El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

T ras empacar provisiones y agua en nuestras mochilas y cerrar con llave el lugar, los que dormimos en la Posada Kamtaur emprendemos el viaje al pequeño pueblo rústico llamado Winstoft.

Al parecer, en las afueras de esta aldea Rynthea y Torjack tienen una cabaña que sus padres construyeron antes de que ellos nacieran.

Penju posee una cabaña en el centro del pueblo y Rynthea decidió que Torjack se quedara con él hasta que ella regresara.

—Me gustaría que cambiaras de opinión, Ryn. Estoy seguro de que estaré bien si viajo contigo, al menos durante la primera parte. —Torjack se mueve en sus pezuñas frente a la cabaña de Penju.

El techo de la vivienda está cubierto de enredaderas y hiedra; el exterior es una combinación de piedra y madera pintada de azul claro.

La puerta tiene forma de arco; no estoy muy segura de que Torjack pueda cruzar el umbral con su ancha complexión.

Hay flores plantadas en barriles cortados a la mitad y la cabaña está rodeada de macetas de barro de varios colores y tamaños.

A pesar de su apariencia rústica y deslavada, la cabaña de Penju tiene un atractivo encantador. Es una verdadera casa, un lugar que estoy segura él aprecia y respeta. Queda claro por los escalones de piedra barridos, por las mecedoras y las linternas que cuelgan en el pequeño porche.

Rynthea mira a un lado. No quiero que piense que estoy escuchando a escondidas y aparto la mirada. Aunque… sí , estoy escuchando sin querer. Nos dijo antes que esperáramos al final del sendero del jardín de Penju, pero aún puedo oírla bien desde aquí.

No muy lejos, Algar está frente al puesto de un comerciante, comprando fruta, carne seca y nueces. Zefra descansa sobre su hombro, mirando toda la comida con los ojos muy abiertos.

Thane está a unos metros de mí, recargado contra el muro de una construcción de adoquín con el pañuelo puesto y los brazos cruzados.

Permanece alerta y vigila los alrededores.

No creo que tenga mucho de qué preocuparse en Winstoft.

Hay algunos mortales, pero la mayoría de los habitantes son híbridos pacíficos.

Perla está detrás de él, bebiendo en un balde de agua que él llenó para ella en el pozo del pueblo.

—Lo acordamos. Te quedarás con Penju donde es seguro. —Escucho que Rynthea le dice a Torjack—. Nadie vendrá a buscarlos aquí. Si no me gusta lo que averigüe sobre nuestras posibilidades, volveré pronto.

Muerdo una fresa blanca jugosa mientras observo la estatua descarapelada de un híbrido en uniforme de combate en el centro del pueblo.

Torjack gruñe reticente.

—Bien. Pero ten cuidado, Ryn. Te necesito.

—Estaré bien. Solo asegúrate de tomar tus medicinas y deja que Penju te acompañe a los curanderos. Si te sientes agarrotado, descansa y relájate.

Miro en su dirección y me termino la fruta.

Se están abrazando. Cuando Torjack da media vuelta y se agacha para entrar en la cabaña de Penju, Rynthea mira el lugar donde estaba parado; la tristeza contrae sus rasgos.

Toma con fuerza la empuñadura de su espada guadaña, luego gira y baja los escalones con paso fuerte.

—Vámonos —masculla pasando a mi lado.

—¿Está todo listo? —le pregunta Algar.

Rynthea no responde, solo sigue caminando.

Thane se separa de la pared para tomar las riendas de Perla y espera que yo pase. Cuando cruzamos las puertas de madera de Winstoft no puedo evitar ver una vez más el pintoresco pueblo, antes de seguir adelante.

Sé cómo se siente Rynthea. Dejar atrás a alguien a quien amas para hacer algo que, aunque es increíblemente peligroso, podría salvar su vida. Es una decisión difícil de comprender. Nada tiene sentido, pero te parece necesario. Yo debería saberlo. Estoy en el mismo barco.

No es que Rynthea tenga que hacer esto, pero si hay un tesoro en Elfar, ella y Torjack podrían vivir el resto de su vida en paz.

Torjack podría recibir tantos tratamientos como quisiera.

Quizá podrían encontrar a un curandero permanente para su padecimiento.

Restaurarían la Posada Kamtaur, podrían emplear protección para que nadie intentara destruirla otra vez.

Hay tantas posibilidades por delante si esto sale bien.

Frente a nosotros se extiende un bosque. Rynthea entra con fuertes pisadas por un agujero entre dos troncos y su gran cuerpo desaparece conforme se adentra; yo me apresuro para alcanzarla.

—Debemos tener cuidado cuando crucemos por aquí.

—La voz de Rynthea es baja conforme el bosque se hace más denso por los árboles.

La luz del sol es escasa y varios cuervos que están posados en las ramas cercanas se echan a volar—.

Hay caminos en el bosque de Delchester que no les gustaría recorrer.

¿Ven eso? —Se detiene un momento y señala una bifurcación más adelante en el camino—.

Nunca tomen a izquierda o derecha. Permanezcan siempre en el sendero del centro.

—¿También has estado aquí antes? —pregunta Algar.

—Dos veces —responde—. Y solo durante el día. He escuchado historias sobre gente que se desvía y nunca regresa.

