El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—¿Puedo hacerlo yo? —pregunta Algar cojeando tras él.

—Sería agradable que me preguntaras si yo quiero —interrumpo.

Pero no necesito molestarme, porque Thane levanta una mano y hace un movimiento con la muñeca.

La sonrisa se borra del rostro de Algar en el momento en el que pierde apoyo y aterriza en un costado con un golpe seco.

Zefra se eleva, batiendo sus alas antes de caer al suelo.

Podría jurar que el sonido que hace es similar al de una risa al verlo así.

—Eso debe significar que la quieres para ti —gruñe Algar, incorporándose sobre los codos, con la sonrisa más cínica que jamás haya visto.

Frunzo los labios para evitar sonreír también.

Veo cómo Algar tiene dificultades para ponerse de pie.

—Anda, déjame ayudarte.

Tomo su mano y él se levanta, no sin antes cojear un poco hacia la izquierda.

—Qué amable. No entendí tu nombre, princesa —dice sacudiéndose el polvo.

—Soy Zaira.

—Zaira. Magnífico nombre. Dime, Zaira, en nombre de todos los infiernos de Xaimur, ¿qué haces con este xerven? —pregunta señalando con el pulgar a Thane, quien se acerca a Perla.

No puedo evitar reír de su comentario.

—Él… me está ayudando en una travesía importante.

—Que no te incumbe —interviene Thane—. Quinlocke, vámonos. Entre más pronto nos movamos, mejor.

Mientras Thane amarra nuestras bolsas a la montura de Perla, Algar se tambalea hacia él.

—¿Una travesía a dónde? —pregunta, ignorando la descortesía de Thane.

Thane me dirige una mirada de advertencia antes de enfocarse de nuevo en Algar.

—Elfar —respondo.

Las cejas de Algar se desploman cuando nos mira a uno y otro.

—¿Al templo? ¿En Aguas Poco Profundas?

—S í —confirmo—. Ese.

Algar me mira incrédulo, como si esperara que le dijera algo más. Como no respondo, se acerca cojeando a Thane.

—¿Perdieron la cabeza o qué? Nunca llegarán a Elfar.

Thane desata a Perla y la aleja del árbol.

—Por favor, ten la amabilidad de explicarme por qué.

—Puedo darte un millón de razones, pero una de las principales es que te matarán antes de que puedas poner un pie en esa maldita isla.

—Espera. —Frunzo el ceño y Algar da media vuelta. Sus trenzas vuelan sobre su hombro—. ¿Qué isla? ¿De qué estás hablando?

—Ah, ¿No lo sabes, princesa? Aguas Poco Profundas se separó de tierra firme hace cuatro años. Algunos de los mapas aún lo muestran conectado a Thelanor, pero ya no es así, y si me preguntas, eso es bueno.

—Ah —mascullo, sintiendo la derrota en las entrañas.

—La mayoría de las personas que van ahí, mueren —dice Algar.

—Ahí hay algo que necesitamos —le informa Thane—. No importa lo que digas, no puedes convencernos de no ir.

Hay un largo silencio.

Fijo mi atención en Algar, cuyos ojos bajan al piso como si pensara algo. Luego alza la vista y dice:

—Bien. No trataré de detenerlos. Pero iré con ustedes. —Saca el pecho.

Para hacer énfasis en su teatralidad, Zefra aterriza en su hombro y su pelaje color pastel atrapa la luz del sol al tiempo que sacude las orejas.

Thane mira a su amigo de arriba abajo mientras se pone el par de guanteletes.

—No, no vendrás. Sólo nos retrasarás.

— ¡¿ Perdóóón?! Sólo porque rengueo no significa que soy lento. Sabes lo que puedo hacer.

En un abrir y cerrar de ojos, Algar desaparece de mi lado para aparecer de nuevo junto a Perla.

Contengo una exclamación y él me dirige un saludo con la mano.

—Puedes teletransportarte —digo en un murmullo.

Thane pone los ojos en blanco de manera casi imperceptible.

—Un truco de encantador. —Algar vuelve a guiñarme un ojo—. Me tomó años perfeccionarlo.

Eso explica que la guardia le diera elíxires inhibidores en la cárcel.

—¿Por qué pondrías tu vida en peligro viniendo con nosotros a Aguas Pocos Profundas? —pregunta Thane.

—Todos saben que hay tesoros en y alrededor de Elfar, que son suficientes para hacer rico a un hombre y a sus siguientes cinco generaciones. Con tan solo un puñado, mi vida estará asegurada.

—Eso suena desesperado. —Thane arquea una ceja en un gesto de sospecha—. ¿En qué clase de problema estás metido?

—¡En ninguno! —espeta Algar, pero advierto la entonación en su voz—. Bueno, sí tengo algunas deudas y una de ellas la tengo que pagar en las próximas dos semanas, de lo contrario volverán a echarme a prisión; pero aparte de eso, todo está bien —explica, antes de esbozar una sonrisa confiada.

Thane suspira.

—Vas a hacer que te maten, Algar —dice unos segundos después.

—Deja que yo me preocupe por eso.

Thane sacude la cabeza.

—Si mueres, me niego a vivir con la culpa de tener tu sangre en mis manos.

Algar me mira con una sonrisa taimada.

—Claro que no, viejo amigo. Mi sangre, mi destino. Entonces, ¿qué dicen? ¿Puedo unirme a esta expedición de la muerte?

Thane toma a Perla por las riendas y la aleja más.

—Es tu vida.

—Espera. ¿A dónde vas? —pregunta Algar.

—Rodearemos el perímetro de Ruvain. Ella no tiene salvoconducto para entrar y una mujer no puede cruzar así nada más.

—Mmm… Buen punto. Esos ruvaineros son unos bastardos —dice Algar rascándose la barbilla.

—Oye, ¿qué quieres decir? —pregunto. Me molesta no entender de lo que hablan.

—Olisquean a una nueva mujer y son como sabuesos —explica Algar—. Si te huelen, te atan y harán contigo lo que quieran. Son unos bastardos despiadados.

El terror me cierra la garganta.

—De cualquier manera, rodear el perímetro tomará mucho tiempo. —Algar sigue avanzando hacia Thane—. Supongo que están tratando de llegar a Gadonia y, por suerte para ustedes, conozco una ruta más rápida.

Thane se detiene de pronto.

—¿Es una ruta segura?

Otra sonrisa pícara cruza su rostro.

—Define «segura» .

Zefra vuelve a emitir un sonido parecido a una risa, sólo que esta vez parece una risita malvada.

Tengo un mal presentimiento.