29 Veintinueve #2
—Porque sabíamos cuál era el plan y nos aseguramos de que no ocurriera —respondió Bella en voz baja.
Por la forma en que miraba a Preston, supe que lo estaba viendo con claridad.
No por primera vez, sino por última. Siempre había sabido que era un monstruo.
Por fin resultaba evidente el tamaño de ese monstruo—.
¿De verdad crees que el padre de Nathan y mi madre están aquí por casualidad?
Preston pareció desconcertado.
—No tengo ni idea de qué estás hablando —dijo al final, y volvió a instalarse con suavidad en el modo negación—. Está mintiendo.
—Todos te hemos oído.
La nueva voz venía del umbral, a mi espalda.
Al girarme, abrí mucho los ojos. Un nuevo jugador había entrado en la partida, y llevaba un traje de tres piezas en un campamento. No me costó nada adivinar quién era.
Preston Martin Charles II parecía a punto de convertirse en villano de Marvel y empezar a destrozar el universo. Sin embargo, toda su ira, su frustración y su veneno apuntaban a su propio hijo.
—Señor Charles —dijo Bella con voz sorprendida—. No sabía que iba a venir.
No era la única. Mi padre había prometido hacer una llamada más temprano ese día, usar su posición social contra la de la familia Charles. Pero yo jamás había esperado que el segundo Preston apareciera de verdad. Por lo visto, mi padre era aún más impresionante de lo que yo creía.
—Bella. —La mirada de Preston II se posó sobre ella con gravedad—. ¿Cómo estás? —preguntó con rigidez.
—He estado mejor —respondió ella con sinceridad.
—Ya lo veo. —Su mirada se posó en Taffy y se demoró ahí—. Sra. Oakley, gracias por la llamada.
Me quedé tan de piedra que creí que me iba a atragantar.
—¿Tú lo llamaste? —solté, sin poder creérmelo.
—Ya venía de camino cuando lo llamé —respondió papá con cierto pesar. Si le incomodaba estar en calzoncillos delante de tanta gente, no lo demostró—. Parece que Taffy lo tenía todo controlado. Ni siquiera me necesitabas. —Al decir aquello se le quedó cara de tristeza.
—Yo no diría eso —lo contradije, decidido a que la grieta que tan a duras penas habíamos remendado entre nosotros no se volviera a abrir.
Era demasiado pronto para eso—. Nunca en mi vida me había alegrado tanto de ver a alguien.
—Lo pensé un momento—. Bueno, quizá a este hombre.
—Señalé a Preston II con el pulgar, lo que hizo reír a papá.
—Sí, este giro de los acontecimientos es de agradecer —convino papá.
Me adelanté y le puse las manos en los hombros a Bella. No parecía que Preston II fuera a atacarla, pero yo seguía decidido a hacer de escudo.
—¿Podemos preguntar qué hace aquí?
—Está cumpliendo su parte de un trato —respondió Taffy, dando un paso al frente—. A cambio de que meta en vereda a su hijo, para siempre, yo no haré pública la carta que Preston me envió hace cuatro años.
Bella giró la cabeza de golpe hacia su madre.
—¿Qué carta?
Taffy se balanceó de un pie al otro y mostró su incomodidad por primera vez desde que había entrado en la cabaña.
—Preston me amenazó con que, si no respetaba los límites y no me mantenía alejada de ti, se encargaría de que no volvieras a conseguir trabajo nunca más. Fue bastante gráfico en sus descripciones.
A Bella se le quedó la boca abierta mientras a mí me volvía a hervir dentro una rabia que creía saciada. Aquel tío era un completo imbécil, mucho más de lo que ninguno de nosotros había imaginado.
—¿Por qué no me lo contaste? —quiso saber Bella, y la furia sustituyó a la sorpresa en su hermoso rostro.
—Porque sabía que era una situación que tenías que resolver tú sola —respondió Taffy con calma—. Yo no podía obligarte a dejar a Preston. Tenías que querer hacerlo por ti misma. Tardaste más de lo que yo creía en cumplir esa promesa, pero me sentí muy orgullosa cuando lo hiciste.
Bella parecía tan desconcertada que quise rodearla con los brazos y aislarla de cualquier daño. Pero ya era demasiado tarde para eso.
—Aun así deberías habérmelo dicho —dijo ella tras un instante—. Me pasé un año entero buscando la manera de salir de esa relación. Me repetía que las cosas mejorarían, pero sabía que no. Si me lo hubieras contado…
—Entonces lo habrías dejado por mí —respondió Taffy—. Y yo necesitaba que lo dejaras por ti. Y lo hiciste. —Se animó—. Esas primeras semanas fueron duras, pero ahora te has encontrado a ti misma. —Su mirada se posó en mí—. Has encontrado el lugar donde tienes que estar.
—Pero… te amenazó —farfulló Bella, claramente furiosa—. Ese pedazo de mierda sin cojones te amenazó… y tú se lo permitiste.
—¡Esa boca! —ladró Hayley desde la puerta trasera. Se había apostado en un sitio desde el que impedía salir a Heather.
—Ahora no —siseó Bree, lanzándole una mirada asesina a nuestra amiga—. Estamos llegando justo a lo bueno.
