El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 25 Veinticinco
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25 Veinticinco

VEINTICINCO

Me gustaba el golf. Era relajante y me divertía competir, ya fuera por ver quién subía más en las listas de ventas o por quién metía antes la bola en el hoyo. Eso no significaba que quisiera pasarme toda la tarde jugando al golf con Brody.

—La echo de menos —me lamenté mientras él aparcaba frente a The Shrimp Factory, un antiguo almacén histórico a poca distancia del río.

—Das pena —se quejó Brody mientras apagaba el motor—. Nunca te había visto así. ¿No te da vergüenza?

Entrecerré los ojos.

—¿Por qué debería darme vergüenza? Tú sentaste el precedente de todo esto.

—Sí, y luego te pasaste un año entero dándome la lata por ello. ¿Te acuerdas de lo que dijiste cuando te conté que iba a pedirle matrimonio a Bree?

—No, pero seguro que fue muy ilustrativo.

—Dijiste «antes muerto que casado» y luego me sugeriste que huyera de noche para que no pudiera encontrarme.

Sonreí al recordarlo. No lo decía en serio. Simplemente me gustaba picarlo.

—Sabía que nunca ibas a dejar a Bree desde el segundo en que empezasteis a conectar.

—No lo parecía. Dijiste que era una mala elección porque era muy temperamental.

—Solo porque me gustaba verte agobiado cada vez que te lanzabas a defenderla. Era muy entretenido.

—Pero…

—Bree siempre me cayó bien —le aseguré—. Y no solo eso: me di cuenta de que era buena para ti desde el principio. Te hacía sonreír y te relajaba. Te ha hecho muy feliz.

—¿Pero? —insistió Brody con cautela—. Sé que ahí hay un «pero».

—En realidad, no. —Negué con la cabeza—. Ojalá te mantuvieras firme en el tema de la casa, pero no lo vas a hacer porque es demasiado importante para ella.

Brody frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Llegáis meses dando vueltas con el tema de las casas. Ella no quiere renunciar a esa casa porque eso supondría tener que cumplir al pie de la letra las nuevas normas de la asociación de propietarios. No le va la uniformidad.

Brody asintió.

—Pero mi casa es más grande. Cuando tengamos hijos… —Dejó la frase a medias, con aire indeciso.

—¿Sabes qué normas no se ha saltado Bree? —pregunté, sonriendo porque no podía evitarlo—. Apuesto a que todo el mundo da por hecho que no tiene por qué preocuparse de esas normas porque su casa es genial.

Brody seguía sin pillarlo.

—Tiene una parcela grande, Brody. Podrías ampliar la casa. De hecho, apuesto a que podrías añadir hasta tres habitaciones si quisieras y aún te quedaría jardín de sobra.

Abrió mucho los ojos cuando asimiló lo que acababa de decirle.

Me acerqué un poco más a él.

—Es como un regalo que nunca se acaba, ¿verdad?

Su sonrisa estaba llena de asombro.

—He consultado las normas de construcción y se lo iba a pasar en grande con ellas —añadí—.

Pero asegúrate de tenerlo todo en orden para lo que quieras hacer antes de dar el paso, porque los de la asociación de propietarios van a salir corriendo a aprobar normas nuevas justo después. Se van a poner furiosos.

Brody asintió distraído.

—¿Y tú qué?

Ahora era yo el confundido.

—¿Yo qué?

—¿Y si quieres cambiar algo de tu casa?

No me había dado cuenta de que mi mentalidad había cambiado hasta que ya estaba hablándolo.

—Probablemente acabe mudándome más cerca del centro.

A Brody se le quedó la boca abierta.

—¿Qué? Estabas emocionadísimo por mudarte a The Landings.

—En realidad, no. —Extendí las manos—. Me emocionaba tener un carrito de golf y un sitio al que llamar hogar. Los alquileres son un asco. Por ahora está bien. Pero no va a ser mi casa para siempre.

—¿Porque a Bella le gusta la zona del centro?

Podría haber mentido para no quedar mal, pero odiaba mentirle a mi mejor amigo.

—Ahora vive de alquiler. Quiere estar cerca del centro. Allí es feliz de verdad. Nunca le quitaría eso.

—¿Y tú con qué eres feliz de verdad?

—Con ella. —Me reí de lo cursi que sonaba y me froté la mejilla—. Nunca pensé que me pasaría esto a mí. Mi mayor diversión era darte la lata a ti cuando te pasó.

—Ah, me acuerdo. —Brody era de los serios, y eso quedó bien claro mientras me observaba—. Dijiste que estaba haciendo el ridículo.

—Y lo estabas haciendo. Y lo mantengo. La cosa es que había algo que entonces no entendía. —Tuve que buscar en mi interior las palabras adecuadas—. Cuando es la persona adecuada, no te importa hacer el ridículo. Solo te importa cuando no sabes lo que se siente.

—Ya estás enamorado de ella, ¿verdad? —No había ni una pizca de juicio en su tono.

Negué con la cabeza.

—No sabría decirte. Creo que lo sabré cuando llegue el momento de usar esa palabra y, sinceramente, es la persona más increíble que he conocido en mi vida. Estoy completamente colado por ella. Pero el amor está aún por llegar.

—Ah. —Brody pareció decepcionado—. Vale.

Le lancé una mirada exasperada.

—Tío, ¿sabes las ganas que tengo de llegar a esa parte? Quiero saborear cada momento. Es mejor que aún no hayamos llegado.

—Pareces bastante seguro de ti mismo.

—Lo estoy.

—¿Y si Bella no está tan segura de sí misma?

No lo preguntaba por fastidiar. Le preocupaba cómo me sintiera, temía que pasara algo con potencial para destrozarme. Me alegraba de tenerlo como amigo.

