El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 19 #2
34%

Capítulo 19 #2

—Sin embargo, a Thane le insistías que usara el hechizo de opacidad en Ruvain, aunque sabías que eso lo agotaría. Es un poco hipócrita, ¿no te parece?

—Disculpa, ¡pero si no hubiera insistido en que lo usara, esos ruvaineros te estarían violando en un calabozo en este momento! ¡Hasta que murieras!

—Orvena, ayúdame —refunfuño.

El monstruo vuelve a emitir un alarido que devuelve mi atención a la masacre; giro y miro en esa dirección.

Thane intuye las intenciones de Rynthea; corre a lo largo de uno de los tentáculos más gruesos y lo acuchilla en otra branquia.

Balancea una de las espadas hasta formar un ángulo que le permite clavarla en el conjunto de branquias que tiene del otro lado del cuello.

El monstruo ruge en agonía.

Thane y Rynthea no ceden.

Entre ambos, llegan a los hombros del monstruo mientras este alza los tentáculos que le quedan en un intento por detenerlos.

Esquivan y zigzaguean, se miran, asienten y saltan uno a cada lado de la criatura, no sin antes perforar con sus armas el cuello del monstruo.

En el movimiento de bajada, los filos se deslizan por la garganta en dos cortes interconectados.

Thane y Rynthea se sumergen en el agua viscosa cuando cesan los gritos del monstruo. La enorme cabeza se desploma en el pantano, salpicando aún más. El suelo tiembla cuando el cuerpo de la criatura cae hacia atrás hasta estrellarse.

Se ha ido… y también Thane y Rynthea.

La atmósfera se calma. El agua borbotea. El pulso me zumba en los oídos.

Rodeo la roca, esperando entre jadeos que salgan a la superficie.

Algar llega a mi lado y nuestros rostros muestran la misma ansiedad. Temo que estén muertos. Los segundos me parecen horas; despacio, en las aguas del pantano aparecen burbujas viscosas.

Luego, un grito ahogado atraviesa el aire con fuerza. Thane emerge y a su lado flota una enorme burbuja dorada en la superficie. Rynthea está dentro de la burbuja y Thane gruñe mientras extiende un brazo para mantenerla estable, en tanto que, con el otro, nada hasta alcanzar la orilla más cercana.

Algar y yo nos apresuramos a ayudarlos. Cuando Algar le ofrece una mano, Thane se aferra a ella para salir del agua.

Tan pronto como están en tierra, Thane se desploma, respirando rápido y profundamente.

Rynthea sigue dentro de la burbuja dorada que flota en la superficie, pero la luz se está desvaneciendo.

Thane levanta una mano débil, gruñendo por el esfuerzo de sacar la burbuja del agua.

Luego deja caer el brazo, la burbuja se disuelve y Rynthea cae como piedra al suelo.

—¿Rynthea? —Algar se apresura a su lado y la sacude—. ¿Estás bien?

Ella no se mueve.

—La cabeza del monstruo cayó sobre ella.

Thane gira sobre su espalda con los ojos cerrados. Uno o dos segundos después se incorpora. Aunque está débil, parece que está bien. No es él quien me necesita en este momento.

Corro hacia Rynthea.

—Ey, Rynthea. ¿Me escuchas? —Al no obtener respuesta acerco la oreja a su nariz—. No respira.

Examino su rostro. Sus labios tienen un tono azulado. Presiono la oreja a su pecho en busca de los latidos del corazón. Apenas se escuchan, pero ahí están. Me siento sobre los talones y suspiro de alivio, feliz de que no esté muerta. Todavía.

No estoy segura de tener la fuerza suficiente para resucitar a un minotauro, pero debo intentarlo. Coloco las manos en su nuca musculosa, tengo que esforzarme para inclinar su cabeza un poco hacia atrás y así abrir las vía s respiratorias. Luego le doy respiración boca a boca varias veces.

—Vamos —murmullo.

Nada.

Presiono mis manos con firmeza sobre su pecho y empiezo las compresiones. Una y otra vez, empujo con todas mis fuerzas, pero no estoy segura de que sea suficiente, tomando en cuenta su tamaño.

— ¿Sabes lo que estás haciendo? —pregunta Algar.

Lo ignoro y hago otra ronda de respiración boca a boca, luego pongo las manos sobre el esternón y vuelvo a presionar.

—Vamos, Rynthea —digo con voz ronca; mi visión está borrosa por las lágrimas.

Esto no hubiera pasado si la hubiera escuchado y me hubiera quedado en el camino central. Si hubiera usado la cabeza en lugar del corazón, ella estaría bien.

Mis brazos tiemblan por el esfuerzo y el agotamiento. Quizá no soy lo suficientemente fuerte. Estoy a punto de pedirle a Algar que él haga las compresiones cuando ella se mueve. Su pecho se expande y abre los ojos de par en par.

« Oh, gracias, Orvena ».

Hago girar su cabeza a un lado y de su boca sale agua.

—Algar, ayúdame —digo tratando de girar su cuerpo.

Algar se acerca y entre los dos logramos ponerla de costado. Él se echa hacia atrás justo cuando ella tose, escupe y se atraganta con el agua del pantano, pedazos de algas y quién sabe qué más.

—Por Orvena, Rynthea —murmura Algar mirando el desastre que ha creado.

Río aliviada y la ayudo a incorporarse.

—¿Estás bien?

Después de respirar profundo algunas veces y de otro ataque de tos, me mira completamente confundida.

—¿Acabas de salvarme?

Sonrío.

—Sí.

—¿Dónde lo aprendiste?

—Nací en la Costa de las Brasas, así que… —Me encojo de hombros—. Es casi obligatorio saber este tipo de cosas cuando vives cerca del mar.

Rynthea se limita a mirarme. Entre más lo hace, siento como si me viera como una persona por completo distinta. Como si yo no fuera una simple mortal inútil. Antes de darme cuenta, me envuelve en un enorme abrazo.

Río entre dientes mientras su chaleco empapado y su cabello se presionan contra mi mejilla.

—Gracias, Zaira.

—De nada. Pero no hubiera podido resucitarte si Thane no te hubiera traído a la orilla.

Hago un gesto hacia Thane, Rynthea voltea hacia donde sigue sentado con las piernas extendidas y los nudillos clavados en el suelo. Él parpadea sacudiendo sus finas pestañas mojadas.

—Gracias también, supongo —dice Rynthea levantándose despacio.

—¿Supones? —pregunta con un quejido, poniéndose a su vez de pie.

Ella hace una pausa.

—Supongo que agradezco que me salvaras la vida. —Parece que le gustaría decir más, pero lo piensa dos veces y Thane lo sabe—. Quiero decir… gracias por ayudarme.

Sus palabras suenan tensas. ¿En verdad no les tiene ninguna confianza a los hechiceros? No puedo evitar pensar que algo debió sucederle en el pasado para que se oponga tanto a ellos.

Rynthea retrocede en busca de algo. Su espada guadaña flota en la orilla del pantano. Cuando la recoge, examina la hoja.

—Tenemos que regresar al camino central. El monstruo del pantano fue solo una muestra de lo que acecha en Delchester.

Mira a Thane de reojo y pasa a su lado.