11. El monte Damāvand
P an dormía junto a Malcolm a lomos del grifo, pero no de forma reposada; estaba agitado por sueños turbadores y, de vez en cuando, sacudía las patas y de su garganta brotaban gritos ahogados. Malcolm no podía tocarlo, como era lógico.
—Tranquilo, Pan, no te preocupes —le susurró en su lugar—.
Ella está de camino, al igual que nosotros.
En algún lugar de la tierra, estará desplazándose hacia el este igual que nosotros.
No le pasará nada. Es fuerte, valiente e inteligente, y te quiere más que a nada en el mundo.
Además, Asta está con ella. ¿Quién iba a pensar que pudiera ocurrir tal cosa?
Cuando despiertes, podemos hablar de todo y decidir qué vamos a hacer cuando nos reunamos con la reina de los grifos.
El pequeño daimonion se apaciguó. El príncipe Keshvād batía las inmensas alas, de manera incansable e ininterrumpida.
Malcolm se habría dormido, de no haber sido por el dolor de la cadera y la constante sensación de incomodidad que le producía el hecho de encontrarse suspendido a cientos de metros de altura sin nada a lo que agarrarse.
Aparte, hacía un frío terrible. Contemplaba las estrellas y, de vez en cuando, cambiaba con sumo cuidado de posición para aliviar la rigidez de las articulaciones y el insistente dolor de la cadera.
En cambio, no podía hacer nada para mitigar el frío.
El tiempo transcurría y, sin querer, se quedó dormido un rato.
Al despertar, quedó conmocionado un instante al descubrir que Pan se había acurrucado contra su pecho, como si el daimonion hubiera buscado por instinto la única forma posible de calentarse.
Entonces ajustó la chaqueta para cubrirlos a ambos y dejó que se le cerraran de nuevo los párpados.
—Malcolm —oyó que le decía Pan—, esos grifos que han llegado volando a ese jardín…, ¿los habías visto antes?
—Vi algo parecido a ellos… Pan, ¿tú notas si le ha ocurrido algo a Lyra?
—Por lo general, sí, pero no en concreto. Aunque, evidentemente, seguimos siendo un solo ser… ¿Qué viste que se parecía a los grifos?
—Cuando Alice y yo viajábamos por el Támesis contigo y con Lyra, que erais muy pequeños, vi…
o, más bien, los dos vimos… un antiguo rey del río, un gigante que salió de debajo del agua.
Estaba allí en el río, cerca de nosotros.
Incluso sostuvo a Lyra en la palma de la mano y después se besó la punta del dedo y le tocó la frente con él.
—¿Y yo qué hice?
—Tan solo te quedaste acostado allí con ella, mirando.
Y luego, más adelante, vimos un hada. Quería quedarse con Lyra, pero se lo impedimos con una artimaña.
Aun así, le dio de mamar a Lyra. Bien, a lo que me refería es que el dios del río y el hada eran igual de extraños que esos grifos, como si pertenecieran al mismo orden de seres.
Guardaron silencio unos minutos, mientras los grifos seguían volando y las estrellas giraban despacio en el cielo. Luego Pan volvió a hacerle una pregunta.
—Malcolm, ¿tú qué crees que es la imaginación?
—Me parece que probablemente tú sabes más de eso que yo. ¿Acaso no te fuiste en busca de la imaginación de Lyra? Seguro que tenías alguna idea de qué era lo que buscabas.
—Hablé de eso…, o más bien escribí, cuando estaba enfadado y…
pensaba que Lyra había cambiado. Había leído unos libros…
que parecían burlarse de todo lo que ella era antes.
Bueno, como mínimo uno de ellos era de ese tipo, una pura sucesión de risas huecas, como si todo careciera del menor valor.
Y el otro, Los hiperchorasmios , estaba repleto de odio insensible hacia cosas como la imaginación.
—Ella no debía de tomarlo muy en serio, ¿no?
—Pues sí. Con eso se volvió dura y despectiva.
—¡No puede ser!
—Fue por eso y no por otra razón. Fue por ese libro. Cuando me marché de Oxford, fui a hablar con el autor.
—¿De veras? ¿Con el propio Gottfried Brande?
—Sí, en Wittenberg. Era igual que su libro.
Tiene una hija que vive con él y que era muy infeliz.
Me parece que no sabía cómo sentir aprecio por nadie ni por nada.
Eso se refleja en su libro. Cuando Lyra lo leyó, fue como si perdiera algo, una parte de interés, de curiosidad y de…
apertura de espíritu, de tolerancia. Era como si el filósofo, Brande, fuera su padre y ella tratara de complacerlo.
De todas formas, yo…, yo fui muy cruel con Lyra.
Le recordé algo que había hecho… cuando nos separamos por primera vez…
y la acusé de haberme traicionado. Sé que en realidad no fue así, pero me sentí…
El pequeño daimonion estaba tan abrumado que no pudo seguir hablando. Malcolm creyó que tal vez sollozaba, pero permaneció rígido y callado, todavía al calor de su chaqueta, sin producir ningún sonido.
—Poco antes de morir, el viejo decano del Jordan me contó algo sobre Lyra que dudo que le hubiera confiado a nadie más —explicó Malcolm—.