—Lo que Bella siente por mí es auténtico —empecé, creyendo cada palabra—. Lo siento.

Me di unos golpecitos justo encima del corazón.

—Pero sigue marcada por lo que pasó con Preston, y no creo que se dé cuenta de cuánto.

—¿Y cómo vas a arreglar eso?

—Supongo que contratar a alguien para que mate a Preston no es una opción.

Brody puso cara de alarma.

—Era broma —le aseguré—. Matar a Preston la marcaría todavía más. Siempre se culparía a sí misma.

—Ah, bueno, si esa es la única razón…

Me reí.

—No sé qué voy a hacer con Preston. Hay que sacarlo de su vida. No puede ser una sombra constante que la persiga el resto de sus días.

—Podrías ir a la policía —sugirió Brody—. Técnicamente, la está acosando.

—Lo está, pero no podemos demostrarlo. Siempre puede negarlo de forma creíble. No sabía que Bella era una autora publicada porque ella no tenía contacto con él.

—Lo único que tenía que hacer era buscar su nombre en Google.

—Sí, pero eso sigue sin ser una prueba.

Me escrutó con la mirada.

—¿Llamaste a la policía y lo consultaste o algo así?

No me molesté en negarlo.

—Sí. Quería saber qué opciones teníamos si no conseguíamos asustarlo.

—¿Y qué dijo la policía?

—Nada bueno. —El tema aún me escocía—. Básicamente, tiene que hacerle daño físico para que podamos hacer algo.

—Eso no es aceptable.

—No lo es —coincidí.

Brody se quedó callado un segundo y luego suspiró.

—¿Has pensado en hablar con tu padre del tema?

La sugerencia me descolocó.

—¿Y de qué serviría eso?

—Es un pez gordo del Noreste. Parece que el padre de Preston también. Con la posición que tiene tu padre, quizá pudiera hacerle llegar una advertencia. Por todo lo que ha contado Bella, Preston le tiene miedo a su padre. Puede que con eso baste.

Era algo que no se me había ocurrido —algo que no quería plantearme—, pero no descarté la posibilidad.

—No es una idea horrible.

—Gracias por subirme la autoestima.

Brody levantó el pulgar con sarcasmo.

Sonreí.

—No es el botón que quiero pulsar, pero si no me quedan otras opciones… Me pregunto si mi padre me ayudaría.

—Dijiste que quería venir a verte. Puede que esté dispuesto a hacerlo solo para allanar el camino.

—Puede. —Me froté la nuca y luego salí de mi ensimismamiento—. Dejémoslo como último recurso.

—¿Y qué vas a hacer ahora?

Le lancé una mirada incrédula.

—Voy a ir a restregarme contra mi novia, porque llevo horas sin verla y estoy desesperado por tocarla.

Brody soltó una risita.

—Pareces un loco.

—Me da igual. —Abrí la puerta de golpe—. Soy feliz. Lo raro es que no me había dado cuenta de que era infeliz hasta que la conocí. ¿No te parece extraño?

Negó con la cabeza.

—No. Entiendo perfectamente de qué hablas.

—Si alguien lo entiende, eres tú.

—Muy bien, vamos a ver a nuestras mujeres. —Brody sacó pecho—. ¿Crees que nos han echado de menos?

—Creo que Bella me ha echado de menos a mí.

—Eso ha sido cruel, tío.

Me reí entre dientes mientras me dirigía a grandes zancadas hacia el restaurante.

—Vale. Creo que Bree también te ha echado de menos a ti.

—Ahí está. Bella hasta te está convirtiendo en mejor amigo.

¿No es como para bajarle los humos a cualquiera?

BELLA, HAYLEY Y brEE YA ESTABAN en una mesa cuando las encontramos.

—Hola.

Me abalancé para plantarle a Bella un beso firme en la boca, como un hombre que llevara horas ahogándose y para el que ella fuera la única fuente de oxígeno.

—Hola.

Me echó los brazos al cuello y se aferró con fuerza. Le devolví el abrazo. Me daba igual quién nos estuviera mirando.

—¿Me has echado de menos? —Me aparté lo justo para acariciarle el pelo.

—No tienes ni idea —respondió sin pestañear—. Te he echado más de menos que Michael a su cuchillo entre la segunda y la cuarta película de Halloween.

—Vaya, buena referencia. —Me dejé caer en la silla de al lado, sin molestarme en saludar a Hayley y a Bree—. Yo también te he echado así de menos.

—Ay. —Bella me dio unas palmaditas en la mejilla—. Sabía que suspirabas por mí.

Fui a por otro beso y solo me detuve al oír las arcadas fingidas desde el otro lado de la mesa. Me eché atrás y les lancé una mirada asesina a Bree y Hayley.

—Señoritas —dije arrastrando las palabras—, no os podéis imaginar la alegría que me da veros a las dos.

—No pareces muy sincero —le soltó Bree.

—Se te da muy bien leer a la gente. —Le guiñé un ojo para que supiera que estaba de broma y cogí la carta—. Estoy muerto de hambre. Creo que nunca había venido a este sitio.

—La comida es buena —dijo Bree—. Deberíamos pedir mucho, porque nosotras solo hemos comido ensalada y estamos muertas de hambre.

Bella miró a Bree con extrañeza.

—¿Solo ensalada? También había sopa y buñuelos de caracola.

—Si comes ensalada a mediodía, es lo único que cuenta —replicó Bree.

—¿Y de dónde sale esa regla?

—Porque es así y punto. —Bree no admitía discusión—. Que pida todo el mundo y luego hablamos de nuestro plan para hundir a Preston, ¿eh? Tengo algunas ideas.

Me moría por escucharlas, así que repasé la carta a toda prisa.