El caos de los mortales (Mayhem 1) Capítulo 9
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Capítulo 9

—A ctúas como si no le tuvieras miedo a nada.

Aparto una rama del camino y alcanzo a Thane. Llevamos caminando ya casi media hora, abriéndonos paso en el bosque y atravesando campos de lodo.

—No lo tengo —responde.

—No lo creo. Todos tienen miedo de algo. ¿No te da miedo morir? De hecho, ni siquiera sé por qué me molesto en preguntar. Pareces un tipo que atrae los problemas en lugar de huir de ellos.

Apenas voltea la cabeza. No puedo verle todo el rostro, pero sí advierto su ceja arqueada.

— ¿Alguna vez te han dicho que hablas demasiado?

Me encojo de hombros.

—A mi hermana le gusta decirlo, a veces.

—Pues tiene razón.

Pongo los ojos en blanco y camino a su lado. Da grandes zancadas y se mueve con paso rápido. Puesto que es casi dos veces más alto que yo, casi sudo la gota gorda tratando de seguirle el ritmo.

Cuando nos acercamos a unas rejas de hierro oxidadas, arqueadas y empotradas en paredes de ladrillo negro, disminuye el paso para levantarse el pañuelo y cubrir la mitad de su rostro.

—Oh, no.

Un guardia con coraza de cuero rojo que vigila la puerta se yergue de cuerpo entero y planta una mano en la empuñadura de la espada enfundada que cuelga de su cintura.

—¿Qué demonios quieres?

Mi pulso se acelera conforme mi mirada pasa del guardia a Thane, quien parece aburrido.

—Déjame pasar, Chaun.

—¿Por qué lo haría después de lo que hiciste en tu última visita? —pregunta Chaun dando un paso adelante.

Otro hombre sale de la línea de árboles a nuestra izquierda, empuñando su arma.

«Dioses». A este paso, nunca llegaré a Elfar. Es probable que ni siquiera viva para ver el final del día , si Thane sigue midiéndose la verga con todo aquel con quien nos topamos.

—No estoy aquí para causar problemas —responde Thane—. Vine a comprar un caballo. Ahora, déjame pasar.

—La cuestión, Valkor, es que Garyn sigue furioso contigo.

«¿ Valkor?». Así que ese es su apellido. O ¿ quizá ese es su nombre y él solo usa el apellido? No lo sé.

—¿Sabes cuánto tiempo llevó limpiar las mesas de juego después de que te fuiste? Estaban forradas de terciopelo y había sangre por todas partes, pedazo de mierda. Tuvimos que reemplazar más de la mitad y enterrar a esos hombres.

Thane se encoge de hombros.

—Mis condolencias.

Thane se acerca a Chaun y extiende la mano; deja caer varias monedas de oro en la palma del guardia.

Chaun se asegura de que el otro guardia no lo ve antes de contarlas. Con un suspiro molesto, se hace a un lado.

—Pasa por la puerta trasera. Y te lo advierto: no dejes que Garyn te atrape. Compra tu caballo y lárgate. —Asiente en dirección del otro hombre—. Llévalos por atrás —agrega.

El otro guardia nos muestra el camino. Rodeamos el perímetro del muro de ladrillo hasta que aparece una puerta más pequeña; sus goznes rechinan cuando el guardia la abre. Sigo a Thane de cerca, ignorando el enfado evidente del desconocido.

Garra Roja no es un pueblo en realidad, es más un pequeño asentamiento.

Las calles están atestadas de gente. Sobre los muros de ladrillo cuelgan las copas de árboles frondosos, como si estuvieran orgullosos de mantener este lugar en secreto.

Es difícil distinguir el cielo; parece más oscuro aquí que al otro lado de las puertas.

A ambos lados de la calle se alinean chozas desvencijadas y, conforme avanzamos, algunas personas se asoman por las ventanas.

Aprieto la correa de mi mochila con más fuerza cuando advierto un grupo de hombres fumando junto a una taberna. Frente a nosotros, en el centro de la aldea, unos pabellones manchados de tierra forman un medio círculo.

Los comerciantes que están parados frente a ellos gritan los precios cuando pasamos, insistiendo en que entremos para ver lo que ofrecen. La mayoría sonríe y saluda con la mano. Ah, no, esta vez no voy a caer. Mantengo el ritmo de Thane, quien avanza decidido en busca de un caballo.

Un hombre con un enorme sombrero de ala ancha está sentado en una especie de cabina cerrada construida frente al pabellón, masticando de manera repugnante un puñado de semillas.

Al ver a Thane, escupe hacia un costado y suelta un suspiro.

—Mierda. Otra vez tú.

—Sí. Yo, otra vez —dice Thane, parándose en seco frente a la cabina en espera de que el hombre salga.

Es de baja estatura, rubicundo y barrigón. Sus huesos crujen cuando baja del banco, limpiándose la boca con el dorso de la mano para quitarse las cáscaras de las semillas.

—¿Qué le pasó a tu último caballo?

—Lo vendí.