Miro a ambos lados y seguimos adelante. El camino de la izquierda no parece tan malo.

Está más iluminado que el del centro; sin embargo, el derecho es de una oscuridad siniestra.

De las ramas cuelgan matas largas de musgo que flotan como cadáveres ahorcados con malicia.

Las ramas crujen y el viento acarrea una melodía escalofriante desde esa dirección.

Por instinto, me acerco a Rynthea pero acabo chocando con su brazo. Me mira un poco preocupada y yo fuerzo una sonrisa.

—Perdón.

—No pasa nada —responde; sin embargo, ahora sujeta su espada guadaña con más fuerza, como si esperara que algo atacara en cualquier momento.

De cerca puedo ver que la hoja de la espada guadaña está hecha de plata brillante, con un filo limpio y una punta peligrosamente afilada.

No es la típica guadaña de un granjero. La suya está confeccionada con delicadeza, la empuñadura negra está pulida y es la mitad del tamaño normal, elaborada con un diseño similar al de una soga y es en verdad impresio nante, sobre todo porque no mucha gente lucha y mata con espadas guadaña.

Son mucho más pesadas que una espada común y no solo requieren gran fuerza, sino un conjunto de habilidades únicas.

—Entonces, ¿por qué entramos al bosque de Delchester si no es seguro? —pregunto—. Hay otros caminos, ¿o no?

—Delchester es la ruta más rápida de Winstoft a Bernwood —responde—.

Hubiéramos podido ir a Junsho, pero para eso hay que escalar las montañas o esperar en los puertos, y las laderas son tan escarpadas que nos retrasarían; quién sabe cuánto tiempo nos llevaría convencer a alguien para que nos dejara usar uno de sus barcos.

Los junshorianos se mantienen al margen y no siempre están dispuestos a cambiar sus rutinas.

Si quieres romper el hechizo que mencionaste, no podemos permitirnos perder tiempo rogando que nos presten un barco en los puertos de Bernwood. Eso podría llevarnos días.

—Ah.

Trato de seguirle el paso. Ella avanza a grandes zancadas y sus pezuñas golpean el suelo con tanta fuerza que me hacen pensar en tener cuidado por dónde piso. Tengo suerte de que mis anteojos estén reparados, lo último que necesito es romperme un pie.

—He escuchado muchas historias sobre Delchester —dice Algar detrás de mí—. De donde vengo, lo llaman Muerchester.

—Y con razón —masculla Thane.

Jala a Perla, que va cargada con nuestras mochilas y bolsos.

—No es tan malo si sabes por dónde vas. — Rynthea examina el área adelante mientras da un paso sobre la gruesa raíz de un árbol.

—¿Cuánto tiempo se hace hasta Bernwood desde aquí? —pregunto.

—Dos horas, más o menos.

—Mmm. —Se hace un silencio entre nosotras antes de que me aclare la garganta.

—Bueno, ya que tenemos un raro momento de tranquilidad, estaba pensando que quizá necesite un arma.

—¿Para qué? —pregunta Thane.

Lo miro por encima de mi hombro. Frunce el ceño.

—Porque si viajo con gente como todos ustedes…

—¡Oye! —dice Algar mientras alimenta a Zefra con una tira de carne seca.

—Sin ofender —agrego, mirándolo a él y luego a Rynthea, quien solo se ríe—.

Pero tenemos que ser honestos. Algar, tú eres un ladrón, por no mencionar que tienes una criatura increíblemente rara en el hombro, por la que la gente pagaría mucho dinero, sobre todo cuando se den cuenta de que puede robar siguiendo órdenes. Tú me lo dijiste.

Zefra emite un gritito y asiente cuando Algar se encoge de hombros.

—Buen punto.

—Y, Rynthea, tú eres parte minotauro. —Hago un gesto hacia ella y me mira por el rabillo del ojo—. Si te topas con la gente equivocada, tratarán de matarte en cuanto te vean.

—En sus sueños —refunfuña.

—Y Thane, bueno… ya sabes qué clase de amenaza eres.

Él mira en mi dirección y parpadea cansado.

—Lo que quiero decir es que estoy viajando con un grupo de gente a la que buscan. Podrían atacarnos en cualquier momento. Quiero poder protegerme de alguna manera. Así que si a alguno de ustedes le sobra una daga, un cuchillo o algo, con gusto lo acepto.

—¿Siquiera sabes usarlos? —interviene Thane.

—Puedo intentarlo —replico—. Aprendo rápido.

—Okey. Digamos que alguien está a punto de matarte. ¿Estarías dispuesta a matarlo para salvar tu vida? —pregunta.

Dudo en responder y sostengo su mirada.

Sé que debajo del maldito pañuelo sonríe con suficiencia.

—No me parece que seas el tipo de persona que puede robar una vida y vivir con las consecuencias, dulzura. Si te damos un arma, es muy probable que el enemigo la use contra ti si dudas. No tiene caso que tengas una si no sabes usarla o si ni siquiera estás dispuesta a hacerlo.

—Entonces, enséñame cómo —replico—. Tú eres el hechicero salvaje con las espadas, ¿o no? Enséñame dónde golpear para poder salvarme.

Thane lo piensa mientras acomoda las riendas de Perla en una de sus manos enguantadas.