12. Magnetita resonante
—E s el de ella, ¿verdad? —consultó Malcolm a Pan, una vez que se encontraron solos en sus habitaciones—. En realidad, no sé por qué lo pregunto. Es evidente que es el de ella. Es el mismo que le robé a Gerard Bonneville.
Lo depositó en la mesa, junto a la magnetita, y volvió a levantar la tela. Pan lo observó, tembloroso, con avidez, tocándolo aquí y allá.
—Sí —susurró—. ¿Qué habrá pasado?
—Alguien lo robó y después lo destrozó. O lo dejó caer desde una gran altura. Es lo único que podemos deducir.
—Siempre lo acaban robando —comentó Pan—. Debió de ser un grifo el que se lo robó a Lyra. De todas formas, será mejor que no digamos «robar», porque parece como si creyeran que tienen derecho a quedarse con todo el oro que existe. Pero ¿cómo diantres lo vamos a arreglar?
Malcolm lo movía entre las manos, examinándolo desde todos los ángulos.
Estaba aplastado, resquebrajado y torcido, y no había forma de determinar qué piezas faltaban.
Un lector experto del instrumento lo contemplaría con horror, imaginando que ya no volvería a funcionar; un relojero lo consideraría como un problema técnico y tendría las herramientas necesarias para desmontarlo y volverlo a enderezar, pero tal vez no sería capaz de imaginar cuál era su función. ¿Qué podía hacer Malcolm?
—¡Mira, son palabras! —exclamó Pan, al percatarse de la sucesión de letras manuscritas que aparecieron en la magnetita.
Malcolm dejó el aletiómetro para leer:
OS a MP:
Polstead, ¿dónde diablos está? ¿Qué hace? Responda no bien lea esto.
El Magisterio ha descubierto algo que no sospechábamos. En diversos puntos de la tierra existen unos elementos anómalos que parecen funcionar como aberturas o portales de paso entre espacios que de lo contrario no serían contiguos. La hipótesis de Barnard-Stokes podría ser pertinente en este caso.
Existen diecisiete lugares como estos conocidos y catalogados, y posiblemente otros ocho, que no se han examinado aún.
El Magisterio es consciente de las repercusiones que tiene este fenómeno para los fundamentos de su teología.
Hasta hace poco, solo tres personas sabían de su existencia: el descubridor, Hugo Beamish, un geógrafo al servicio del Magisterio, que se encuentra ahora en paradero desconocido; el presidente magisterial, Marcel Delamare; y un tal coronel Wolfgang Schreiber, a quien Delamare ha encargado localizar y destruir esas aberturas.
Hasta el momento lo ha conseguido con tres de ellas, mediante explosiones termobáricas.
La tercera explosión, que llevó a cabo en una zona boscosa del este de Bélgica, fue presenciada por casualidad por un agente de OS, que a raíz de ello investigó y logró hacerse con los papeles a partir de los que trabajaba el coronel Schreiber.
No parece que eso vaya a acarrear buenas consecuencias para Schreiber, pero en adelante tendrán más cuidado.
Y ahora explíqueme dónde diablos está y qué hace.
G ODWIN
—Después me ocuparé del aletiómetro —le dijo Malcolm a Pan—. Más vale que responda a esto.
Pan se agachó para inspeccionar con todo detalle el instrumento, mientras Malcolm escribía:
MP a OS:
Disculpe. Me vi interrumpido. Estoy en la cumbre del monte Damāvand, que, si mal no recuerdo, queda cerca de la ribera sur del mar Caspio.
Estoy cautivo y se presenta muy difícil la perspectiva de escapar.
Soy rehén de los súbditos de la reina Shahrnavāz, soberana de un territorio que se extiende hacia oriente hasta Sinkiang, y posiblemente más allá.
Como consideran que tengo un valor para ellos, me van a custodiar con rigor.
A sus manos llegó por azar un aletiómetro, tan roto que casi es irreparable, y quieren que yo lo repare.
Después, confío en que nos dejen marchar.
Cuénteme, por favor, cuanto sepa sobre el plan del Magisterio. Creo que yo sé algo sobre esas aberturas.
P OLSTEAD
OS a MP:
Aberturas catalogadas y verificadas por Beamish (las que tienen*, destruidas por Schreiber). Los detalles precisos de ubicación son demasiado largos para transcribir ahora, pero están disponibles de ser necesarios.
Suiza*
Alpes franceses
Alpes italianos*
Bélgica*
Normandía
Gales del Norte
Pirineos españoles
Túnez
Madagascar
Yemen
Azerbaiyán
Moscovia, región de Velikhi Novgorod
Mongolia, región de Yolyn Am
Java, región de Bandung
Alaska, región de Brooks Range
Brasil, región de São Paulo
Australia, desierto de Gibson
Catalogadas por Beamish, pero no verificadas:
Región de Karelia
Lop Nor / Karamakán
Marruecos / montañas del Atlas
Haití
Nipón / región de Hokkaido
Jordania, región de Petra
Suecia, región de Falun
Creta
¿Tiene mucho tiempo libre, Polstead? Avíseme cuando esté dispuesto a seguir adelante. Ah, y averigüe algo sobre el alkahest.