—Tú no te encariñas con nada, ¿verdad? —pregunta Sombrero Grande esbozando una sonrisa.

Thane no sonríe. En su lugar, hace un gesto hacia los establos y dice:

—La mejor montura que tengas.

—No te saldrá barato —responde Sombrero Grande.

Thane mete la mano en su bolsillo y saca un puñado de monedas que pone en la palma de Sombrero Grande.

—El caballo. Ahora —ordena.

—Está bien, está bien. Tranquilo, asesino.

Después de contar las monedas, el hombre se va y con una risita entra a uno de los establos.

Veamos, primero Chaun habla de sangre en las mesas forradas de terciopelo y de hombres enterrados, ¿y ahora Sombrero Grande lo llama asesino? Estoy a punto de preguntarle a Thane qué quiere decir con eso, pero la voz de otra persona se superpone a la mía.

—¡No es quien creo que es! —exclama una voz atronadora a nuestra espalda.

Doy media vuelta mientras Thane inhala y exhala despacio, como si hubiera estado esperando a este hombre, pero tuviera la esperanza de poder evitarlo.

—Garyn.

Al fin, Thane se gira para darle la cara a la persona vestida con un chaleco rojo y un sombrero de nutria a juego.

Su piel es morena violácea y las gruesas trenzas blanco plateado le llegan a los hombros.

Un parche negro le cubre el ojo izquierdo, pero el derecho es perturbador.

La pupila es grande y parece absorber el color del iris.

Las personas que tienen los ojos así consumen las peores drogas. La kopa es la peor, porque es producto de sangre de híbridos que hace que los mortales se sientan invencibles, como si fueran muy veloces, pudieran volar o escalar muros.

Quizá puedan hacerlo. No lo sé con certeza. Analla hablaba de la kopa todo el tiempo, para que me sirviera como advertencia para que nunca, jamás, la probara.

Ese ojo siniestro de Garyn se abalanza sobre mí. Me dirige una sonrisa que supongo está destinada a ser encantadora. Retrocedo al tiempo que Thane avanza, bloqueándome un poco de su vista.

—Vamos a comprar un caballo y nos marchamos —le dice Thane.

Garyn no borra esa sonrisa torcida de su rostro y vuelve a centrar su atención en Thane.

—¿Qué? ¿Hoy no tienes ganas de pelear?

—No tengo tiempo —dice Thane.

—Ajá, claro.

Garyn se sorbe los mocos cuando Sombrero Grande regresa de los establos, llevando las riendas un caballo negro con la crin sedosa color marfil.

—Verás —dice Garyn agitando el índice en el aire—, no creo que te deje ir así nada más. La última vez destrozaste mi taberna y perdí a ocho buenos hombres. Desapareces durante semanas y ahora regresas, pavoneándote en mi territorio y comprando caballos como si estuvieras en tu casa.

Thane ladea la cabeza.

—Los caballos en Garra Roja son los más baratos. Además, pensé que tu gente necesitaría el dinero después de lo que pasó en mi última visita; ya sabes, esa de la que no dejan de hablar con tanto entusiasmo.

La sonrisa de Garyn se evapora, tensa la mandíbula y se acerca más a nosotros. Aprieto los puños, las uñas se clavan en mis palmas y retrocedo. Más hombres se forman detrás de Garyn, cada uno más amenazante que el anterior.

—Maliek te ha estado buscando. ¿Lo sabías? —Garyn se pasa la lengua sobre los dientes amarillentos.

Advierto la manera en la que Thane aprieta el puño ante la mención del tal Maliek.

Garyn también lo nota y lo mira con desdén.

—Así que, ¿qué te parece esto? —dice, agitando el mismo dedo fastidioso—. Tú me pagas por haber destruido mis mesas y haber matado a mis hombres, y yo no le diré a Maliek que te vi aquí.

Thane le dirige una mirada asesina y su silencio es ensordecedor. Luego examina a los hombres que están reunidos detrás de Garyn. Deben ser por lo menos una docena. Todos llevan un arma de algún tipo. Al ver las navajas, hachas normales y hachas de mano, mi estómago se hace nudos.

—Quizá deberías pagarle —sugiero.

Sin duda tiene suficiente dinero para hacerlo. Le di una bolsa llena; y si no tiene suficiente, a mí todavía me queda algo. No son muchas monedas de oro, pero es algo.

—Súbete al caballo —me ordena Thane sin quitarle los ojos de encima a Garyn.

—¿Qué?

—Súbete al maldito caballo, Quinlocke.

Cuando escucho que me llama por mi apellido, mi estómago da un vuelco… y no en el mal sentido, a pesar de los nudos de pavor que se están formando en él. Es bueno saber que por lo menos recuerda parte de mi nombre.

Me dirijo al caballo para hacer lo que me dice y paso una pierna sobre su lomo desnudo. En ese momento me doy cuenta de que Sombrero Grande ya no está por ahí.

Mierda. Esto no puede ser bueno.

—¡Vamos, Valkor! ¡No lo hagamos más difícil de lo que tiene que ser! —vocifera Garyn después de soltar una risa atronadora.

