Capítulo 14 #2
—No creo. Puedes pagar la próxima. Sé que tienes dinero, pequeño bandido.
Rynthea se acerca a nuestra mesa, pero no tiene ojos más que para mí.
Es alta, fuerte y tiene una gracia tan formidable que es imposible de ignorar.
—Qué gusto verte despierta, Zaira —dice con media sonrisa—. Hubiera sido muy desafortunado que te murieras estando a mi cuidado.
—Ah, sí, de no haber sido por Rynthea probablemente estarías muerta —anuncia Torjack, metiéndose otra almendra a la boca—. Rynthea es muy buena para crear elíxires curativos. La gente acude a ella todo el tiempo en busca de remedios. Te heriste en el lugar y el momento correctos, mortal con suerte.
—Soy muy afortunada. —Lanzo un suspiro—. Muchas gracias por ayudarme, Rynthea. Me levantaría para estrecharte la mano, pero al parecer necesito otra media hora para que el cerwen salga de mi cuerpo.
—No te preocupes. —Rynthea se lleva la palma al pecho—.
Rynthea Kamtaur. Sí él no te lo ha dicho aún, es mi gemelo, Torjack Kamtaur.
Y el híbrido con púas que está en la barra es Penju —agrega, señalando con el pulgar sobre su hombro a un híbrido que parece puercoespín, y que está limpiando los tarros con un paño detrás de la barra.
—Sí, es difícil creer que somos gemelos, ¿verdad? —dice Torjack moviendo las cejas de arriba abajo—. Nuestra mamá acostumbraba bromear diciendo que Rynthea había robado toda la fuerza y la belleza, en tanto que mí me dejaron el cerebro.
Río y Rynthea resopla.
—O quizá solo estabas destinado a ser débil, hermanito.
Torjack suelta una risita y se mete más nueces en la boca.
—Sabes que no se pueden quedar mucho tiempo —dice Rynthea, volteando hacia Thane. Podría jurar que todo su semblante cambia. Su tono es más frío y hace una mueca clara—. La gente como tú siempre provoca desastres.
—¿Gente como yo? —repite Thane, frunciendo el ceño.
Mi corazón late más rápido. Un momento… ¿ella sabe que es un asesino de la Sombra?
—Sí. Se sabe que los hechiceros que se visten como tú y llevan todas esas armas siempre buscan pleito —agrega—. Siempre tengo que sacar a los que son como tú por provocar caos y manipular a la gente.
Me siento un poco aliviada. Para ella, es solo un hechicero alborotador. Apuesto que hay muchos así en Ruvain que pasan por aquí.
—Pues es bueno que pronto estaré fuera de aquí, ¿no? —dice Thane.
—Muy bueno. —Los ojos de Rynthea centellean mientras lo recorre con un gesto de desagrado.
—Un poco prejuiciosa, ¿no? —masculla Algar entre dientes.
—Nunca he entendido como la gente como tú puede vivir consigo misma —dice Rynthea.
Thane deja caer los brazos que tenía cruzados y se pone de pie para sostenerle la mirada fulminante.
—Adelante, entonces —lo desafía cerrando los puños y sonriendo con suficiencia. Esa sola acción hace que las venas de sus brazos se hinchen.
—Vamos, vamos —interviene Algar poniéndose de pie—. No nos pongamos hostiles, amigos. Rynthea, no buscamos problemas y te prometo que este hechicero sabe cuándo y dónde comportarse. Danos un momento y nos iremos. Incluso estaré pendiente del reloj de sol.
Rynthea no se amedrenta. Thane tampoco. Se miran fijamente a los ojos, Thane con la mandíbula tensa y Rynthea con esa sonrisa retadora.
Algo me dice que le encanta la confrontación.
Por la coraza y las muñequeras que lleva, lo apostaría sin dudarlo.
También apostaría que ha ganado todas las peleas que ha luchado…
o todas las peleas que ha tenido que acabar por culpa de hechiceros que no soportaba.
—Rynthea, Torjack me dice que es posible que la Posada Kamtaur cierre pronto —interviene Algar, poniéndose entre ella y Thane.
Tras unos segundos, al final ella aparta la mirada del hechicero. Algar es bueno para eso… interferir, cambiar el tema. Es un buen mediador.
—No es definitivo, y en verdad me gustaría que dejaras de decir esas cosas, Tor —le dice Rynthea a su hermano con una mirada intensa.
—Bueno, es cierto, Rynthea. —Torjack levanta las manos en el aire en un gesto inocente—. Kamtaur se va a la mierda porque estamos muy cerca de Ruvain, y he revisado los libros. Si no empacamos ahora y lo vendemos mientras todavía tiene algo de dignidad, este lugar se va a caer a pedazos.
—¿Tan mal está? —murmura Algar al tiempo que Zefra se sube a su hombro.
Rynthea exhala, retrocede un paso y planta una mano sobre su cintura.
—No… no está en su mejor momento. El negocio ha declinado desde que Ruvain empezó a hacer otra vez todo lo que le da la gana con los híbridos. A eso hay que agregar las visitas de Torjack al curandero y nuestras monedas son escasas. Hemos tenido que disminuir a dos barriles de cerveza al día.
—¿Sus visitas al curandero? —pregunto.
La miro a ella y a Torjack. Me parece absolutamente sano. La única razón por la que alguien hace visitas frecuentes al curandero es porque está lesionado, enfermo o nació con una enfermedad incurable.
