El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 29 Veintinueve
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29 Veintinueve

VEINTINUEVE

Resultaba irritante ver a Preston escabullirse tras las mujeres en ese paseo que, según él, era solo para las autoras. Ahora iría a por Bella, jugaría su última carta. Pero yo no podía seguirlo.

Ella estaría a salvo. Y no solo porque Bree, Hayley y Taffy estuvieran con ella. Bella era lo bastante fuerte para cuidarse sola. Siempre lo había sido. Solo necesitaba recordarlo.

Y ahora que lo había recordado —y estaba convencido de que estaba a punto de despellejar vivo a Preston, con suerte por última vez—, yo estaba listo para hacer mi parte.

Heather no se había ido con las demás. Se creía muy discreta al salir del edificio principal, en el que había entrado con la excusa de pasar por el baño y alcanzarlas después. Al reaparecer, ni siquiera miró hacia el lago. Tenía la vista puesta en las cabañas. En nuestras tres cabañas.

Brody se colocó a mi lado.

—Sabes lo que está haciendo, ¿verdad? —Parecía frustrado, pero era demasiado leal para ir tras ella y detener lo que iba a pasar.

—Lo sé —confirmé soltando el aire con fuerza—. Está a punto de llevarse una sorpresa ahí dentro.

Brody esbozó una sonrisa torcida.

—Sí, eso va a ser divertido.

—Totalmente.

Miré a mi alrededor. Solo quedábamos un puñado. Por alguna razón, en nuestro grupo había muchas más autoras que autores.

—Supongo que es hora de desaparecer. Esto no funcionará si estoy aquí plantado cuando vuelvan.

—Vete a nuestra cabaña —me indicó Brody—. Yo te aviso cuando sea el momento.

Apreté los labios y asentí.

—Solo quiero que esto termine. Tengo la sensación de que estamos atrapados en un episodio de Scooby-Doo.

Brody estalló en carcajadas.

—¿Crees que podremos arrancarle una máscara de goma a Preston cuando todo acabe?

—Por desgracia, su máscara no se quita. Siempre está ahí, a la vista de todos.

—Tío. —Brody bajó la voz—. Podemos acabar con esto ahora mismo. Podemos alcanzar a Bree y a Bella y largarnos.

—Y romper el contrato, lo que nos dejaría en mal lugar a todos como autores.

—Sí, pero cuando les contemos lo que ha estado pasando, no les quedará más remedio que entenderlo.

—¿No crees que, de todas formas, le echarán la culpa a Bella? —Lo atravesé con una mirada seria.

—No es culpa suya —respondió de forma automática.

—Les dará igual. Solo sabrán que ella fue el motivo de que Preston hiciera todo esto y puede que decidan que no merece la pena tanto drama.

Brody se quedó callado y vi cómo esa posibilidad le daba vueltas en la cabeza.

—No voy a dejar que le haga daño —dije en voz baja—. No de esta manera. No con algo que podría arruinarle la carrera para siempre. Tiene que ser como lo planeamos.

Brody soltó un suspiro. No le gustaba el drama, pero entendía lo que le decía y estaba de acuerdo.

—Vete a nuestra cabaña. Deja las luces apagadas para que nadie sospeche. No debería tardar más de veinte minutos.

Asentí.

—Estaré listo.

ESTAR SENTADO A OSCURAS EN LA CABAÑA DE brODY FUE un suplicio. Aun así lo hice, y me llené la cabeza de imágenes de la sonrisa de Bella mientras esperaba. Cuando por fin llegó el mensaje de Brody, estaba más que preparado. Era simple.

Brody: Es la hora.

Salí por la puerta trasera de la cabaña y avancé pegado a la pared. Las luces de mi cabaña estaban encendidas y se oían voces alteradas. Antes de que pudiera moverme en esa dirección, oí pasos en el sendero de la izquierda y me quedé petrificado.

—No he terminado de hablar contigo —espetó Preston mientras Bella avanzaba a toda prisa unos pasos por delante—. Ni de lejos.

—Llevas años sin tener nada que decirme, al menos nada que importe —replicó ella—. No quiero hablar contigo. Nunca.

—Vas a cambiar de opinión —canturreó él cuando ella llegó a los escalones que subían a nuestro porche—. En exactamente treinta segundos me estarás suplicando que vuelva.

Bella no se molestó en mirar atrás. Siguió adelante, hacia el sonido de las voces alteradas, y abrió la puerta de golpe con tanto dramatismo que no pude hacer otra cosa que sonreír.

—¿Qué demonios es esto? —exigió.

Desde algún punto detrás de la cabaña, en una zona que no alcanzaba a ver, Hayley hizo lo que le salía por naturaleza.

—¡Esa boca! —ladró.

Sonreí de lado, pero no dije nada. No moví ni un músculo, consciente de que Preston me oiría en cuanto saliera de mi escondite. Me tomé un momento para observarlo: la suficiencia con la que miraba hacia donde Bella acababa de entrar me hizo muchísima gracia.

Estaba a punto de llevarse su merecido.

—¡Esto es asqueroso! —dijo Bella con un pelín de emoción de más.

No era buena actriz. A mí me parecía bien. No quería que fuera nada más que ella misma.

