24 Veinticuatro #2
—Puedes comprarle a Nathan una pata de palo en la tienda de regalos y hacer que se la ponga para esos juegos de rol raros que os montáis —replicó sin inmutarse—. Y antes de que lo niegues, deberías saber que sí, que de verdad os espiamos en el bosque.
—Qué raro —protesté.
—A mí no me hace tanta gracia como a vosotras estar en el quinto pino.
Nos dieron una mesa y pedimos. Me sentía dócil, así que Bree se encargó de pedir por todas. Desde luego, era mandona.
—Vamos a querer tres Skull Crushers para beber —empezó.
—Es mucho alcohol para estas horas —se quejó Hayley.
Bree la atravesó con una mirada asesina antes de continuar.
—Todas tomaremos la sopa de cangrejo como primer plato y compartiremos una ración de buñuelos de maíz como entrante.
Emití un sonido de protesta.
—Es demasiado temprano para comida tan pesada.
Me señaló con el dedo y siguió.
—Y todas tomaremos la ensalada caprese con solomillo como plato principal.
Mi primer instinto fue discutir, pero, al pensarlo bien, había elegido muy acertadamente. Su sonrisa fue de pura suficiencia cuando cerré la boca de golpe.
Esperó a que nos sirvieran los Skull Crushers, junto con la sopa, para hablar.
—Siento mucho lo de Preston —empezó—. No me puedo ni imaginar lo difícil que debía de ser convivir con él.
Me recosté en la silla y la observé. ¿De verdad quería una conversación sincera? Pues la iba a tener.
—Ahí está la cosa: me volví invisible para poder vivir con él.
Había cosas de lo de Preston que llevaban años rondándome la cabeza, desde mucho antes de dejarlo.
—Al principio no me daba cuenta. Pero pasó. Me daba miedo que me vieran cuando estaba con él, porque pensaba que entonces él se daría cuenta de que no era lo bastante buena.
Bree emitió un gruñido.
—¿Que no eras lo bastante buena? —Estaba furiosa—. ¿Qué narices?
—Cuidado con esa boca —advirtió Hayley, levantando la mano—. Y déjala hablar. Tiene derecho a contarnos lo que siente. No todo gira a tu alrededor.
Bree hizo un ruido de fastidio y cerró la boca.
—No sé cómo pasó —dije en voz baja. Esa era la parte que más me costaba—. No me educaron para ser la clase de persona que acaba con un Preston. Pero pasó, y me da miedo que vuelva a pasar.
—Nathan no se parece nada a Preston —señaló Hayley.
—Ah, ya lo sé. —Lo dije con pesar—. La cosa es que en los foros de escritores no paran de avisar de que es un perro. Yo he visto a un hombre completamente distinto. Es solo que… también había rumores sobre Preston, en aquel entonces, y los ignoré.
—Ah. —El rostro de Hayley se iluminó al comprender—. Lo entiendo. Ya pasaste por alto las señales una vez y estás enfadada contigo misma por haber dejado que Preston te arruinara la vida todo ese tiempo. Tu mayor miedo es repetir los mismos errores.
—Me pasé un año entero planeando una huida que solo llevé a cabo cuando encontré a Preston en la cama con Tiffany. Cuando me fui, fue como si por fin pudiera volver a respirar. ¿Por qué no me marché antes? Sé que quería. Simplemente nunca lo hice.
Hayley no habló de inmediato. Parecía estar buscando la respuesta adecuada. Bree, sin embargo, levantó la mano como una alumna tímida.
—Yo sé la respuesta, por si alguien quiere escuchar lo que tengo que decir —dijo.
No pude contener la sonrisilla.
—¿Ah, sí? ¿Tienes la respuesta al mayor misterio de mi vida?
—Ajá.
Bree tenía más autoestima que cualquiera que conociese. Bueno, puede que exceptuando a mi madre. La envidiaba.
—¿Quieres oírla?
—Claro. —Asentí—. Pero, eso sí, si vas a echarle toda la culpa a Preston, no lo hagas. Es un villano, nunca diría lo contrario, pero no puede ser todo cosa suya. Eso es simplificar demasiado.