—Diteria severa —responde Torjack encogiéndose de hombros—. A veces se me bloquea la columna vertebral. En ocasiones, mis manos no funcionan durante horas y todo mi cuerpo se convulsiona. Hay días en los que estoy atrapado en la cama porque mis piernas son totalmente inútiles.
—Ah —murmuro—. Lamento mucho oírlo.
—No, está bien. No todos somos perfectos, ¿verdad? Si ese fuera el caso, Orvena y Xaimur nunca se hubieran disputado y separado como dioses. Además, los curanderos ayudan… ah, y Rynthea creó una medicina que me alivia el dolor cada vez que no puedo acudir al curandero.
—No te preocupes, Zaira. —Algar me da un apretoncito en el hombro—. Torjack es de los duros.
Esbozo una sonrisa poco entusiasta. Me asombra cómo las personas más frágiles son aquellas cuya sonrisa es más resplandeciente. No puedo evitar sentir mayor respeto por Torjack.
—¿Puedo traerte algo de comer, Zaira? —pregunta Rynthea—. Acabo de preparar una olla de guiso de verduras y tengo algunas galletas de avena con chocolate, si quieres. La casa invita —dice, guiñando un ojo.
—Si no es mucha molestia, sí, por favor.
—Ninguna.
—En ese caso, me encantaría un poco. Gracias, Rynthea.
Asiente y da media vuelta, sus pezuñas golpean la madera.
Cuando cruza las puertas batientes de la cocina, un hombre entra por la puerta principal de la posada; lleva una capa gris con capucha en la cabeza. Thane se tensa y observa c ó mo el desconocido cruza la sala y se sienta en el otro extremo.
Penju se aleja de la barra para acercarse al hombre y tomar su orden. Cuando regresa, el hombre voltea a vernos. Examina a Algar, a Torjack y a mí con desinterés, pero cuando fija la mirada en Thane, entrecierra los ojos al reconocerlo.
« Oh, demonios ».
Una daga se materializa en la mano de Thane y usa la otra para subirse el pañuelo hasta el puente de la nariz. Sin darse cuenta de nada, Torjack y Algar retoman su conversación y hablan del pelaje de Zefra y de sus hábitos alimenticios.
—Thane —murmuro—. ¿Lo conoces?
—No. —Aprieta la empuñadura de la daga con más fuerza—. Pero no me gusta la manera en la que me mira.
Penju regresa al lado del hombre y coloca un tarro de cerveza en la mesa.
El desconocido lo levanta y le da unos tragos largos.
Quizá reconoce a Thane de algún lugar, como Garra Roja o Los Despojos.
Tal vez lo vio en acción y está tratando de averiguar si es un asesino de la Sombra.
Como sea, me alivia que no se moleste en volver a mirarnos.
Rynthea regresa con un tazón de madera lleno de guisado, una taza de agua y una charola de galletas de avena con chocolate.
Mi estómago gruñe cuando pone todo sobre la mesa delante de mí.
Ni siquiera me había dado cuenta de lo hambrienta que estaba hasta que veo la comida abundante e inhalo los deliciosos aromas. De inmediato, empiezo a comer.
Cuando termino, no queda una sola gota de caldo en el tazón.
—¿Te ayudó algo? —pregunta Thane.
—Sí. Mucho. —Dejo la cuchara y tomo una galleta de avena. Cruje cuando la muerdo y el chocolate explota en mi lengua—. Mmm. Está muy buena.
Caen algunas migajas en mi pecho, que Thane sigue con la mirada. Las sacudo sonrojándome.
—Dioses… amo la comida.
—No te pregunté, Quinlocke. —Suspira, mirando hacia otro lado.
—Si fuera tú, nada de lo que él diga me lo tomaría personal —Algar se echa para atrás en la silla y se balancea en las patas traseras con los dedos entrelazados sobre la nuca—. Es un idiota con todos.
—Sí. —Reprimo una risa—. Eso ya lo entendí.
—Lo conozco desde mi sexto año y siempre ha sido un engreído.
—Algar.
Thane fulmina a su amigo con la mirada arqueando una ceja, como si le advirtiera que tuviera cuidado.
— ¿Lo conoces desde tu sexto año? —pregunto sorprendida.
—Ah, sí. De hecho, era mi vecino. Vivía a dos casas.
—Guau. Entonces ustedes dos sí crecieron juntos.
Había pensado que exageraba.
—Sí. Éramos como hermanos.
Algar le sonríe a Thane. Este sacude la cabeza y se levanta de la silla, como si su pasado fuera lo último de lo que quisiera hablar.
—Voy al baño —es todo lo que dice antes de marcharse con pasos fatigados.
—Tendrás que contarme todo sobre tu infancia con Thane —digo mordiendo otra galleta—. Seguramente, en ese entonces no era tan gruñón.
—Nah. —Algar lo piensa—. Podía ser serio, pero no era el completo imbécil que es ahora. Hay muchas cosas buenas que recuerdo de él.
—Eso es bueno. Me encantaría escucharlas.
—Te contaría ahora, pero podría escucharme y hechizarme —dice guiñando un ojo—. Pronto.
Río. Luego volteo hacia la barra, donde Penju revisa los barriles y lee algo mientras Rynthea sostiene un portapapeles y marca cosas.
En ese momento se escucha un golpe seco a distancia y también advierto que el desconocido encapuchado que había entrado ya no está en su mesa.
Rynthea deja el portapapeles en la barra cuando los golpes se hacen más fuertes, junto con gruñidos profundos y amortiguados. Sus orejas se mueven como si intuyera algo.
Luego, las puertas dobles de la entrada se abren de par en par, azotándose contra las paredes, y entra un grupo de hombres enmascarados.