El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—¡No! —grito cuando él cae de rodillas.

Sus ojos brillantes se fijan en los míos, desesperados y temerosos, antes de volcarse y caer al piso.

Empiezo a correr hacia él, pero Algar me jala por el brazo y me arrastra sin dejar de gritar.

—¡Tenemos que seguir, Zaira!

Es evidente que la adrenalina es lo que me da energía, porque mientras corro con él mis pasos son más firmes y la realidad vuelve a ser clara.

No puedo ver cómo está Dulan ni ir en su ayuda.

Está muerto porque intentó ayudarnos, y nosotros seremos los siguientes si esos ruvaineros nos alcanzan.

Ese miedo es suficiente para impulsarme.

Podré sentirme devastada más tarde, cuando estemos a salvo.

Algar me sigue los talones, supongo que demasiado rápido para alguien que padece una cojera permanente. Thane está justo detrás de nosotros; con el rostro cubierto, sus ojos tienen un brillo dorado mientras cabalga a Perla.

Cuando llega a mi lado, me toma con su brazo musculoso y me levanta con la fuerza suficiente para sentarme de lado frente a él en el caballo.

Diablos. Qué fácil lo hizo.

—¿Y Algar? —pregunto mirando sobre su hombro para ver si los guardias nos alcanzan.

Algar aparece un milisegundo después, varios metros más adelante.

Me inclino otra vez a un costado de Thane y una lengüetada de calor me quema el brazo, seguido por oleadas de fuego que nos rebasan a toda velocidad. Grito cuando una flecha envuelta en llamas pasa volando y se clava en el tronco de un árbol.

—¡Thane! —exclamo al ver que más flechas se dirigen hacia nosotros.

—¡Toma las riendas! —ordena.

Paso una pierna sobre la montura de Perla y la mantengo lo más firme que puedo.

Thane gira sobre la montura, levanta una mano y lanza una bala de cañón de oro ardiente hacia los hombres que nos arrojan flechas.

Varios de ellos son híbridos en uniforme que corren a cuatro patas, esquivando troncos y saltando de árbol en árbol.

El fuego de Thane brilla lo suficiente como para alumbrar el bosque sombrío, y chamuscar a su paso las hojas y las ramas de los árboles.

Más flechas pasan zumbando y Thane las bloquea con un escudo resplandeciente.

Varios incendios empiezan a propagarse por el bosque como ríos abrasadores.

Miro por encima de mi hombro para ver a Thane que levanta las manos y gruñe cuando arranca un gran árbol desde sus raíces.

Lo azota en el suelo para bloquear a los guardias y luego extiende una mano hacia adelante para incendiarlo también.

Por todas las sombras.

Las llamas se extienden, eso es precisamente lo que él quiere.

El fuego envuelve el bosque a nuestras espaldas, tragándoselo por completo. Las flechas se detienen y los híbridos paran en seco. Algunos de ellos gritan la retirada. Aprieto los muslos para incitar a Perla a que acelere, al tiempo que Thane vuelve a girar para ver hacia adelante.

Cruzamos un claro a galope, pasamos una cascada ensordecedora y no nos detenemos hasta que podemos ver una construcción de dos pisos a lo lejos, iluminada con farolas doradas; probablemente es una posada.

Thane desmonta primero y extiende una mano para ayudarme a bajar, pero al caer sobre los pies, me tambaleo.

—Perdón —digo jadeando.

Me aferro a su brazo en un intento por enderezarme, pero el mareo se apodera de mí.

—Quinlocke —dice Thane—. ¿Puedes ponerte de pie?

—Sí, estoy bien.

Le suelto el brazo, pero es un error, porque me desplomo. En fin, al parecer no estoy bien.

—¡Ey, ey, ey! ¿Qué pasa? ¿Dónde estás lastimada?

Thane se quita el pañuelo de un jalón y se acuclilla a mi lado.

Otra persona aparece sobre mí, jadeando con fuerza.

—¿Qué le pasó? —pregunta Algar.

El brazo. Me quema. Me quema mucho. Me quejo por el dolor cuando Thane toca la manga de mi camisola donde la flecha ardiente la cortó. Rasga la tela para ver mejor.

—Mierda —dice.

Presiona un dedo en la herida. Lanzo un grito por el dolor más agudo. El mareo aumenta, la bilis me sube por la garganta. Voy a vomitar. Lo puedo sentir.

—Está envenenada. Tenemos que sacarle el veneno ahora —apremia Algar—. Levántala. Conozco a la dueña de esa posada adelante. Ella puede ayudar.

—Okey —responde Thane de inmediato—. Lleva al caballo, yo la cargo.

Parece casi… preocupado.

—Thane. —Mi voz sale como un murmullo cuando me levanta y me lleva en brazos.

Trato de hablar de nuevo, pero siento la lengua pesada e hinchada en la boca. Miro su rostro y advierto que la oscuridad empieza a nublar mi visión.

—Aguanta, Zaira —me anima Thane.

Escucho el chirrido de una puerta que se abre y la voz de Algar estalla al llamar a alguien.

—¡Rynthea! ¿Alguien ha visto a Rynthea?

El mareo se transforma en nieblas. Los párpados se me cierran y los latidos de mi corazón se reducen a un ritmo terriblemente lento.

—Zaira, mírame. Necesito que mantengas los ojos abiertos.

La voz profunda de Thane hace eco en mi cabeza. Repite sus palabras con un tono más firme, pero yo no puedo hacer lo que me pide.

Cierro los ojos y dejo que la oscuridad me consuma.