El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 18 #2
32%

Capítulo 18 #2

—Si él no te enseña, nosotros lo haremos —interviene Algar haciendo un gesto hacia sí mismo y hacia Rynthea, dirigiéndome un guiño—. Te apoyamos, princesa.

Sonrío.

—Gracias, Algar.

—Okey, está bien. —Thane se detiene y Algar hace lo mismo.

Cuando me detengo, Rynthea exhala con fuerza y también hace una pausa. Después de hurgar en las mochilas que están sujetas a la montura de Perla, Thane saca un arma enfundada y me la ofrece por la empuñadura.

—De cualquier forma, la iba a tirar —dice cuando cierro los dedos sobre ella—. No te dejes engañar por el tamaño. Es pequeña, pero letal.

La desenfundo y saco un acero negro con bordes plateados. Grabado en la empuñadura está el símbolo de una «D» con extremos puntiagudos que me parece familiar.

—¿Los Divinos?

Alzo la mirada, pero él ya se aleja para sujetar a Perla.

—Tenemos que seguir —dice.

—Con gusto —murmura Rynthea.

Observo otra vez la letra que está en la empuñadura y los sigo.

¿De dónde sacó esto Thane? Quiero decir, pudo robársela a uno de los soldados… o haber matado a alguno de los Divinos para quitársela. Pero si hizo eso, no se hubiera salido con la suya. Los Divinos están muy protegidos y son muy cercanos a la corona. Uno no puede morir sin que otro lo sepa.

Eso me deja pensando si ellos también están tras él. Pero ¿qué tendr ía en la cabeza para atacar a uno de los Divinos? Y si ese era el caso, ¿por qué no lo detuvo un soldado cuando estábamos en Meriva?

Volteo sobre el hombro para mirarlo, pero ahora me evita por completo. Sabe que tengo preguntas y yo sé que no va a responderlas… al menos no ahora. Siento la necesidad de avanzar más despacio para que me alcance.

Tenía razón ayer cuando estábamos en Kamtaur: sus secretos sí me intrigan. Necesito saber quién es en verdad debajo del pañuelo y la coraza. Quiero preguntarle tantas cosas sobre la daga, sobre Maliek, sobre quién es él en realidad. Estoy a punto de hacerlo… cuando escucho un grito a lo lejos.

De inmediato, Thane desenfunda una de las espadas que lleva en la espalda. Rynthea se detiene con las orejas erguidas y la empuñadura de su arma firme en la mano. Algar se paraliza junto con Zefra y ambos miran hacia el lugar de donde provino el sonido.

—¿Qué fue eso? —murmullo sujetando mi nueva daga por la empuñadura.

—Shhh. —Rynthea pasa frente a mí y olfatea el aire. Entrecierra los ojos y escudriña la oscuridad en busca del culpable. El grito vuelve a desgarrar el silencio, esta vez suena mucho más cerca. Viene del sendero más oscuro.

—Por favor —gime una vocecita—. Necesito su ayuda. Estoy… estoy muy malherido. Alguien, por favor, ayúdenme. Se los suplico.

Se me hunde el corazón. Conozco esa voz. Volteo a ver a Algar.

—Suena como Dulan.

Frunce el ceño.

—Es imposible. Dulan murió. Lo vimos caer frente a nosotros.

—Sí, lo vimos caer, pero eso no significa que muriera. Pudo haber sobrevivido y ahora está huyendo.

Volteo a ver otra vez el sendero oscuro.

—Quinlocke, lo que escuchas no es real —me advierte Thane con toda la delicadeza posible—. Es un truco del bosque. No te dejes engañar.

—¿Cómo puede ser un truco? Suena igual que él.

—Tiene razón, Zaira. —Los ojos de Rynthea se abren más y sacude la cabeza—. Debemos seguir. Ese no es quien tú crees.

—Por favor, ayúdenme. Me desangraré. Solo… solo necesito ayuda, por favor. Hui de los guardias. Aguanté por mi abuela, porque me necesita. Estoy muy herido. Por favor, Zaira. Ayúdame.

Al escucharlo decir mi nombre se me congela la sangre en las venas.

En ese momento, veo algo en lo profundo del bosque. Una luz turbia que se hace más brillante y, dentro de ella, la silueta de una persona que avanza tropezando hacia nosotros.

—Dulan —murmuro.

—No es él —dice Thane entre dientes.

—¡Es él, Thane! —Miro a Algar, cuyos ojos están llenos de aprensión y confusión—. ¡Tenemos que salvarlo, Algar! ¡Él trató de ayudarnos!

Algar mira a Thane y a Rynthea, quienes niegan con la cabeza al mismo tiempo.

—Zaira, tenemos que seguir caminando. Si es él, llegará a Winstoft y alguien le ayudará.

Algar me toma por los hombros, pero yo me libero.

—Zaira, mírame. —Cuando escucho que Thane dice mi nombre otra vez alejo mi atención de la silueta.

Casi nunca me llama por mi nombre de pila, a menos que hable en serio o me tome en serio.

Lo miro a los ojos, mi corazón late con fuerza—.

No es momento de salvar a nadie, ¿me escuchas?

