15 Quince #2
—Ah, totalmente —convino ella sin perder un segundo—. Bree y Brody serían un lastre.
—¡Eh! —ladró Bree desde algún punto a nuestra espalda, y me giré de golpe. No estaban tan cerca, así que me pregunté cómo demonios nos había oído.
—El sonido se propaga muy bien sobre el agua —explicó Bella sin que yo preguntara—. Esto es un lago, no un río. En un río habría ruido de fondo que lo tapara. En un lago, no tanto.
—Entonces debería tener cuidado con lo que digo del pene invertido con el que salías —supuse—. Eso es lo que me estás diciendo, ¿no?
Esta vez sí miró por encima del hombro, directamente hacia mí. Había picardía en su cara.
—Solo deberíamos tener cuidado —dijo—. Aunque…
Estiró el cuello para mirar a nuestra espalda y juro que estuvo a punto de caerse del kayak cuando se echó a reír.
No pude evitar mirar yo también, pero tuve cuidado de distribuir el peso y volverme hacia el otro lado, para que no nos inclináramos los dos demasiado a la izquierda.
Detrás de nosotros, todavía cerca de la orilla, el kayak de Preston había volcado de lado.
Preston chapoteaba en el agua, calado hasta los huesos, y Daisy, medio fuera del kayak, se agarraba a él mientras chillaba por su pelo.
La parte de arriba del bañador blanco que se había puesto estaba mojada y no parecía llevar forro, porque se le transparentaba absolutamente todo.
—Vaya —fue lo único que se me ocurrió decir.
—Son impresionantes —coincidió Bella—. Por lo menos sabemos que no se ahogarán con esos flotadores tan a mano.
Se me escapó una risa ahogada y la miré divertido.
—¿Dónde ha estado escondida esta Bella?
Por un instante pareció desconcertada.
—No es nada malo —le aseguré—. Me gusta lo deslenguada que eres, lo fácil que te salen la risa y la sonrisa. Solo que no eras así cuando nos conocimos.
Se puso seria y aquello me tocó la fibra sensible. Ojalá no hubiera dicho nada. Entonces habló.
—Esta es la verdadera yo. Era así hasta que lo conocí. Qué digo, seguí siendo así una temporada después de conocerlo. Pero, poco a poco, él fue espantando a esta versión de mí. Ni siquiera me di cuenta de que la había perdido hasta que llevaba muchísimo tiempo desaparecida.
Había tanta melancolía en ella que me dolió todo por dentro.
—No dejes que te robe quien eres, Bella —dije con una voz mucho más suave de lo que pretendía—. Eres increíble. Él lo vio, y por eso te quería. Solo quería asfixiar todo eso increíble que hay en ti para que nadie más pudiera verlo y fuera siempre suyo.
—¿Crees que es verdad?
—Lo creo. Quiere que vuelvas, pero no solo por el motivo que tú piensas. Sí, su ego se llevó un golpe cuando lo dejaste. Te estaba amoldando para que aguantaras toda la basura que te echara encima. Te quería como esposa, pero no quería renunciar a nada para conservarte.
»Los tíos como él se creen por encima de todo el mundo, convencidos de que merecen que se lo sirvan todo en bandeja de plata —continué—. Vio algo hermoso en ti y lo quiso para sí mismo. Lo que no estaba dispuesto a hacer era darte algo hermoso a cambio.
—Yo quiero todo lo hermoso —admitió—. Eso es lo que entendí cuando lo vi con Tiffany. No estaba triste porque estuviera perdiendo algo. Estaba contenta porque por fin era libre.
»Nunca se lo he contado a nadie (a esas alturas él ya me había aislado bastante, así que tampoco tenía a nadie de mi parte que me escuchara), pero antes de que pasara aquello ya estaba intentando encontrar una salida —continuó—.
No me había dado cuenta aquí arriba. —Se señaló la cabeza—.
