Capítulo 16 #3
—Sí, lo sé, pero me niego a dejar que mi hermana muera.
—Esa mujer minotauro tiene razón. —Thane exhala con fuerza y se acerca lo suficiente como para bloquear el sol—. Hacer este viaje conmigo a tu lado es mortal…
—Sí —digo en una risita—. Eso lo aprendí en Garra Roja.
—Es mortal para la gente que me hace enojar —dice.
Lo miro a los ojos, no son tan serios como de costumbre. O quizá solo lo imagino, como me sucedió en el refugio y, horas antes de eso, cuando usaba su hechizo de opacidad.
—No dejaré que nada ni nadie te haga daño durante este viaje, Quinlocke —agrega.
Trago saliva y pregunto:
— ¿Cómo puedo estar segura?
—Porque nunca hubiera accedido a hacerlo si no pensara que podía tener éxito. Si hay algo que debes saber de mí, es que odio fallar.
Aprieto los labios y fijo la vista en mi regazo. Mi ropa tiene ahora muchos agujeros y rasgaduras. Es un simple recordatorio del caos que me rodea. Definitivamente necesito un baño. Y quizá una siesta. La adrenalina desaparece lentamente, dejando solo agotamiento.
—¿Puedo preguntarte algo? —Mi voz es más suave de lo que esperaba. Arquea una ceja en señal de aprobación—. Pareces bastante determinado en llegar a Elfar, y sé que no solo es por mí. ¿Hay algo que tú también buscas? ¿Quieres un tesoro, como Algar?
Permanece en silencio un segundo y desvía la mirada hacia una arboleda a la distancia.
—Hay algo.
Me animo un poco.
—¿Qué?
Lo piensa antes de decírmelo.
—El libro de Azidel.
—¿El qué?
Suspira.
—Es un libro de hechizos que escribió el primer hechicero.
—Ah. —Hago una pausa—. ¿Por qué lo quieres?
—Porque ahí están los hechizos que pueden aumentar el poder de mi magia.
Me muerdo el borde del labio inferior.
—A mí ya me pareces bastante poderoso. ¿Por qué quieres serlo más?
—Tengo mis razones. —Espero con ansias que continúe—. No quiero explicarlo ahora.
—Claro que no —mascullo—. Aunque me gustaría saberlo. Quizá eso facilitaría un poco nuestro viaje.
—¿De qué manera? —pregunta, bajando esos ojos ámbar de nuevo en mi dirección.
—Porque ambos queremos lo mismo, llegar al templo por algo que deseamos. Es mejor trabajar juntos que sumar enemigos, ¿o no?
—Mmm. —No sé si eso es positivo o despectivo.
—No me malinterpretes, sigo odiando hacer todo esto con alguien como tú —lo provoco—, pero es mi única opción, más me vale aceptarla.
—Básicamente, estás diciendo que me odias.
—Odiar es una palabra muy fuerte.
Las comisuras de su boca se contraen.
Yo sonrío un poco. Unos segundos después, pregunto:
—¿Qué pasa si Maliek nos vuelve a encontrar?
—Esta vez su mandíbula se tensa. Me subo los lentes sobre el puente de la nariz—.
Nos atrapó, a mí y a Torjack en la posada, antes de que pudiéramos salir por la puerta trasera.
Me… estaba asfixiando con una mano invisible, casi como la que tú usaste cuando me sacaste del Cristal Inclinado, solo que la suya era más fría y virulenta.
—Me estremezco al recordar la dura magia de Maliek y su mirada violenta —.
Me persiguió y me llamaba «la noble». No entiendo qué quería decir con eso.
Thane mira hacia atrás, a la posada.
—No tienes que preocuparte por Maliek o por nadie más mientras estés conmigo.
—¿Porque no dejarás que nadie me lastime?
—Me alegra que al fin lo entiendas.
—Pero ¿por qué tiene tantas ganas de atraparte? —insisto.
Thane aprieta los labios con fuerza y da un paso atrás.
Me levanto y estudio sus rasgos, esas cicatrices irregulares y los reflejos oscuros de sus iris. La dureza de sus prominentes rasgos, la ligera protuberancia de su nariz, sus labios esculpidos.
—Eres un hombre con muchos secretos, Thane —murmuro—. Lo supe cuando te conocí. Eras un enorme misterio, deslumbrante, y me doy cuenta de que eso te gusta. Te gusta que las personas no sepan mucho de ti… no quieres que nadie te conozca.
—¿Adónde quieres llegar?
—Es solo que no puedo imaginar todo lo que escondes. O quién eres realmente debajo de todo ese negro y ese cuero.
Me devuelve la mirada y permite que pasen varios segundos en silencio antes de acercarse.
Se inclina, acerca los labios a mi oreja y toda mi columna vertebral se estremece, un cosquilleo baja de mi estómago hasta el interior de mis muslos.
Aprieto las piernas para alejar los sentimientos ilícitos que me provoca ese solo acto.
Su aliento cálido se derrama por mi pecho y hace que mis pezones se endurezcan bajo el corpiño. Contengo un suspiro desesperado que sube en mi interior cuando dice:
—No finjas que mis supuestos secretos no te intrigan, Quinlocke.
Cierro los ojos y trago saliva, ignorando el delicioso estremecimiento en mi estómago.
Cuando vuelvo a abrirlos, Thane se echa hacia atrás con una sonrisa sarcástica fingida en el rostro y me examina de arriba abajo; luego se aleja.
Quizá es mi imaginación, pero juro que escucho una risa gutural antes de que entre a la posada, como si supiera que sus palabras y su cercanía sacaron lo mejor de mí.
Me quedo sentada en la banca y resoplo.
Por todas las sombras, ¿qué está haciendo este hombre conmigo?