El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

—¡T hane! —grito.

—¡No! —vocifera Algar.

—¡Zaira! ¡Regresa! —Rynthea me toma por el brazo y me hace a un lado en el momento en el que otro tentáculo sale volando de la oscuridad. Lo corta a la mitad con su espada guadaña y voltea hacia Algar—. ¡Llévatela y escóndanse!

Pasa a grandes zancadas frente a nosotros y corre hacia la niebla detrás de Thane.

Algar me toma por la muñeca y corre metiéndonos entre una espesa arboleda y unas rocas. Se dirige al sendero del centro donde están Perla y Zefra, pero algo se azota contra el árbol que está frente a nosotros. Grito y Algar esquiva otro tentáculo que nos bloquea el camino.

—¡Por aquí! —Algar me suelta y corre en la dirección opuesta.

Entre más avanzamos, el suelo empieza a ablandarse bajo mis pies. Cuando llegamos a una roca enorme, Algar me jala hacia un lado para escondernos detrás de ella.

—¡Por todas las sombras! ¿Qué es esa cosa? —jadeo con dificultad y mi corazón golpea con fuerza en mi pecho.

—¡No sé! —Algar examina el perímetro con ojos frenéticos—. Dioses… ¿ves? ¡Por eso odio este bosque de muerte!

A lo lejos, Rynthea suelta un grito de guerra. Cuando la niebla empieza a disiparse, me asomo por un costado de la piedra para tratar de ver a Thane y a Rynthea. Es una mala decisión, porque lo que veo hace que el miedo me engulla de un bocado.

Entre las últimas volutas de niebla que restan arden unos ojos brillantes amarillo enfermizo.

Pegado a esos ojos surge un monstruo de las aguas nebulosas de lo que parece ser una ciénaga o pantano que se extiende más allá.

Tiene la piel gruesa, con manchas verde grisáceo.

De espalda ancha, tiene la complexión de un gigante y los brazos del tamaño de troncos de árbol.

Lo peor de todo son los tentáculos que salen de todas las partes del cuerpo, incluso de su cabeza.

Algunos de los tentáculos terminan en garras, otros no.

Uno de esos que no tienen garras sujeta con fuerza a Thane por la cintura, quien cuelga de cabeza y gruñe, espada en ristre, para asestarle un golpe, pero falla cada vez que lo hace.

El monstruo rechina los dientes afilados frente a la cara de Thane, pero este evita la mordida con una esfera dorada ardiente que le lanza a la cabeza. Con un chillido ensordecedor, el monstruo lo suelta y se desploma en el agua apantanada.

Mientras el monstruo está distraído, Rynthea salta en el aire y corta varios de sus tentáculos con su espada guadaña. El monstruo ruge al tiempo que sus tentáculos cercenados caen al agua con gran estruendo hasta hundirse. Rynthea apresura a rodear el pantano y corta varios más.

Rompiendo la superficie del agua, Thane nada hacia el borde más cercano y recupera el aliento.

Cuando logra salir, está cubierto de maleza de pantano y limo.

Se pone de pie de un salto y saca su otra espada con el ceño fruncido.

El monstruo intenta agarrarlo de nuevo, pero Thane esquiva cada uno de los tentáculos, secciona los que están en su camino y no se detiene hasta que sube a una roca y se lanza sobre la bestia, con una nube dorada y sombras que lo guían, para aterrizar sobre el hombro de la criatura.

Uno de los tentáculos del monstruo se azota sobre la roca cercana a la que estamos Algar y yo; como si pudiera percibirnos se extiende en mi dirección.

Lanzo un grito cuando el tentáculo se desenrolla y deja a la vista unas ventosas ondulantes e irregulares.

Algar gruñe al tiempo que lo acuchilla con una daga y el monstruo vuelve a producir un chillido.

Salto sobre el tentáculo que chorrea y huyo con Algar, aunque no hay muchos lugares donde esconderse.

El pantano se extiende en todas direcciones, cada camino está bloqueado por tentáculos aquí y allá, y las otras rocas son mucho más pequeñas.

Los troncos de los árboles son de masiado angostos como para esconderse detrás de ellos, pero algo me dice que si seguimos sin rumbo fijo nos encontraremos a monstruos mucho peores que este.

Por todas las sombras, ¿cómo volvemos al camino principal desde aquí?

Nos detenemos detrás de un árbol que apenas puede ocultarnos y escuchamos los inquietantes sonidos: los chillidos del monstruo, los gritos de Rynthea y los clamores de Thane mientras pelea.

—Tenemos que ayudarlos. —Me concentro en Algar, mi corazón late con locura—. No van a vencer a esa cosa solos. ¿Tienes granadas?

—¿Granadas? ¿Te volviste loca? —grita—. Nadie lleva granadas encima, a menos que quiera morir.

—Quiero decir… como eres un ladrón al que le gusta entrar por la fuerza a lugares y así… lo supuse.

Arquea una ceja.

—No uso granadas para robar, Zaira. Es muy desagradable. Además, los hechiceros que las fabrican cobran demasiado.

—Bueno, okey, mmm…

Me asomo desde detrás de un árbol, sujetándome de la corteza húmeda.

Thane se esfuerza por sacarle un ojo al monstruo.

La parte inferior del cuerpo de Rynthea está envuelta en un tentáculo, mientras que otro apéndice con una garra intenta arrancarle la cabeza.

