El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 25 Veinticinco #2
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25 Veinticinco #2

—Tío, una hamburguesa de gambas suena justo lo bastante repugnante como para ser una pasada.

Bella me miró horrorizada.

—Los tacos de gambas también suenan bien —añadí.

Ella negó con la cabeza con vehemencia.

—Las gambas no tienen nada que hacer en un taco.

—Vale, ¿qué tal si me dices lo que vas a pedir tú y yo me adapto?

Su risa era de confeti.

—Deberías pedir lo que te apetezca.

—Acabas de burlarte de mi idea de la hamburguesa de gambas.

—Porque suena rarísima. —Lo decía completamente en serio—. ¿Y si está tan mala que no te la puedes comer y te quedas sin cenar porque no hay tiempo de pedir otra cosa?

—Algo me dice que sobreviviré. Yo me como cualquier cosa.

Seguía con cara de duda, pero volvió a concentrarse en la carta.

—Yo voy a pedir el Shrimp & Crab Au Gratin.

—Suena bien. —Le acaricié la espalda distraídamente—. Hay muchas opciones de marisco.

—Eso es lo que voy a pedir yo —dijo Hayley—. Tienen patas de cangrejo. Me encantan las patas de cangrejo.

—A mí también, pero se comen fatal —aportó Bree—. No soy nada fina comiendo, ni siquiera cuando no me pende sobre la cabeza la amenaza de presentarme con la camisa manchada a un evento de lectoras.

Me reí.

—Seguro que tienen esos baberos para no mancharse la ropa.

—Te estás burlando de mí, pero a mí esos baberos me parecen bien. —Se le iluminó la cara—. Yo también pido las patas de cangrejo.

—Yo voy a pedir la bandeja al vapor —dijo Brody—. Me da igual lo que cueste. Hoy tiro la casa por la ventana.

—Yo, de beber, quiero el Peach Long Island Iced Tea —añadí, con los dedos aún recorriéndole a Bella la estrecha espalda. Había pasado horas sin tocarla. Pensaba compensarlo antes de que nos tocara comportarnos como es debido delante de las lectoras.

—A mí también me suena bien —coincidió Brody.

—Yo pido el Savannah River Mermaid —dijo Bella—. Suena a que va a ser azul.

—Ah, estoy impaciente por ver tu lengua azul —bromeé mientras me inclinaba para darle otro beso.

Sin embargo, antes de llegar a su boca, me interrumpió el sonido inconfundible de alguien —una mujer— que se aclaraba la garganta.

—¿Nathan?

Su voz sonaba esperanzada y me resultaba totalmente desconocida.

Desconcertado, aparté la atención de Bella —¿nos había encontrado alguna lectora antes de hora?— y le dediqué a la rubia espigada una sonrisa amable, aunque distante.

—Hola.

No la conocía. De eso estaba seguro.

—¿Vienes por el evento de lectoras? —pregunté, con la esperanza de allanarle el camino hacia el otro extremo del restaurante hasta que termináramos de comer.

En ese momento no quería cambiar mi comportamiento por nadie, ni aunque fuese una fan.

Adoraba a mis fans. Pero justo entonces lo único que quería adorar era a Bella.

—¿No me reconoces? —La sonrisa de la mujer se desvaneció—. Eso es… claro que no me reconoces. —Montó todo un espectáculo fingiendo que se daba un golpe en la cabeza—. Lo sabía y, aun así, está claro que se me olvidó.

Me costaba seguir el hilo de aquel cerebro tan acelerado.

—¿Nos conocimos en algún evento de lectoras anterior? —pregunté.

Ahora parecía francamente cabreada.

—Me llamo Heather M. Franklin.

El nombre no me decía nada.

—Vaaale. —Alargué la palabra.

—Nos conocimos en Las Vegas hace dos años —insistió—. Coincidimos en la mesa redonda de paranormal. Tú por el terror y yo por la fantasía urbana.

Recordaba la mesa redonda. Pero aquella mujer me resultaba completamente desconocida.

—Eh…

—Subimos a tu habitación del hotel. —Cruzó los brazos sobre el pecho—. ¿De verdad vas a fingir que no fui tan memorable?

Me quedé sin saber qué decir.

—Lo siento —dije de todos modos.

Estaba convencidísimo de no haber visto a aquella mujer en mi vida y, sin embargo, ella parecía igual de convencida de lo contrario.

¿Cabía la posibilidad de que me hubiera acostado con ella y lo hubiera olvidado por completo?

Eso solo podría haber ocurrido si hubiera estado borracho como una cuba, y yo nunca me metía en el juego de los rollos de una noche en esas condiciones. Era muy cuidadoso.

—¿Podemos hacer algo por ti? —preguntó Bree con retintín mientras yo me esforzaba por dar con la respuesta adecuada.

—Supongo que no —respondió Heather, que me lanzó una mirada asesina antes de dirigir otra de lástima a Bella—. Ten cuidado —le dijo a mi menuda prometida ficticia—. Dentro de un mes no se acordará de tu nombre.

Dicho eso, giró sobre los talones y se alejó con aire ofendido.

Me disculpé al instante.

—No la reconozco —le dije a Bella—. Lo siento. Yo…

¿Cómo iba a arreglar las cosas si por lo visto era tan golfo que ni me acordaba de alguien con quien me había acostado? ¿Qué me pasaba?

—No pasa nada —me aseguró ella, y me puso la mano en el brazo—. Tampoco fue hace poco. Y, además, ese eras tú antes. Ahora ya no eres así.

—Desde luego que no —coincidí, con la vista clavada en la dirección por la que había desaparecido la mujer. Tenía preguntas—. ¿Creéis que forma parte del evento de esta noche? Nunca la he visto en ninguno de estos saraos.

Brody se encogió de hombros.

—Yo tampoco.

—Desde luego que no —dijo Bree—. Puede que acabe de mudarse a la zona o algo así.

—Genial —murmuré entre dientes—. Seguro que esto no hace nada incómodos los próximos eventos.

—De verdad que no pasa nada —insistió Bella—. No te restriego tu pasado por la cara, y espero que tú tampoco me restriegues el mío.

—Solo hay una cosa que quiero restregarte —prometí, recuperando mi vena coqueta—. ¿Quieres que te la describa o prefieres que la deje a tu imaginación?

Su respuesta no fue ninguna sorpresa.

—Imaginación.

—Te la voy a enseñar cuando lleguemos a casa.

—Me muero de ganas.