El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 23 Veintitrés #2
81%

23 Veintitrés #2

Me inclié y le di un beso en los labios, aliviado en secreto de no tener que escondernos más de nuestros amigos. Contener las ganas de tocarla delante de ellos había sido casi imposible.

—Ya lo resolveremos —le aseguré—. Es un trasto.

—Sí, uno de esos trastos que compras cuando no puedes dormir y pillas un anuncio raro de teletienda —coincidió Bree—. Acabaremos encontrándolo en un contenedor de basura, ya lo veréis.

Sonreí. No pude evitarlo.

—A mí me parece una idea genial. Solo hay que encontrar la manera de meterlo en ese contenedor.

LA CENA CONSISTIÓ EN MEDALLONES DE TERNERA SObrE trocitos de pan, ensaladas de acompañamiento y tortas de patata.

Me llené el plato hasta arriba, sin importarme las miradas que Preston no dejaba de lanzarme, y me reí durante toda la cena con Bella, Bree, Brody y Hayley.

Como de costumbre, Preston se sentó dos mesas más allá, con Daisy a su lado. Su mirada furiosa era inconfundible.

—La verdad es que me alegro de que por fin hayáis dejado de esconder vuestra fornicación —dijo Hayley mientras se limpiaba las manos con una servilleta—. Se estaba volviendo insoportable fingir que no sabía qué pasaba cuando desaparecíais cada noche a dar vuestros paseítos.

—Hacíamos ejercicio —le solté.

—Claro. —Hayley puso los ojos en blanco—. Sé exactamente qué tipo de ejercicio hacíais. Bree me obligó a espiar una noche y vimos vuestra versión de los juegos preliminares. Daba vergüenza ajena, de verdad.

A mi lado, Bella se tensó.

—¿Qué?

—Exageran —le aseguré.

—No exageramos —replicó Bree—. Estabais haciendo de asesinos psicópatas espeluznantes y de damiselas en apuros.

Tu grito cuando te da miedo que te acuchillen (ahí hay un debate interesantísimo sobre simbología fálica, teniendo en cuenta que la mayoría de los que apuñalan son hombres, pero me desvío) deja mucho que desear, Nathan.

No sabía si me hacía gracia o me molestaba. Al final descubrí que me daba igual. Tampoco es que nos hubiéramos puesto a hacerlo desnudos en el bosque. Solo era un juego para conocernos que pensaba seguir jugando hasta el día de mi muerte.

—No te metas con mi chica.

Cogí mi plato vacío y me levanté. Bella seguía con el suyo.

—Voy corriendo al baño y vuelvo con el postre.

Le lancé a Bree una mirada severa.

—No habléis muy alto, con don Metomentodo escuchando ahí al lado, ¿eh?

Bree echó un vistazo hacia donde Preston observaba el espectáculo con un odio absoluto, convertido en villano de telenovela.

—Lo siento. —Parecía decirlo de verdad—. Siempre me olvido de ese imbécil. Qué ganas tengo de que desaparezca de nuestras vidas y podamos daros la lata como os merecéis.

—Sí, eso nos vendrá genial a todos —respondí con sequedad—. ¿Quieres el brownie de chocolate de postre? —le pregunté a Bella.

Sonrió al instante.

—¿Cómo lo sabías?

—Aunque no soy el hombre más observador del mundo, el camino a tu corazón no tiene pérdida.

—Aaay, qué tierno —canturreó Bree cuando me incliné y le di a Bella un beso rápido en la mejilla.

—No me obligues a hacerte daño —advertí a Bree mientras me alejaba de la mesa. Era una amenaza vacía (todo el mundo lo sabía), pero a Bree le encantaba el pique.

Cuando terminé en el baño y me lavé las manos, dos veces, me dirigí a la mesa de los postres.

Esa noche había tres opciones y estaba sopesando si podría llevarme cinco brownies sin que nadie se diera cuenta —se me había ocurrido la gran idea de comérnoslos en la cama con Bella cuando acabáramos con las actividades de grupo de la noche— cuando noté una presencia a mi izquierda.

No necesitaba mirar para saber quién era.

—Preston —dije con indiferencia.

—Buenas opciones de postre esta noche, ¿eh? —comentó él con un tono falsamente jovial.

No era tan ingenuo como para creer que me había buscado, lejos de Bella, porque quisiera charlar sobre galletas de chocolate y tarta. Aun así, le seguí el juego.

—Sí. A Bella le encantan los brownies. ¿Puedo llevarme la bandeja entera a nuestra cabaña o eso queda muy cutre?

Preston pareció desconcertado por la pregunta.

—Es mucho azúcar —fue todo lo que consiguió responder tras varios segundos de reflexión.

—Resulta que me encanta Bella cuando va cargada de azúcar. No consigo seguirle el ritmo.

Insinuar algo así era de mal gusto. Pero Preston era incapaz de captar una indirecta, y el objetivo era precisamente que el tipo perdiera los nervios en público.

Cuando eso ocurriera, cuando tuviéramos una queja legítima contra él, estaría acabado en los eventos de autores.

Vale, eso no lo sacaría del todo de nuestras vidas, pero era un buen comienzo.

—Ya veo. —Esta vez Preston ni se molestó en fingir una sonrisa—. Sé lo que estás haciendo.

Mantuve la expresión neutra al volverme hacia él.

—¿Perdona?

—Sé lo que estás haciendo —repitió con tono sombrío—. Y no voy a caer.

—No tengo ni idea de qué me hablas.

Era verdad, en parte. Muchas veces costaba descifrar a aquel hombre.

—Bella y yo tenemos un pasado que tú no puedes tocar.

Por poco me atraganto.

—Sí, ya me he enterado de todo sobre vuestro pasado.

—Si te refieres a mi indiscreción accidental…

No iba a aguantar que aquel hombre pusiera excusas.

—Ni lo intentes. —Negué con la cabeza—. No hay nada que puedas decir que me haga creer una sola palabra que salga de tu boca.

—Bella no te quiere. Se casa contigo solo porque no puede tenerme a mí.

Solté un bufido.

—Tío, si es ella la que te persigue, ¿qué haces tú aquí?

—Le estoy dando lo que siempre quiso. Solo se hace la difícil.

—Sí, tú sigue repitiéndotelo. —Cogí la bandeja entera de brownies—. Que tengas buena noche. La mía lo va a ser, desde luego. —Le dediqué mi guiño patentado.

—¿Adónde te llevas todos esos brownies? —exigió saber sin disimular la frustración.

—A la cama. —Me acerqué a zancadas hasta Bella, que había terminado de comer, aunque parecía preocupada.

—¿Quiero saberlo siquiera? —dijo ella.

—Nada que no puedas imaginar. —Levanté los brownies—. ¿Te apetece saltarte la hoguera esta noche y permitirme que encienda yo el fuego?

Ella soltó una carcajada ahogada mientras Bree gruñía.

—Qué malo ha sido eso —se quejó Bree.

La ignoré.

—Tengo ganas de que esta noche seamos solo nosotros dos.

—Si ya lleváis semanas los dos solos —señaló Brody.

—Lo sé. —Sonreí—. Ahora entiendo por qué lo hiciste.

—Tío, odio hacer de carabina —se quejó Hayley.

—La próxima serás tú: nos pondremos con tu vida amorosa —prometí mientras le tendía la mano a Bella—. Pero esta noche me centro en mí. Bueno, en mi Bellarino y en mí.

—Marchaos ya —ordenó Bree—. Nos vais a hacer vomitar a los demás.

Bella deslizó su mano dentro de la mía.

—Con mucho gusto —dije—. Nos vemos por la mañana, panda de besugos.