El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 17
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Capítulo 17

D espejar los cadáveres, arrastrarlos hasta medio bosque y quemarlos toma más tiempo del que esperábamos. A pesar de que los llevaron a lo profundo del bosque, aún puedo oler el hedor a carne quemada. Es tan desagradable que me dan ganas de vomitar.

El sol se está poniendo ya cuando queda limpia gran parte de la sangre, pero no toda, y se sacan las mesas rotas para formar un montón. No esperaba que fuera tan largo, pero ¿qué podemos hacer ahora? No es prudente recorrer ningún bosque durante la noche.

—Quédense esta noche —dice Rynthea cuando se lo menciono a Thane. Está encendiendo una hoguera detrás de la posada—. Hay muchas habitaciones. Ya preparé la masa, voy a hornear pan y a cocinar más sopa para todos.

—Ah, me gustaría ayudarte a hornearlo —me ofrezco, levantando la mano—. Trabajo en una panadería en Meriva, es como si estuviera casada con el pan.

Ella ríe y cuando las llamas toman forma y la madera cruje, dice:

—Entonces, vamos. Tú te encargas del pan y yo haré más sopa.

En un par de horas, el pan sale del horno y la sopa hierve. Comemos alrededor del fuego, sentados sobre troncos gruesos que están acomodados en forma de un cuadrado alrededor de la hoguera.

Rynthea, Torjack y Algar platican sobre la Posada Kamtaur, planes futuros, recuerdos queridos y antiguos huéspedes.

Thane está callado y me doy cuenta de que yo también.

Hornear el pan me distrajo de la masacre durante un tiempo, pero todavía puedo oler los cadáveres quemados en el aire.

Escucho un crujido a mi espalda y Perla relincha a poca distancia. Contengo el aliento y miro por encima de mi hombro hacia el lugar donde está atada a un árbol, cerca de un abrevadero. Por un momento olvidé que estaba ahí.

«Cálmate», pienso.

Sin embargo, ¿cómo estar tranquila? Estoy muy nerviosa después de tanta pelea y masacre que he presenciado. Thane dijo que Maliek escapó. ¿Y si regresa para acabar con todos nosotros? No creo que Thane se lo permita, pero aun así. El hombre también posee magia y parece poderoso.

Miro a Thane. Él ya me observa; estudia mi rostro con los ojos un poco entrecerrados como si tratara de leer mis pensamientos.

Desvío la mirada y me concentro en la hoguera, esperando olvidar todas mis preocupaciones.

Después de la cena, Rynthea y Penju calientan agua del pozo y llenan las palanganas en cada habitación que usaremos esta noche. Veo el lavamanos en su soporte, el aguamanil que está abajo, y suspiro. Al menos podré lavarme un poco. Me muero de ganas de quitarme la mugre del día de hoy.

Después de meter las manos en el agua y lavarme la cara, me quito la ropa y saco una de las toallas del armario. También hay una pequeña barra de jabón que dejó Rynthea; huele a una mezcla de especias y flores, huele bien.

Mientras me lavo con ella, dejo escapar un suspiro lento y firme. La sensación del agua en mi piel es agradable, refrescante.

Cuando empapo la toalla en el lavamanos otra vez, veo mi reflejo en el espejo que está sobre el soporte y me detengo.

Parezco tan… estresada. Todos mis rasgos están tensos y hasta ahora me doy cuenta de lo mucho que me duele el cuerpo.

Siento el peso de todas mis extremidades y la tensión en todas las articulaciones.

Advierto que mis hombros están muy cerca de mis orejas y los relajo.

Sin embargo, este movimiento no alivia mi mente.

¿Cómo puedo relajarme si estoy viajando por el mundo con un asesino de la Sombra, que es perseguido por gente igual de peligrosa?

Sacudo la cabeza y termino de lavarme. Luego me quito la ropa interior. En el armario hay un camisón limpio color marfil, supongo que es un regalo de la posada a sus huéspedes. Me lo pongo. Es holgado y me llega a las rodillas.

Tomo mi mochila, saco un cepillo y me siento en un banco frente al espejo del lavamanos para deshacer los nudos de mi cabello. Las llamas de las velas que están los candelabros de latón, uno en el buró y el otro en el alféizar, danzan bañando la habitación con una luz cálida.

Cuando termino guardo todas mis cosas y examino el estante medio vacío. Veo un libro sobre los orígenes de los minotauros y lo saco para llevármelo a la cama. Me tranquiliza el sonido de las páginas al pasarlas, sentir el papel bajo las yemas de los dedos.

Bostezo cuando voy casi a la mitad del libro, luego escucho que alguien toca la puerta.

