El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 27 Veintisiete #2
93%

27 Veintisiete #2

—Fui un padre terrible para ti —continuó—. Nunca escuché lo que tú querías y solo me importaba lo que yo creía que era mejor. Necesito que entiendas que no intentaba ser cruel. De verdad pensaba que te estaba ayudando.

—Nunca pensé que lo hicieras con mala intención —le aseguré—. Odiaba ser una decepción, pero sabía que querías lo mejor para mí.

—Siempre lo he querido —confirmó papá—. Y sigo queriéndolo.

Sé que no he sido tan comprensivo como debería con lo de la escritura, que era algo de lo que tu madre y tú hablabais todo el tiempo y a lo que yo nunca me sumé, pero estoy muy orgulloso de ti.

Ese libro sobre las arañas gigantes era escalofriante.

Casi me caí de la silla.

—¿Lo has leído?

—Los he leído todos.

Se me quedó la boca abierta y me quedé allí sentado lo que me pareció una eternidad, desconcertado. Luego me eché a reír.

—Por favor, dime que no has leído el de la secta.

—¿El del sexo morboso ese? Pues sí. —Asintió enérgicamente—. Ese estaba bastante bien. A tu madre le habría encantado.

Estaba oficialmente muerto de vergüenza.

—Papá. —No supe qué más decir.

—Parece que tendré que leer más libros. Y quiero leer también lo que escriben tus amigos. Todos.

—Brody y Bree están escribiendo novelas de misterio ahora mismo. Eso seguramente vaya más con tu estilo.

—Ya he reservado el de las serpientes —respondió papá—. Tengo muchísimas ganas de leerlo.

Estaba oficialmente perplejo.

—No sé qué decir —respondí al fin—. Siempre creí que para ti era una decepción.

—Jamás. —Papá sacudió la cabeza con vehemencia—. En secreto, siempre me impresionó la manera en que me parabas los pies cuando me ponía pesado con que cambiaras de carrera.

—Pero… cuando hablamos hace unas semanas, te decepcionó que no me mudara a Nueva York.

—Porque quiero pasar más tiempo contigo. Me doy cuenta de que me he perdido la mayor parte de tu vida adulta, y quiero compensarlo.

—Ah. —Me ardían las mejillas bajo su escrutinio imperturbable.

—Sé que no vas a mudarte a Nueva York, Nathan. —Chasqueó la lengua y sacudió la cabeza—. Este es tu hogar ahora. Por fin has encontrado a alguien con quien encajas, y no vas a dejarla.

—No es solo Bella —dije a toda prisa—. Aunque nunca la dejaría. Sé que es pronto y todo eso, pero siento⁠…

—Tu madre y yo nos comprometimos menos de un mes después de conocernos —me interrumpió—. ¿Te conté alguna vez esa historia?

La euforia y la nostalgia libraban una batalla en mi pecho.

—No, pero quiero oírla. Quizá, cuando todo esto se arregle, puedas contársela a Bella y a mí.

Papá no vaciló antes de responder.

—Por supuesto. No mentía cuando dije que estaba impaciente por conocerla. Me hace muchísima ilusión. Seguro que es encantadora.

—Es un poco friki, y su madre se cree bruja. —Era una prueba y quería ver cómo reaccionaba.

—¿Una bruja? —Parecía más confundido que crítico—. No lo entiendo.

—Bella creció en Salem. Su madre hace visitas guiadas y se junta con toda una cuadrilla de madres solteras a las que les daba por beber vino y bailar bajo la luna llena.

Si alguna vez iba a ver al Andrew Cooper de antes, sería ahora.

—Ah. —Papá se rascó la mejilla—. No entiendo mucho el tema de las brujas, pero he estado en Salem.

—¿Te gustó?

—No recuerdo haber tenido una opinión formada ni en un sentido ni en otro. Se come bien allí.

—Bueno, quizá puedas volver este otoño —dije—. Quiero que Bella me enseñe su ciudad, en Halloween, así que vamos a estar allí en octubre de un modo u otro. No te queda tan lejos.

—No —convino papá—. Ese viaje lo puedo hacer sin problema. De hecho, también pienso empezar a venir por aquí con regularidad.

—¿En serio? —Seguía impactado de que este hombre fuera el mismo padre con el que yo había crecido.

—No te hagas tanto el sorprendido. Es una de las cosas de las que quería hablarte. Quiero conocerte como adulto. He descuidado mucho ese aspecto, y eso va a cambiar. —Su tono no admitía discusión.

—Me gustaría mucho, aunque no sé si te va a gustar Savannah.

Se limitó a encogerse de hombros.

—Tú estás aquí. Con eso basta. —Se recostó en la silla—. Ahora, cuéntame en qué clase de lío estás metido, y no te dejes nada. No puedo ayudarte hasta que sepa exactamente a qué nos enfrentamos.

—Es una historia larga, y en ella está metido el peor hombre del mundo.

Papá no pareció intimidado.

—Seguro que he tratado con gente peor.

—No sé. Este tipo… es un psicópata o algo así.

—Tú cuéntamelo. Seguro que podemos resolverlo.

—Vamos a tener que hacerlo rápido. Lo que sea que Preston tenga planeado, lo hará en los próximos días. El lunes recogemos todo y nos vamos a casa.

—Y entonces tendrás que despedirte de tu pequeño nido de amor —comentó papá, pensativo—. ¿Eso te da pena?

—Sí y no. La cabaña no es gran cosa, y por mucho que nos hayamos divertido, queda mucho más por disfrutar fuera de aquí. Es solo que hemos construido toda nuestra relación dentro de una burbuja. ¿Qué pasará cuando esa burbuja estalle?

—Que tu mundo se hará más grande.

Su respuesta fue sencilla y, sin embargo, me descolocó.

—¿De verdad crees que va a ser tan fácil?

—Pues sí. Está claro que estás colado por ella. Tú no te enamorarías de nadie que no lo mereciera. Si es como tu madre, vas a ser feliz para siempre.

Tragué saliva a pesar del nudo que de pronto se me había formado en la garganta.

—Qué palabra tan rara. Prendado.

—¿Es la palabra equivocada?

—No.

—Entonces cuéntame a qué te enfrentas y lo arreglamos. Sea lo que sea, no seremos nosotros los que perdamos. Te lo garantizo.

Y así, sin más, ya tenía al padre que siempre había querido. Por supuesto, habría baches en el camino —era imposible que no los hubiera—, pero me apetecía emprender un nuevo viaje.

—Vale, pero prepárate. Es la peor historia que has oído en tu vida.

—Entonces sí que quiero oírla.