G ODWIN
MP a OS:
¿Alkahest? Es la primera vez que oigo esa palabra.
Lo indagaré cuando el tiempo lo permita.
Por casualidad, está cautivo conmigo Pantalaimon, el daimonion de Lyra Lenguadeplata.
Ya sabe que yo puedo separarme de mi daimonion: Lyra y Pan poseen la misma facultad.
Según me ha contado, hace unos diez u once años, los dos hicieron un viaje hasta las lejanas tierras del norte, en el curso del cual encontraron varias «aberturas» como esas que usted describe (llamémoslas así).
Están formadas por acción humana, aunque es posible que algunas aparezcan de manera natural.
No se equivoca al establecer la relación con la idea de Barnard-Stokes.
Las aberturas conducen a otros mundos, otros universos.
Parece ser que hay una infinidad de dichos mundos.
Naturalmente, el Magisterio querría cerrar todas las aberturas que localizaron.
La lista de Beamish es sin duda producto de un gran esfuerzo por su parte, pero intuyo que existen muchas más que él no descubrió.
Infórmeme, por favor, de cuanto sepa a propósito de la que está en Lop Nor. Creo que es de ahí de donde proviene el material de las rosas.
También a propósito de las tentativas del coronel Schreiber por destruirlas. ¿Qué efecto produjo el explosivo termobárico? ¿Se cerraron por completo?
También a propósito de la reacción del Magisterio con respecto al robo de los papeles de Schreiber.
Podré seguir adelante en cuanto haya reparado el aletiómetro roto.
Es de oro; la reina y sus súbditos están obsesionados con ese metal.
Para ser precisos, los enloquece el deseo de poseerlo.
Su palacio está construido en la misma cumbre de esta montaña y la única forma de acceder a él es por el aire.
Me trajeron volando junto con Pan y, para salir, nos van a tener que llevar ellos también o, de lo contrario, nos quedaremos aquí para siempre.
En cuanto a Lyra Lenguadeplata, las últimas noticias que tuve de ella fueron en Alepo, pero sé que viaja hacia el este, con el propósito de llegar a un determinado punto del desierto de Karamakán, posiblemente esa abertura de Lop Nor catalogada en la lista de Beamish.
P OLSTEAD
OS a MP:
Los explosivos termobáricos solo consiguen un resultado parcial.
No pueden destruir por completo la abertura.
Dejan unos orificios pequeños en el aire, pero que son imposibles de franquear para un ser humano.
Aparte de eso, dado que se encuentran por lo general en lugares de difícil acceso, es escaso el peligro de que sean detectadas.
El Magisterio se concentra ahora en lograr una versión mejorada y más potente de la bomba o de una mejor manera de dirigir la fuerza de explosión.
El presidente está tremendamente volcado en hacer que funcione.
Aparte, ha destinado una fuerza militar bajo mando de Schreiber con objeto de cerrar todas las aberturas conocidas.
Antes ha dicho «formadas por acción humana».
Agregue más información al respecto, y también sobre la reina Shahrnavāz.
Explíqueme todo lo que sabe, sin demora.
NO PERMITA QUE ESTO LO DISTRAIGA DE SU COMETIDO PRINCIPAL.
G ODWIN
—Eso será más tarde —decidió Malcolm, antes de centrarse otra vez en el aletiómetro.
Lo hizo girar, examinándolo con actitud imparcial—.
Lo primero que voy a hacer es desmontarlo para ver qué falta.
Por lo que sé, la caja no es un elemento esencial.
Lo importante para la lectura es el mecanismo, pero, dado que las piezas de adentro no son de oro, a los grifos les va a dar igual.
Podría hacer algo con el oro de la caja y confeccionar una caja separada donde guardar a salvo los mecanismos hasta que lo pueda devolver a Lyra.
—¿Crees que la vamos a encontrar?
—¿Tú no?
—Bueno… Espero que sí.
—Sí, confía. Ahora veamos qué es lo que falta.
El vidrio, claro está. De todas formas, no creo que lo hubieran roto.
Alguien lo quitó, porque no está la pletina de ensamble y tampoco hay pedazos de vidrio.
El aletiómetro quedó así aplastado después de que hubieran retirado el vidrio.
La pletina iba enroscada al bisel, aquí… Vaya, esto es interesante.
—¿Qué?
—Se enrosca en sentido contrario a las agujas del reloj.
¿Ves el sentido de la ranura? —Pan examinó el lugar adonde Malcolm señalaba—.
El primer contacto que tuve con Hannah Relf fue con relación a una bellota esculpida en madera que se desenroscaba así, al revés.
Cuando la vi desenroscarla, entendí que estaba destinada a ella, porque si no, habría intentado abrirla en el otro sentido, el contrario a las agujas del reloj.
Y con esto ocurre lo mismo… ¿Alguna vez abrió Lyra la tapa para mirar adentro?
—No. Nunca se nos habría ocurrido.
La caja de oro estaba tan deformada que parecía como si hubiera estado atenazada por una potente garra. Malcolm le fue dando vueltas, en busca de algún otro indicio.
—La esfera está resquebrajada —señaló Pan.