Me paralizo. Debe ser casi medianoche. ¿Quién podrá ser?

Parpadeo varias veces mirando hacia la puerta. Quizá Rynthea quiere preguntarme algo o Algar quiere hablar conmigo. Tal vez nos están atacando de nuevo y me quieren avisar con el mayor silencio posible.

Bajo de la cama completamente alerta y me dirijo a la puerta.

Abro mucho los ojos cuando, al abrirla, veo a…

—¿Thane? —murmuro.

No lleva la coraza y cambió su túnica negra por otra limpia sin mangas. Cuando levanta el brazo para rascarse la nuca, sus músculos se marcan debajo de su cálida piel morena. Ni siquiera lleva puesto el pañuelo. Parece… normal. Casi mortal.

—¿Está todo bien? ¿Estamos otra vez en problemas? —pregunto, lista para reunir mis cosas y echar a correr si es necesario. Podríamos escondernos otra vez en el refugio.

—Todo está bien —responde alzando una mano para calmarme.

—Ah. —Sujeto el borde de la puerta y la abro un poco más—. ¿Necesitas algo?

Suspira y la nuez de su garganta sube y baja.

—La verdad es que soy muy malo para estas cosas.

—¿Qué cosas? —pregunto.

En ese momento advierto que esconde una mano detrás de su espalda.

—Solo vine a darte esto.

Extiende esa mano y me ofrece algo envuelto en una tela blanca. Lo tomo, lo abro un poco y una oleada de calor recorre mi cuerpo. No puedo evitar sonreír al ver el regalo.

—¿Pan de miel? —pregunto, mirándolo con lágrimas en los ojos.

—Yo… mmm… le pregunté a Penju justo después de cenar si lo vendían en Winstoft, me contestó que sí, así que fui a comprar una rebanada. Era la última que tenían en la panadería. —Se encoge de hombros—. Pensé que te alegraría un poco, ya que la maobi no tuvo mucha suerte.

Dejo escapar una suave risita.

—Ella ayudó un poco. —Examino la rebanada de pan de miel. Está fría, pero parece suave y deliciosa—. ¿Fuiste hasta Winstoft por esto?

—Con Perla no fue muy largo el camino.

Sonrío aún más.

—Ah, acabas de decir su nombre. Alguien se está encariñando.

—Okey, tampoco exageres.

Se frota la cabeza y sonríe con satisfacción.

Me acerco a él, tomo su mano libre en la mía y le doy un apretón.

—Eres muy amable, Thane. —Nuestras miradas se cruzan de nuevo—. Gracias.

De pronto parece tímido; aparta la mirada y sus rasgos se suavizan. Es obvio que es un hombre que no recibe muchos agradecimientos.

—Solo quería asegurarme de que estás… ya sabes, bien. Todavía tenemos un buen trayecto por delante. No será más fácil a partir de aquí.

—Lo sé. —Sin embargo, sigo decidida, aunque esté aterrada. No voy a renunciar a Analla. Suelto su mano y vuelvo a ver el pan de miel—. ¿Crees que van a regresar? —murmuro, levantando la cabeza—. La gente de los Sombríos.

—No sé, pero lancé algunos hechizos alrededor de la posada para protegernos. Si alguien se acerca, lo sabré.

—Okey. —Suelto un suspiro de alivio—. Bien.

—No voy a permitir que te pase nada, Zaira.

Su rostro está serio otra vez, determinado. Me doy cuenta de que es sincero.

—Espero que no, con todo el dinero que te estoy pagando —bromeo.

Espero que ría, pero se limita a mirarme fijamente antes de asentir.

—Descansa —murmura—. Te veo al amanecer.

—Está bien.

Lo observo alejarse por el pasillo. Se detiene frente a su puerta y cuando está a punto de tomar el picaporte, se detiene, voltea en mi dirección y me mira.

Agito la mano en despedida.

—Buenas noches.

Abre la puerta.

—Buenas noches, Zaira.

Cuando desaparece en el interior, cierro mi puerta y recargo la espalda en ella. Vuelvo a ver el pan de miel y una enorme sonrisa se dibuja en mi rostro. Ni siquiera estoy segura de poder comérmelo, con todas esas mariposas que revolotean en mi estómago.

Fue hasta Winstoft a comprar una sola rebanada de pan, y no cualquier pan, sino mi favorito. Me lo trajo para asegurarse de que estaba bien. No hace falta más para derretirme por completo porque es lo más dulce que un hombre jamás ha hecho por mí.

Me río bajito, tomo un pedazo de pan y me lo meto a la boca.

Quizá, después de todo, el asesino tiene corazón.