Ella golpea la garra cada vez que se acerca, pero no estoy segura de cuánto tiempo más podrá aguantar, ya que el tentáculo que la sujeta de la cintura hacia abajo la aprieta cada vez más fuerte.

Observo otra vez al monstruo y en ese momento, lo veo.

La criatura del pantano tiene branquias justo debajo del lado derecho de la cabeza. Por lo que he estudiado, ya sea pez, híbrido o incluso un monstruo, las branquias son una manera segura de debilitar a un ser acuático.

—¡Ahí! —Señalo—. ¡Las branquias! ¡Tienen que perforar las branquias!

—¿Qué? —Algar voltea completamente confundido.

—¡Las branquias! Tienen que… Pfff. ¡Olvídalo! ¡Solo sígueme!

Tomo mi nueva daga por la empuñadura y le ruego a Orvena que me proteja para que, con su favor, pueda salvar a Rynthea y a Thane.

Salgo disparada de detrás del árbol, Algar grita mi nombre y me pide que regrese. Lo ignoro. Si no los salvo, tendrán una muerte terrible por mi culpa. Además, yo nunca llegaré a Elfar sin la minotauro y el asesino. Los necesito.

Escalo rocas escarpadas y bajo deslizándome hasta un pequeño terraplén cubierto de musgo.

Mis pies aterrizan en un charco profundo y fangoso en el que casi me quedo atorada.

Me quejo, frustrada, luchando por liberar mis botas del lodo a cada paso que doy; en ese momento me doy cuenta de que el monstruo es mucho más feo de cerca y que huele a estiércol.

—¡Thane! —grito una vez que piso tierra firme.

Thane voltea en mi dirección.

—Por todas las sombras, ¿qué estás haciendo? —grita—. ¡Regresa, ponte a salvo!

—¡Las branquias! —exclamo a todo pulmón—. ¡Apuñala las branquias!

Hace una mueca de confusión. O bien no puede oírme o no entiende de qué estoy hablando.

—Demonios —digo entre dientes.

Miro hacia donde está Rynthea. Ahora está atrapada por dos tentáculos.

Gruñe y muerde uno, pero eso no le hace nada al monstruo.

Me apresuro en su dirección; con torpeza, me agacho y esquivo los tentáculos hasta que tropiezo con su espada guadaña, que está tirada junto a uno de los árboles.

La levanto, es más pesada de lo que esperaba.

Rynthea resopla tratando de liberarse, pero el monstruo solo la aprieta con más fuerza.

Sus gritos de agonía me parten el corazón.

Uno de los tentáculos se eleva detrás de mí, pero sostengo con firmeza la espada guadaña y uso toda mi fuerza para asestar el golpe. Para mi sorpresa, lo corto a la mitad.

—Mierda —jadeo sorprendida.

El monstruo emite otro chillido justo cuando Algar aparece frente a mí.

—¡Dame esa cosa antes de que te cercenes una pierna! —dice, extendiendo la mano.

La coloco en sus manos y él se teletransporta al otro lado de los tentáculos que están matando a Rynthea. Con un potente grito, Algar blande la espada guadaña y corta los dos. La sangre negra salpica los árboles al tiempo que Rynthea se desploma en el suelo.

—Rynthea.

Salgo corriendo hacia ella y trato de ayudarla a que se ponga de pie.

—Estoy bien, estoy bien —responde, presionando los nudillos contra el lodo para levantarse.

Miramos a Algar. Su ropa está manchada de sangre espesa como la tinta.

—¡Qué maldito asco! —grita.

—Dame mi espada guadaña —le ordena Rynthea.

Algar se la avienta y ella la atrapa con una mano, justo en el momento en el que otro tentáculo se dirige directo a nosotros. Rynthea toma la espada guadaña por la empuñadura y lo corta antes de que pueda atacarnos.

—¡Se supone que ustedes dos deberían estar escondidos! —nos grita.

—Bueno, si hubiéramos permanecido escondidos, en este momento tus preciosas entrañas estarían desperdigadas por todo el pantano, ¿o no? —replica Algar.

Rynthea dilata las aletas de la nariz y lo fulmina con la mirada, negando con la cabeza.

—Rynthea, escúchame. —La tomo del brazo y la obligo a que me preste atención—. Necesitas apuntar a las branquias. Un monstruo de ese tamaño debe tener muchas y es probable que estén cerca de sus corazones. Si puedes lastimar algunas de las branquias lo debilitarás más y podrás acabar con él.

Me mira un segundo. Cuando asimila mis palabras, en su rostro se refleja la determinación y asiente.

Pasa junto a Algar a grandes zancadas y ataca a la bestia de un salto en el aire.

Su espada guadaña se balancea hacia abajo y la punta aterriza cerca de las costillas del monstruo, perforando una de sus branquias.

El monstruo deja escapar un grito descomunal que parece hacer temblar todo el bosque. Sus tentáculos se sacuden mientras la sangre borbotea por su costado.

Algar me jala de golpe; siento que mi estómago da un vuelco cuando nos teletransporta lejos de la batalla. El piso se siente inestable bajo mis pies cuando corremos hacia otra roca, más pequeña que la anterior.

—Guau. —Extiendo los brazos para recuperar la estabilidad y parpadeo varias veces para deshacerme del mareo.

—No sabía que era posible teletransportarse contigo.

—Sí —responde jadeando—. Aunque me agota, así que no lo hago con frecuencia.