Fue en el periodo en que le di clases particulares y no funcionaban muy bien.
Le comuniqué al decano que quería dejarlo y que lo mejor era que buscara otro profesor.
Entonces me habló de las experiencias que ella había vivido de niña, cuando fue al Ártico…
Puesto que fui yo quien la llevó, siendo un bebé, al Jordan College, junto con Alice, el decano sabía que yo había estado implicado en su vida, pero yo lo ignoraba todo sobre ese viaje a las tierras del norte.
En realidad, no la conocía prácticamente de nada hasta que le di clases durante unas cuantas semanas.
El caso es que el decano me habló de su infancia en el Jordan, me contó que su madre había acudido para llevársela, en contra de la voluntad del mismo decano, me explicó que le había entregado el aletiómetro…
—De eso me acuerdo. Nos dijo que la señora Coulter no debía enterarse. Nos pasábamos horas con él, tratando de descifrarlo.
—Pues el decano me contó que el aletiómetro había predicho…
, eso fue antes de que se lo diera, cuando tenía solo unos once años…
, había predicho que iba a verse implicada en una gran traición, que ella misma iba a ser la traidora y que sería una experiencia terrible.
Ella, sin embargo, no debía saber nada de dicha predicción.
El decano pensó que algo así debía de haber ocurrido cuando ella, cuando vosotros dos estuvisteis en el norte, porque volvisteis cambiados…
; más tristes, dijo. Se notaba que habíais sufrido.
Nunca le preguntó nada al respecto, y solo me lo confió porque creía que podía ayudarme a entenderla mejor y comprender el motivo de sus dificultades.
—Es que… fue…
—Está bien. No tienes por qué explicármelo —dijo Malcolm, al ver lo mucho que le costaba hablar.
—No, pero… ¿Fue algo que ya estaba pronosticado?
—Eso dijo el decano. No sé si el aletiómetro es capaz de pronosticar con exactitud cosas, pero…
—Es más bien como una especie de probabilidad, o de posibilidad, quizá… Lyra se lo preguntó una vez a la doctora Relf, aunque no en relación con… Nosotros no sabíamos nada de eso, de la predicción de la traición.
—¿Habría alterado en algo la situación, justo antes de que te fueras? ¿Cuando los dos estabais peleando?
—Sí, creo que sí… No sé. Es probable. Aunque si era algo que ella tenía que hacer, para cumplir una promesa…
—Me parece que en ese caso no sería exactamente una traición.
—¿Te dijo algo más el decano?
—Que no me tomara como un fracaso personal el hecho de que no hubieran funcionado bien las clases con ella…, con vosotros.
—Los dos sabíamos que no se portaba bien. Estábamos muy descontentos con eso y con otras cosas… Había un muchacho al que conocimos en… Nunca te hablamos de los otros mundos, ¿verdad?
—No —confirmó Malcolm—. Yo confiaba en que algún día me hablara de estas cosas, si…
—Si yo no me hubiera ido.
—Pues sí.
—Lo habría hecho. Cada vez le caías mejor.
Pero ese muchacho, Will, Will Parry, provenía de un mundo como el nuestro, pero muy distinto.
Al principio, no sabía que tenía un daimonion.
Ella y Will fueron a un sitio a donde yo no estoy autorizado a ir, al mundo de los muertos.
Para él debió de ser igual de doloroso, porque su daimonion tampoco podía ir.
Digamos que su daimonion apareció, o adquirió su presencia, en el linde del mundo de los muertos, y entonces solo me tenía a mí…
Yo tuve que enseñárselo todo. Nos consolamos el uno al otro.
Me parece que me habría vuelto loco de miedo y soledad si no hubiera sido por…
Lo cierto es que Lyra no fue allí por capricho, sino por obligación.
Había hecho la promesa de rescatar a alguien y la estaba cumpliendo, y para eso tuvo que dejarme atrás.
Fue horrible, espantoso, para los dos, pero como yo tenía a mi lado al daimonion de Will y ella tenía al propio Will, no estuvimos del todo solos.
El caso es que, al final, descubrimos que él tenía que volver a su mundo y nos tuvimos que despedir, para siempre.
Por eso, una parte de ella y de mí siempre estará enamorada de ellos, aunque no volvamos a verlos.
Lyra no le explicó eso al decano, ni tampoco se lo ha explicado nunca a nadie.
Tú eres la única persona que sabe —precisó, sin terminar la frase.
Pese a su intensa curiosidad, Malcolm no quiso presionarlo para que añadiera más.
—Creo que deberíamos haberle contado al decano lo que ocurrió y por qué —declaró Pan—. Con eso, probablemente habríamos podido hablar de la cuestión entre nosotros.
—¿No lo hablasteis?
—No como es debido. En realidad, casi nada. Es que era muy difícil.
—Bueno, cuando la encontremos…
—¿Crees que la vamos a encontrar?
—Estoy convencido de que sí.
Transcurrieron un par de minutos.
—Cuando la encontremos, hablaremos de todo —dijo Malcolm.
—Está bien.
—El decano me contó algo más.
—¿Qué fue?