—Puede ser sencillo si te largas y nos dejas cruzar esas puertas con mi caballo —espeta Thane.

—¿Sin que me retribuyas? —Garyn chasquea la lengua—. Eso no va a pasar y lo sabes. Sugiero que saques las monedas ahora, antes de que pierdas algunas extremidades y, con suerte, un ojo.

Thane endereza los hombros y refuerza su postura defensiva.

—Seamos honestos, Garyn. Todos sabemos que después de hoy le dirás a todos que te quedaste ciego por mi culpa.

Una sombra cruza el rostro de Garyn, su piel se tensa detrás del parche.

—Bueno, si así lo quieres, espero que puedas llegar al Reino de Cristal, aunque uno de los infiernos de Xaimur parece más adecuado para un alma tan jodida como la tuya.

—Los hombres detrás de Garyn se arremolinan alrededor de mí y de Thane, empuñando sus armas con fuerza.

Garyn truena los dedos—. Mátenlo y tráiganme a la niña bonita.

—¿Qué? —grito.

Por todas las sombras, ¿qué tengo yo que ver en todo esto? Fulmino a Thane con la mirada, esperando que haga algo. Él no mueve un dedo.

¿Por qué se queda ahí parado? ¿Por qué no trata de sacarnos de aquí?

—Oh, Orvena.

Aprieto las riendas para alejar al caballo de él, lista para lanzarme a galope hacia las puertas y largarme. «Al carajo». No voy a morir por el ego de nadie.

Estalla un grito de guerra y uno de los secuaces de Garyn se abalanza con el hacha en el aire para asestarle un golpe a Thane.

Este lo evita con facilidad y una daga aparece en su mano.

Acuchilla al hombre en el pecho, lo hace girar para cortarle la garganta y luego lo patea hacia otro hombre que se dirigía hacia él.

Todo esto con movimientos más rápidos que un parpadeo.

Retrocedo con el caballo en busca de una salida. La única vía de escape que advierto es la puerta por la que entramos. Me dirijo hacia ella cuando más hombres rodean a Thane, alguien me jala hacia atrás de la mochila antes de que pueda ir a ningún lado y me azota en el suelo.

El caballo relincha y no pierde tiempo para irse trotando mientras el aire escapa de mis pulmones. Toso. Un hombre aparece sobre mí con hacha en mano. Lanza un hachazo en mi dirección, pero me aparto del camino justo a tiempo y me levanto.

—Vamos, niña bonita —me provoca, lamiéndose los labios—. No te voy a lastimar si no te resistes.

—¡Thane! —grito.

Con la misma rapidez con la que grito su nombre, una daga cruza el aire silbando y se clava justo en la sien del hombre del hacha. Vaya. Supongo que sí desquita su paga.

Cuando el hombre se desploma sobre las rodillas, la daga regresa como por arte de magia a la mano de Thane.

Sangre escurre por la herida del hombre del hacha antes de que se desplome por completo.

Si esto hubiera pasado durante una práctica de tiro al blanco y no con un verdadero mortal me hubiera parecido extraordinario.

Vuelvo a centrar mi atención en Thane. Se quita de encima a cada uno de sus atacantes, usando una mano para degollar y apuñalar, y la otra para derribar con espirales dorados a los que van llegando.

Cada golpe es de una precisión perfecta.

No hay ni un solo error o caída. Nadie puede asestarle un golpe o siquiera ponerle un dedo encima.

Si una espada se abalanza en su dirección, la esquiva y contraataca.

Para ser francos, ni siquiera está sudando. Está tan relajado que hace que parezca fácil; sin embargo, cada golpe es despiadado y letal; cada movimiento está practicado, es premeditado.

Es muy bueno con su magia, muy bueno con sus espadas y sus dagas. No como los soldados de los Divinos, sino más como un asesino natural, como un…

Gira y bloquea a otro atacante con su espada, al tiempo que de su mano sale una espiral mágica. Entrecierro los ojos, incapaz de respirar mientras veo cómo se disipan los hilillos dorados de su poder, dejando volutas negras a su paso.

La realidad de lo que estoy viendo me golpea como si fuera una roca de una tonelada:

La manera en la que pelea sin ningún esfuerzo, haciendo girar sus armas en el aire, decapitando y apuñalando a los hombres en el corazón. Y con quienes no están a su alcance utiliza dagas mágicas, que atrae de regreso para acabar con ellos.

Cuando nos vimos por primera vez en el Cristal Inclinado infundía miedo a todo el mundo.

Salta de tejados peligrosamente altos y aterriza sin hacer ruido.

Amenaza con decapitar skrellins salvajes.

Derrama sangre en mesas forradas de terciopelo.

Entierran hombres por culpa de él.

«Tranquilo, asesino».

Y las sombras negras que produce su magia…

Thane no es un hechicero común y corriente que se cubre el rostro con un pañuelo y viste coraza de cuero.

Es un hechicero que conjura magia negra para matar.

«Es un asesino de la Sombra».