Algar se encoge de hombros, impotente, y luego sigue a Rynthea.
Cuando están fuera del alcance del oído, Thane levanta la cabeza hacia el cielo para inhalar y exhalar hondo.
—La salvaste. No lo olvidará. —Me acerco a él y observo cómo pasa los dedos por su cabello mojado—. Creí que ninguno de los dos… Quiero decir… —suspiro—. Solo me alegro de que hayan salido con vida.
—Sí —responde mirándome—. Fue inteligente lo de las branquias.
—Sí, por suerte me encanta leer sobre la anatomía de las bestias.
Thane arquea una ceja.
Suelto una risa incómoda al darme cuenta de que sonó más cursi de lo que esperaba.
Me mira con los ojos entrecerrados. Puedo sentir el calor de su cuerpo cuando esos iris atrevidos se fijan en mis labios. Cuando toma mi barbilla entre sus dedos contengo el aliento y también observo sus labios.
Siento cosquillas en la boca, anticipo algo que no estoy segura de necesitar, pero que sé que deseo. Mi cuerpo anhela su caricia. ¿Por qué?
Cuando sus labios están a muy pocos centímetros de distancia, dice:
—Olvidaste la regla número uno.
Parpadeo confundida.
—¿Qué?
—Guárdate tus gestos amables. Con eso solo lograrás que te maten —reitera—. Tienes que dejar de tratar de ayudar a la gente, Quinlocke —agrega—. ¿Te das cuenta de que si te hubieras quedado en el camino principal nada de esto hubiera pasado?
Vaya, hemos vuelto a la condescendencia de usar el apellido. Dioses, me confunde tanto. Frustrada, trato de apartar mi rostro de sus manos pero él no me suelta. Sus ojos tienen brillos dorados y arden también con un toque de frustración.
—Podrías haber muerto —dice con voz ronca—. Todos podríamos haber muerto por alguien que creíste que podías salvar. Aunque hubiera sido real, ¿cómo ibas a ayudarlo? ¿Cómo, si ni siquiera puedes salvarte a ti misma?
Nos miramos; lucho contra las ganas de llorar otra vez y él parece cada vez más decepcionado.
Al final, baja la mano y mi estómago se hunde. Su evidente decepción me molesta más de lo que debería. ¿Por qué me importa lo que piensa de mí? No tiene derecho a juzgarme.
Me mira de pies a cabeza y sacude la cabeza.
—A veces es difícil recordar que… —hace una pausa—, que eres una mujer tan protegida que no entiende los verdaderos peligros de este mundo.
¿Algar y Rynthea? Ellos saben lo que es sentirse amenazados, tratar de ayudar a alguien solo para que te traicione.
Pero tú… carajo. Tienes el corazón a flor de piel, Quinlocke, y eso solo te traerá la muerte algún día.
Quizá pienses que tu valentía te salvará, pero no es así. Lo sé de cierto.
—¿Tú qué sabes de valentía? —espeto mientras el calor me sube a las mejillas—.
Tú vives tu vida como un arrogante asesino —agrego, pronunciando la última palabra entre dientes, no quiero que Rynthea y Algar me escuchen—.
Todo lo que te importa es matar, hacer a la gente a un lado y lograr que otros se sientan inferiores a ti.
No entenderías qué significa cuidar a otros porque solo te preocupas por ti mismo, Thane.
Abre la boca como si fuera a decir algo en su defensa, pero con la misma rapidez la cierra y retrocede. Con la mandíbula tensa, cierra los ojos y respira. Tras exhalar, abre los ojos y los posa en mí otra vez.
—No tengo que explicarte quién soy —responde en voz más baja. Si no lo conociera, diría que casi suena lastimado—. No me pagaste para ser tu amigo, sino para mantenerte viva. —Mete una daga en una de las fundas de su chaleco—. ¿Qué más da? No tiene caso discutir con una mujer ingenua.
Frunzo el ceño.
—¿Ingenua?
—Sí, ingenua.
—No soy tan ingenua como crees —replico al tiempo que él me da la espalda.
—Como gustes. Solo vámonos.
Me armo de valor mientras él avanza, y cuando estoy a punto de decir algo solo para tener la última palabra, él se detiene y dice:
—Por una vez, escúchame y regresa al camino principal.
Con la mandíbula tensa y las fosas de la nariz dilatadas, se hace a un lado y señala en la dirección en la que se fueron Rynthea y Algar. Hago una mueca y paso frente a él echa una furia, no sin antes darle a propósito un empujón en el brazo. Él no se mueve, pero resopla enojado.
Lo peor sobre la conversación con Thane es que tiene razón.
Si no hubiera intervenido, si hubiera seguido caminando, el monstruo nunca hubiera atrapado a Thane.
Rynthea no hubiera estado a punto de ahogarse.
Puse en riesgo nuestras vidas porque mi corazón débil y empático es incapaz de dejar atrás a un desconocido, que ni siquiera estaba ahí.
Las palabras de Thane me duelen porque no puedo evitar ser quien soy. Pero si no me endurezco, sin duda mi empatía me traerá la muerte… la mía y la de todos nosotros.