—Sí que estamos llegando a lo bueno —convino papá—. Supongo que usted se encargará a partir de aquí —le dijo a Preston II—. Quiero decir, no querrá que esta historia salga a la luz ni nada parecido.
Había una amenaza ahí, una advertencia, pero leve.
—No, no quiero —convino Preston II, con la mirada clavada firmemente en su hijo—. Creo que aquí hacen falta unas cuantas disculpas.
—Díselo tú, padre —resopló Preston. De repente se había convertido en un crío quejica.
—Eres tú quien va a pedir disculpas —le dijo el Preston mayor a su hijo—. Y no solo vas a disculparte, sobre todo con Bella y con Taffy, sino que además vas a prometer que no volverás a acercarte a sus vidas jamás.
La indignación encendió el rostro de Preston.
—¿Cómo dices?
—Me has oído. —Preston II no estaba dispuesto a ceder—. Discúlpate. Tienes suerte de que no presenten cargos, porque esto estaría a un paso de ser acoso.
—Tuve cuidado —gimoteó Preston a su padre—. Me aseguré de que no tuvieran nada denunciable.
—Lo que solo demuestra que sabías perfectamente lo que hacías. —Preston II parecía asqueado. Volvió los ojos hacia Bella—. Entiendo que todavía quedan por cumplir algunas fechas de eventos con lectoras.
Bella asintió.
—Supongo que no estaría dispuesta a hacerse cargo de ellas, ¿verdad? —continuó él.
Ella pareció descolocada.
—Eh…
—Lo haremos en grupo —intervine rápidamente—. Sabemos lo que hay que hacer. Solo queda el fin de semana aquí con las lectoras y luego unos cuantos eventos en bares. Conozco a alguien que puede ayudar. —Pensé de inmediato en Rose.
Asintió con rigidez.
—Me aseguraré de que tengan todos los fondos necesarios para hacerlo. Les pido disculpas por los trastornos que esto pueda causar. Sin embargo, creo que lo mejor es que mi hijo se marche conmigo esta noche.
—Oh, no podría estar más de acuerdo —dije. Estaba dispuesto a presentar yo solo cada evento si eso significaba no volver a ver a Preston.
—Yo no he terminado aquí —protestó Preston III—. De hecho, no he terminado ni de lejos. —Sus ojos se posaron en Bella—. Ni de lejos —siseó.
Estaba listo para darle un puñetazo. Me daba igual no haberme peleado nunca con nadie de adulto. Ese tío se lo había buscado.
Pero Preston II desinfló a su hijo como a un globo pinchado.
—Te vienes a casa, y allí vamos a tener una charla muy larga. Y si no, ya puedes despedirte de esa empresa que te empeñas en dirigir aunque sea yo quien la mantiene a flote con mi dinero.
Preston se resistió.
—¡No he terminado!
—¡Sí que has terminado! —casi rugió Preston II—. Está clarísimo que Bella ha pasado página. Y de todas formas, nunca habrías podido tenerla sometida. Siempre fue demasiado buena para ti.
La sorpresa fue tal que Bella chocó contra mí.
—¿Qué? Usted me odiaba. ¿Por qué finge ahora que yo le caía bien?
—No te odiaba, Bella. —Preston II se pellizcó el puente de la nariz—. Simplemente sabía que entre mi hijo y tú nunca funcionaría. Tu espíritu, o la parte que él no te sorbió como un percebe, era demasiado luminoso; tu visión del mundo, demasiado rosa.
La sonrisa que le dedicó parecía auténtica.
—Siempre fuiste demasiado buena para él.
Bella exhaló con un temblor.
—¿Me promete que lo mantendrá alejado de mí? ¿Y de mi madre? —añadió rápidamente.
A Preston II se le curvaron los labios al tiempo que lanzaba una mirada a Taffy.
—Algo me dice que tu madre sabe cuidarse sola. Pero sí. Prometo mantenerlo alejado de las dos.
—¿Para siempre?
—Cuando lleguemos a casa se le impondrán ciertas condiciones. —Preston II me tendió una tarjeta de visita—. Ahí tiene mi línea directa. Si pasa algo y se suelta de la correa, avíseme.
—Lo haré —prometí.
—Lo sé. Bella es demasiado blanda. Puede que se lo deje pasar una o dos veces. Sé que usted no.
—Desde luego que no —convine.
—Eso me figuraba. —Preston II miró a su hijo y señaló hacia la puerta—. Fuera.
Preston salió enfurruñado.
—Qué injusticia —gimoteó—. Se lo voy a contar a mamá.
—Oh, tu madre ya está al tanto de la situación. Ella también tiene unas cuantas cosas que decirte.
—Esto es una mierda.
Atraje a Bella entre mis brazos y el resto de la conversación se perdió en el olvido.
—¿Estás bien? —le pregunté mientras ella me abrazaba a su vez.
Cuando alzó la vista hacia mí, su sonrisa era la materia de la que están hechos el sol y el helado.
—Nunca he estado mejor.
Me creí cada palabra, incluso mientras se las borraba a besos de la boca sin aliento.