Capítulo 11 #2
—Me pagaste por un servicio y me estoy asegurando de llevarlo a cabo.
No importa lo que pienses de mí, que soy…
—Cierra la boca. «Un asesino de la Sombra», estoy segura de que eso iba a decir—.
No importa lo que pienses de mi estilo de vida.
Te voy a llevar a ese templo, así que relájate y descansa un poco. Nos vamos a primera hora de la mañana.
—Está bien.
Es un poco tranquilizador. «Un poco». Sigo sin confiar en él. Cuando empieza a marcharse, levanto una mano.
—De hecho… espera.
Se detiene a medio paso y gira en mi dirección.
—Sé que es mucho pedir, pero ¿crees que podríamos… no estar en habitaciones separadas?
Frunce el ceño y me mira como si me hubiera vuelto loca. Quizá sea cierto. Ha sido un día muy largo.
—Es solo que estamos muy cerca de Ruvain y el territorio me es desconocido.
No podré dormir si me quedo sola en esta recámara.
No tenemos que hablar, y me quedaré en el otro extremo, tan lejos de ti como sea posible.
Incluso puedes dormir más cerca del fuego si quieres, para que estés caliente y cómodo.
Barre la habitación con la mirada, donde el calor ya es reconfortante.
—Anda —lo animo con una sonrisa—. Es una oferta tentadora.
—La verdad, no. —Inhala con desgana y luego exhala con los ojos cerrados, haciendo acopio de paciencia otra vez—. Está bien. Lo que sea para que estés tranquila.
Ignoro el alivio y la pequeña oleada de emoción que me invade. Emoción es lo último que debería sentir por dormir con él en el mismo cuarto. Pero si despierto y veo que se quedó, ¿significa que podré confiar un poco más en su palabra?
Supongo que ya lo sabré.
Thane entra y cierra la puerta.
Dejo caer mi mochila, me acuclillo y hurgo en ella. Saco una cobija y un chal. Cuando empiezo a extender la cobija en el extremo de la habitación más alejado a la chimenea, Thane se aclara la garganta.
—Toma el lugar junto al fuego —insiste.
Miro las llamas y luego a él.
—¿Estás seguro? No me importa quedarme aquí…
Señala el lugar con un gesto y asiente.
Recojo mis cosas y extiendo la cobija junto a la pared, donde puedo sentir el calor. Hasta ahora me doy cuenta de que los dientes me castañean. Me pregunto si él se dio cuenta y por eso me ofreció este lugar.
Es… un gesto amable.
Es extraño que al parecer él no tiene nada de frío.
Me acomodo sobre la cobija. Huele al perfume de Analla: flores dulces y lavanda. Quizá la tomé de su recámara porque no quería ensuciar la mía, o quizá no. ¿A quién le importa? Si le salvo la vida, ella me deberá más que una cobija que huela bien.
Me quito el corpiño, lo coloco bajo mi cabeza y me acuesto, mientras Thane se acomoda en un rincón al otro extremo de la habitación, frente a la ventana.
Pasan unos segundos en silencio mientras escucho el crepitar del fuego.
Empiezo a calentarme, pero no lo suficiente.
Aprieto más la cobija a mi alrededor y las flamas en la chimenea se hacen más grandes y brillantes.
Observo a Thane; sus ojos tienen un brillo dorado mientras observa fijamente el fuego, luego se atenúan un poco.
—Gracias —murmuro.
Dobla las piernas y descansa los codos sobre las rodillas, mirando por la única ventana que hay en la habitación.
—Así que… ¿Valkor? —Giro la cabeza para verlo bien—. ¿Ese es tu nombre o tu apellido?
Permanece callado.
—Por cierto, ¿cómo te involucraste en todo eso de los hechiceros asesinos? No dejo de pensarlo, y a menos que haya una sociedad súper secreta por ahí, no tiene sentido. ¿ Sabes que con solo verte en acción, cualquiera puede denunciarte basándose en sospechas, verdad? ¿Eso no te preocupa?
De nuevo, nada.
—¿Quién es Maliek? ¿También es un asesino de la Sombra? O solo es alguien que quiere la recompensa.