Preston soltó una risita. No sabía que el engañado era él. Se dirigió a las escaleras con paso alegre. Era evidente que daba por hecho que iba a entrar y encontrarse el corazón de Bella roto en mil pedazos para poder recoger los trozos.

Se iba a llevar una decepción muy, muy grande.

Salí de las sombras y lo seguí sin hacer ruido. Quería revelar mi presencia en el momento exacto.

Preston irrumpió por la puerta con movimientos exagerados —solo le faltaba una capa— y oí el instante preciso en que se dio cuenta de que su plan había fracasado.

—¿Quién eres tú? —prácticamente chilló.

Dejé que la sonrisa se me extendiera por la cara y subí los escalones de dos en dos. Cuando entré en la cabaña, la escena que se desarrollaba ante mí era más o menos la que había imaginado. Aun así, y pese a esas expectativas, la realidad tenía algo de surrealista.

Heather estaba de pie, con un conjunto de lencería insinuante, mirando fijamente a mi padre, que estaba sin camisa en nuestra cama. Tenía un libro en las manos —uno de Bella, lo que me hizo reír por dentro— y tenía el aire de un hombre que disfrutaba con la actuación que estaba montando.

—¿Te estás acostando con Heather? —le espetó Bella, cuya interpretación se volvió algo más contenida. Seguía sin ser suficiente para resultar natural, pero esa parte ya no importaba. Ya no.

—Señor Cooper, no creo que Nathan lo haya invitado aquí para eso.

—Andrew —replicó él sin perder un segundo—. Te dije que me llamaras Andrew.

Técnicamente, no le había dicho a Bella que lo llamara de ninguna manera. No había habido tiempo para eso antes de que se marchara. Era la única forma de asegurarnos de que Preston no se enterara de que estaba allí.

—Andrew. —Bella consiguió esbozar una sonrisa tímida, algo tan típico de Bella—. Debería saber que Heather tiene una reputación horrible. No querrá acostarse con ella. No sabe lo que podría pillar.

—¡Eh!

Heather dio un paso amenazante hacia Bella, pero mi menuda novia —sí, era mi novia oficial, aunque todavía no hubiéramos tenido esa conversación— no se dejó intimidar.

—No sabes de qué estás hablando —siseó.

Bella pestañeó y le di un momento para que decidiera cómo quería responder. Al final sonrió mostrando los dientes, con una expresión casi salvaje.

—Sé que te has colado aquí por orden de Preston —respondió—. Debías meterte en la cama con Nathan justo a tiempo para que yo volviera a la cabaña y diera por hecho que habíais estado juntos.

—Yo…

Heather desvió la mirada hacia Preston. Estaba claro que a esto no se había apuntado.

—Dijiste que esto iba a ser fácil.

La cara de póker de Preston no era la peor que había visto en mi vida. Sin embargo, era evidente que el giro de los acontecimientos lo había descolocado.

—No tengo ni idea de qué va todo esto. —Se cruzó de brazos y tamborileó con los dedos sobre los codos—. ¿Dónde está Nathan? Seguro que anda por aquí.

Esa era mi señal.

—Aquí estoy —confirmé mientras me situaba detrás de él.

Preston pegó tal brinco que casi se salió del pellejo.

—¿De dónde has salido tú?

—Oh, he estado por aquí —respondí. Desvié la mirada hacia mi padre y me invadió una calidez.

Por primera vez desde la muerte de mi madre, sentí que estábamos en sintonía.

Este era el padre que siempre había querido, el que se había quedado voluntariamente en calzoncillos para interpretar su papel en una trampa muy elaborada.

—Papá —dije con sequedad.

—Nathan —replicó mi padre, imitando mi tono—. Sinceramente, no sé qué está pasando aquí. Estaba leyendo uno de los libros de tu prometida —tiene mucho talento, por cierto— cuando esta mujer ha entrado por la puerta de atrás. Parece ir bastante ligera de ropa.

Bastante ligera de ropa. Solo Andrew Cooper podía expresarlo así y quedarse tan ancho.

—Creo que es su manera de llamar la atención —respondí, negándome a mirar a Heather.

No era culpa suya. No del todo. No me cabía duda de que Preston le había ofrecido algo gordo, como un contrato editorial lucrativo, para que interpretara su papel.

Yo no era el premio para ella. No, el premio era otra cosa.

A fin de cuentas, su papel podría haberlo interpretado cualquiera.

Preston era el problema.

Preston era el que tenía que quedar fuera de juego.

—No tengo por qué aguantar estos insultos.

Heather soltó un bufido y se dirigió a zancadas hacia la puerta de atrás.

—Nada de esto es culpa mía, Preston —siseó furiosa—. Tú vas a cumplir tu parte del trato.

Eso bastó para que Preston estallara.

—No voy a cumplir nada. Tú eres la que lo ha echado todo a perder.

Con eso habría bastado para terminar con el asunto, pero él no había acabado.

—Tenías un solo trabajo —gruñó, mirando a Heather con furia—. Lo único que tenías que hacer era estar con ese conjunto en esa cama con Nathan cuando volviéramos. ¿Cómo has podido fallar?

Cerré las manos en puños a los costados. Quería infligirle lesiones corporales graves a ese tipo. Pero eso no era lo que haría que Bella volviera a sentirse completa. Tenía que dejar que ella se encargara de esta parte.