—Ah, tú también tuviste tu parte en esto —respondió Bree con solemnidad—. Una parte importante. Aunque eso no significa que seas la culpable. —Respiró hondo—. Tu padre te abandonó, ¿verdad?
No esperaba que fuera por ahí.
—Eh…
—No es una pregunta trampa —me aseguró—.
Has mencionado de pasada que tu padre estuvo ausente.
Estuvo ahí cuando eras pequeña y luego se fue.
Eso hizo que tu madre lo fuera todo para ti.
Y, como la mayoría de las chicas a cierta edad, probablemente en algún momento te volviste hipercrítica con ella.
Sorbí un poco de sopa mientras lo pensaba y luego asentí.
—Mis primeros años de universidad fueron duros porque me di cuenta de que mi madre mentía y de que no todo el mundo se había criado como yo. Estaba… confundida. Habíamos vivido en nuestra propia burbuja en Salem.
—Y que tu padre no estuviera reventó la burbuja —dijo Bree—. Lo entiendo, aunque quiero decirte que tu madre parece genial. Puede que sea un poco despistada, pero siempre estuvo ahí para ti. Hay gente que tiene padres ausentes y, encima, madres que dejan mucho que desear.
No la presioné sobre el tema. Nathan, en una de nuestras conversaciones, me había contado la historia de la madre de Bree. Menuda pieza, por lo visto.
—Nada de esto va en realidad de Preston, por muy trol que sea —continuó Bree—. Es una persona horrible. Si hubieras estado en un buen momento cuando lo conociste, le habrías señalado la salida antes de que cruzara la entrada. Estabas demasiado ocupada examinando tu lugar en el mundo.
—¿Qué quieres decir? —Sentía auténtica curiosidad por lo que tenía que decir.
—Tu padre te dejó, y es normal preguntarse por qué lo hizo —explicó—. ¿Por qué no eras lo bastante buena para que se quedara? Es normal hacerse esa clase de preguntas. Y Preston, como vampiro emocional, lo reconoció en ti y decidió instalarse.
—Pero ¿por qué? Yo no tenía nada de especial.
Bree se negó a aceptarlo; me recordó un poco a Nathan cuando le había dicho yo lo mismo a él.
—Tú brillas. Tienes esa clase de energía que atrae a la gente. Preston la quería para él. No quería compartirla. Lo que sí quería era controlarla. Esa es su historia de siempre.
»Supongo que sus padres controlaban cada aspecto de su vida —continuó—. Él nunca tuvo el control, así que vio su oportunidad contigo. Sabe que ya no va a recuperarlo. Y eso lo vuelve peligroso. No es más que un crío en plena pataleta.
Lo que decía tenía sentido. Aun así —aun así—, no podía evitar preocuparme.
—¿Y si Nathan decide que no soy suficiente?
—Nathan ya ha decidido que eres suya para siempre —respondió Bree.
—No nos conocemos lo suficiente para eso —protesté.
—¿Qué es «lo suficiente»? ¿Quién decide qué es suficiente?
Me quedé callada un instante.
—No lo sé —dije al final—. Solo quiero ser suficiente por primera vez en mi vida.
—Eres suficiente —me aseguró Bree—. Nathan va a hacer alguna cosa rarísima y lo va a fastidiar todo. No sé muy bien cómo será —tengo bastantes ganas de verlo, la verdad— y tú vas a tener una crisis emocional antes de que todo esto acabe.
»Pero nada de eso importa —continuó—. Lo que importa es que los dos tengáis suficiente fe el uno en el otro para superarlo, porque ahí es cuando empieza lo bueno de verdad.
—¿Estás insinuando que lo de ahora no es lo bueno? —Entrecerré los ojos—. Porque si es así, tengo que poner en duda tu criterio.
Soltó una risotada.
—Esto va a mejorar.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Confía en mí, sin más. Por una vez en tu vida, suelta el control al que te estás agarrando y ten fe en mí. Yo tengo razón en todo.
Quería creerla, así que asentí. Y, siendo realista, sí me sentía mejor. Pero seguía habiendo una pequeña mota de duda que daba tumbos dentro de mi corazón.
¿Y si no era suficiente?