Me mira por el rabillo del ojo, pero su boca sigue cerrada.
—Okey, bueno, ¿y qué hay de Seferin? —lo apremio.
Su mandíbula se tensa.
—Cuando dije su nombre en el Cristal Inclinado reaccionaste. Parecías enojado, así que supongo que a ti tampoco te cae muy bien. Sobre todo si estás dispuesto a arriesgar tu vida para ayudarme a conseguir una piedra. ¿Para ti será como decirle «jódete» cuando la obtengamos y salvemos a Analla?
—Pensé que habías dicho que no teníamos que hablar —dice con una voz ronca y molesta que hace que mi estómago dé vueltas como loco.
—Si vamos a viajar juntos, es justo que sepa algo de ti, Thane. ¿O Valkor? Al menos debería saber cuál es tu verdadero nombre.
Rechina los dientes.
—Eres insufrible.
—Y tú actúas como un imbécil.
Mi comentario provoca un gesto, como si quisiera reír, pero no quisiera darme esa satisfacción.
—Si te digo mi nombre, ¿dejarás de hacer preguntas y te irás a dormir?
—Se lo dejo a Orvena. Quizá sí. Quizá no.
Suspira, extiende las piernas y cruza los brazos sobre su pecho.
—Mi nombre es Thane Valkor, pero si estás en mi lista negra, solo me llamarás Valkor. Tú no estás en esa lista, todavía, pero si sigues hablando, lo estarás.
—Okey, okey. ¡Uy! —Reprimo la risa—. ¡Qué genio!
Relajo los hombros cuando al fin dejo de tiritar. Los párpados se me caen conforme el calor de la chimenea me envuelve como una segunda cobija.
—La jornada de mañana será mucho más difícil que la de hoy —dice Thane tras un minuto o dos de silencio.
—¿Porque nos adentraremos en territorio de Ruvain?
Me quito los lentes y los coloco junto a mi cabeza.
—Exacto.
Sí. El territorio está lleno de ladrones, estafadores, más asesinos y, por supuesto, los híbridos que comen carne y viven en los bosques.
Y esa solo es la punta del iceberg. Aunque algunos de los híbridos viven en la naturaleza, en todo Thelanor existen bestias salvajes y monstruos que son exclusivamente eso, y la mayoría acecha a lo largo de las fronteras de Ruvain.
No son como los híbridos que viven entre los mortales, hechiceros y encantadores.
Son animales que nada más entienden que nosotros somos la presa y ellos los depredadores.
Xaimur, el dios de la corrupción, creó a algunas de las bestias y monstruos para tratar de superar en número a las criaturas de Orvena.
Orvena fue la diosa que creó a todos los seres vivos en Thelanor.
Quería que sus creaciones fueran pacíficas y deambularan libres y felices.
Incluso en algunas infundió habilidades mágicas, de ahí los hechiceros.
Para protegernos de la ira de Xaimur, lo encerró en uno de los infiernos más oscuros y profundos, y ella sacrificó su forma física para bendecirnos a todos los habitantes de Thelanor con su esencia.
Sí, aún hay monstruos y bestias, pero sus creaciones prosperan y superan en número las de él, por mucho.
Habría que adentrarse en algunos de los lugares más malignos y en los agujeros más oscuros de los bosques para encontrar a esos monstruos, pero la distancia no evita que algunos se acerquen a terrenos habitados si tienen hambre.
Muchas personas desaparecen o son atacadas y devoradas una que otra noche, lo que hace que estar en esta vieja morada, sin cerrojos en las puertas, sea un poco inquietante. Quién sabe qué acecha allá afuera en este momento, olfateándonos.
—El fuego no durará toda la noche. —La voz de Thane me saca de mis pensamientos. Ha permanecido callado tanto tiempo que casi olvido que está ahí—. No quiero que nadie advierta la luz.
—Sí. Entiendo. Gracias por calentarnos un poco.
Cierro los ojos y recuerdo que si algo trata de atacarnos, Thane se encargará. Está aquí para protegerme…
«O para robarme, matarme y dejarme pudrir en este lugar ».
Supongo que ya lo averiguaré.