Seguía estando aquí abajo. —Bajó la mano hasta el corazón.
—Te diste cuenta cuando ya estabas a salvo y lejos —adiviné—. Reconociste que con él no estabas segura e intentabas averiguar cómo escapar sin que te hiciera daño.
Abrió la boca, pero la silencié con un movimiento de cabeza.
—Sé que no te hizo daño físico, pero lo que sí te hizo no estuvo bien, y tienes que dejar de fingir que lo estuvo. —Lo dije sin rodeos—. Ahogó tu crecimiento. Hizo que te diera miedo expresar alegría. Eso lo convierte en el peor hombre del mundo.
—¿De quién estamos hablando? —preguntó Hayley mientras se acercaba a nosotros.
—De Preston —respondí, señalando.
Hayley miró atrás y se echó a reír.
—Genial. Es un auténtico cretino, ¿eh? —Se movía con soltura en su kayak, pero no me sorprendió demasiado.
—Es un cretino —coincidió Bella—. Ojalá…
—Venga, dilo —la animé—. Queremos oírlo.
No tuve que explicarle a Hayley que era importante animar a Bella a expresarse. Ya lo sabía.
—Desde luego —dijo ella.
—Iba a decir que ojalá pudiera volver a mi último año de carrera y no conocerlo nunca. A lo mejor salir con Jake o algo así.
Me costó horrores contener un gruñido. Jake no. No quería oír hablar de Jake.
—Aunque no es eso lo que debería desear —continuó ella, sin notar mi distracción momentánea—. Aprendí de todo lo que pasó, y sé que no volveré a permitirlo. Quiero experimentar la alegría. Eso es algo que no perderé nunca, no una segunda vez.
»Lo que sí me gustaría es haberme dado cuenta antes, y de verdad ojalá no le hubiera hecho daño a mi madre como se lo hice —siguió—. Ella me perdona. Nunca guarda rencor. Pero yo estoy enfadada conmigo misma.
—Vamos a arreglar esta situación con Preston —le aseguré—. Te garantizo que, después de este retiro, no va a querer volver a meter las narices en asuntos de autores.
—Ah, desde luego que no —convino Hayley—. Pero tenemos que idear algo gordo. Deberíamos pensarlo entre todos y que se nos ocurra algo espantoso. Tal vez algo de una de tus pelis de terror, ya que las odia tanto.
—Eso sería poético —coincidí, sonriendo mientras Bree y Brody se acercaban.
Parecía que les estaba costando lo suyo, Bree delante y Brody detrás.
—¿Cómo va eso? —pregunté.
—Te voy a matar, te lo juro —respondió Bree, con un destello de furia en los ojos—. Queríamos escribir en una mesa y jugar con los pies, y ahora estamos sudando y no por un buen motivo.
—Esto es una tortura muy especial —convino Brody.
—Sobreviviréis —contesté—. De hecho…
Antes de que pudiera terminar, Bree se estiró hacia delante con el remo. Entendí lo que pretendía —volcarnos—, pero no iban lo bastante equilibrados para meterse con Bella y conmigo. Nosotros dos manteníamos el kayak en equilibrio como si lo hubiéramos hecho toda la vida.
Bella también se dio cuenta de lo que intentaba Bree.
—Espera —avisó.
Fue demasiado tarde. Bree empujó con demasiada fuerza y ella y Brody se inclinaron hacia un lado y cayeron al agua de costado.
—Ay, jod… —fue todo lo que logró decir Bree antes de que se le hundiera la cabeza.
—¡Esa boca! —ladró Hayley.
—Creo que por esta vez puedes dejárselo pasar —le dije.
—¿Por esta vez? —Hayley se quedó perpleja—. Nos lo va a recordar toda la vida. Estaremos en el lecho de muerte y ella seguirá sacándolo a relucir.
Tenía razón. Aun así, a mí me seguía haciendo gracia.
—Bueno, ¿qué creéis que nos va a preparar para comer?