Eso debes dejarlo de lado durante este viaje. No se puede salvar a todos. Créeme.

Me queman las lágrimas en los ojos. Volteo al sendero de nuevo.

La silueta está ahora más cerca. Sin embargo, Thane tiene razón, ¿por qué no puedo moverme?

Mi mirada está fija en el contorno oscuro, en Dulan que cojea hacia nosotros.

Sus súplicas de ayuda me carcomen el corazón.

Todo lo que puedo pensar es en los niños del centro para refugiados.

Los gritos de sus padres en medio de la noche.

Un niño nuevo que llega al centro con trauma a raudales.

Los horrores que probablemente presenció solo para escapar.

La culpa del sobreviviente al crecer y convertirse en adolescente y después en adulto… igual que yo.

Mi ciudad natal, la Costa de las Brasas, fue atacada por los ruvaineros. Fuimos víctimas de su locura, su abuso, su ira. Solo escapamos porque hubo alguien dispuesto a ayudarnos.

Tuve suerte de encontrar un nuevo hogar en Meriva, a pesar de ser una niña refugiada. No todos tienen esa oportunidad, en particular los ruvaineros inocentes como Dulan. Solo nos llevaría unos segundos ir por él y regresar al camino central, unos cuantos segundos.

Conforme mis pensamientos se precipitan, siento un nudo en el estómago. Algo cambia. Puedo sentirlo. Me pone los sentidos y los nervios de punta, me jala hacia el sendero de la derecha, me absorbe como un vórtice. No puedo resistirlo.

« Sálvalo. Por lo menos debes intentarlo » . Los murmullos entran en mi mente y le hacen cosquillas a mi cerebro.

Antes de que me dé cuenta, estoy corriendo hacia Dulan.

Thane grita mi nombre y me persigue. Yo corro más rápido.

—¡Zaira, detente! —vocifera.

La luz cálida se hace más brillante y la silueta se hace más grande.

La voz suplicante de Dulan se acerca. Escucho agua que salpica y borbotea a lo lejos.

El aroma a madera mojada junto con el olor rancio es lo suficientemente fuerte como para darme náuseas; sin embargo, no me detengo.

Más bien, me es imposible parar. No hasta que me doy cuenta de que la silueta de Dulan no se convierte en una persona, sino que permanece así: una imagen oscura de él, una sombra.

Algo no está bien. Y me pregunto…

Si Dulan escapó, ¿por qué estaría aquí? ¿Por qué no fue a un lugar más cercano para pedir ayuda? ¿Por qué…?

Conforme las dudas me invaden, me paro en seco a varios metros de distancia de la sombra. Thane llega a toda velocidad y se para frente a mí.

—¡No es real, Zaira! —Señala con severidad hacia la silueta a su espalda—.

¡Es un truco de la mente! ¡El bosque de Delchester es famoso por eso!

Se apodera de los vulnerables para que las criaturas que viven aquí puedan alimentarse.

¡Te roba los pensamientos, tus preocupaciones, tus miedos y los convierte en algo que puede usar para consumirte!

—Pero… juro que creí que era él. —Aún siento la pesadez en el estómago, las palabras que hacen eco en mi mente: «acércate», «sálvalo». Algo me incita a seguir avanzando; me pide que no deje de moverme—. No sé qué está pasando, Thane. Lo siento. Es como… como si no pudiera controlar mi cuerpo.

«Ayuda a tu amigo. Es lo correcto. Solo da unos pasos más. Unos cuantos pasos más», repite la voz.

Cierro los ojos con fuerza haciendo un gran esfuerzo por ignorarla, pero mis pies no dejan de moverse. Un paso tras otro.

Thane pone una mano firme sobre mi pecho para mantenerme quieta.

—¿Qué quieres decir con que no puedes controlar tu cuerpo? —Su voz está cargada de confusión.

Escucho pasos detrás de mí y vuelvo a abrir los ojos; Rynthea y Algar se acercan. Dejaron a Zefra y a Perla en un lugar seguro.

—Tenemos que regresar al camino central, ahora. —Rynthea nos mira a ambos fijamente, es evidente que está enojada.

—Zaira, vámonos.

Thane toma mi mano en la suya, es grande.

Es la primera vez que toca mi mano y la sostiene, protector.

Mi corazón se acelera y alzo la mirada para ver si él también está consciente de eso, pero contengo el aliento porque la sombra está ahora más cerca de nosotros.

Mi corazón estalla cuando la silueta se hace cada vez más y más larga, hasta que sobresale detrás de Thane.

—¡Thane, cuidado! —grita Algar.

Pero es demasiado tarde.

La sombra se convierte en algo por completo diferente y el brillo de luz desaparece, envolviéndonos en una oscuridad densa y neblinosa.

Thane suelta mi mano y gira, haciendo oscilar su espada, pero de inmediato la sombra baja al suelo y envuelve su tobillo. En ese momento me doy cuenta de que no es una sombra sino un tentáculo viscoso, gris, cubierto de ventosas.

—Mierda —masculla Thane mirando hacia abajo, como si esperara que esto sucediera.

El tentáculo da un jalón y Thane cae bocabajo. En un abrir y cerrar de ojos, lo arrastra y desaparece en la oscuridad.