El camino correcto (Escribir lo correcto 2) 14 Catorce #2
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14 Catorce #2

Otro pequeño estremecimiento me recorrió. No lo decía en el sentido que querían las chispas de emoción que se me retorcían en el estómago. Solo estaba haciéndose el gracioso.

—Pues ya lo sabes —fue todo lo que conseguí decir.

—Ah, tengo preguntas. Se me ocurrieron en sueños. Tenemos que hablar seriamente de Chucky.

Hice una mueca.

—Lo sabía —exclamó triunfal—. Dijiste que te daban miedo las muñecas. Sabía que eso incluía a Chucky.

—No me dan miedo. Simplemente no me gustan.

—Sí, sí, ya hablaremos. Y de Chucky pasaremos a Annabelle, así que prepárate.

Yo no quería tener esa conversación. Pero, por lo visto, él no aceptaba peticiones.

—Deberíamos ir preparándonos —dijo.

Seguía justo a mi lado, seguía tan cálido, tan suave y, de algún modo, duro a la vez. No quería salir de esa cama, pero no había más remedio.

—Estoy muerto de hambre —continuó—, y tenemos que decidir qué vamos a hacer hoy.

—Todavía no hay lectores. —Algo por lo que estaba agradecida—. ¿Qué opciones crees que vamos a tener?

—Ya lo veremos durante el desayuno. No creerás que ese imbécil de tu ex va a servir gachas de maíz o algo así, ¿no?

—¿No te gustan las gachas de maíz?

—No. Me gustan las cosas que saben a algo.

Sonreí de lado. A mí tampoco me entusiasmaban las gachas de maíz.

—Si el desayuno no está a la altura, podemos ir al pueblo. Total, no me importaría tener una excusa para alejarme de Preston.

—Oh, no vamos a huir de él. No le vamos a dar ese poder.

—¿No? Tenemos que trabajar tu instinto de supervivencia. Si llega el apocalipsis zombi, odiaría que fueras de los primeros en caer.

—Eso no va a pasar nunca, Bellarino. Yo seré el Daryl Dixon de nuestro grupo apocalíptico. Tú espera y verás.

Tenía mis dudas, pero ahora que había mencionado el desayuno, yo también estaba muerta de hambre. Como para demostrarlo, mi estómago soltó un rugido despiadado.

—Desde luego que deberíamos comer.

Después de eso, no tenía ni idea de qué pasaría. Pero tenía muchas ganas de averiguarlo.

EL DESAYUNO FUE OTRO EVENTO CON CÁTERING.

CUANDO se trataba de comida, Preston era incapaz de hacer nada que no resultara ostentoso.

Era algo que había aprendido de su madre, aunque su padre ayudaba a contener sus impulsos más primarios recordándole constantemente que una intoxicación alimentaria podría costarle millones.

Esa mañana, Preston había traído patatas ralladas fritas, tostadas, tres tipos de carne para el desayuno y un equipo para preparar tortillas francesas al gusto.

—¿Sabes qué? Tu ex es una persona horrible, pero la comida que trae es de primera —comentó Bree mientras examinaba la oferta.

Suspiré.

—Sí. La comida siempre era buena. Aunque no es que yo pudiera comer mucho. Su madre tenía una regla: lo que creyeras que podías comer, lo cortabas por la mitad, y luego esa mitad otra vez por la mitad, y eso era lo aceptable para comer delante de la gente.

Bree me lanzó una mirada afilada.

—¿Te mataban de hambre?

—Estoy bastante segura de que no es eso lo que he dicho.

—Pues a mí me ha sonado así.

—Pero…

No esperó a que pusiera excusas por Mary Charles. En cambio, se volvió hacia Hayley.

—¿Has oído eso? La madre de Preston solo permitía que Bella comiera una cuarta parte de lo que quería comer.

—Uf. —Hayley parecía tan molesta como Bree—. Eso es una mierda.

Fue entonces cuando me di cuenta de que Preston se había unido al grupo.

Había estado lo bastante cerca para oír lo que había dicho de su madre y, a juzgar por la curva de su labio, no estaba contento.

Pero antes de que pudiera decir nada, Nathan intervino.

Había estado detrás de nosotras en la cola, hablando con Brody, pero evidentemente no se le había escapado nada de lo que se había dicho.

—Quiero que comas cuatro veces lo que creas que puedes comer —me dijo, sin parar de guiñarme el ojo.

—Eso suena a pura gula —repliqué.

—No te preocupes. Quemaremos las calorías después, cuando estemos solos.

Tuve que morderme el interior de la mejilla para no reaccionar a la mirada coqueta que me lanzó.

—Bueno, eso suena interesante. —Me salió un tono remilgado y formal, pero la sonrisa de Nathan no se apagó—.

¿Qué vamos a hacer hoy? —preguntó a los demás, poniéndome la mano en la parte baja de la espalda para guiarme hacia delante en la cola.

No miró a Preston ni una sola vez, pues al parecer entendía que Preston era una de esas personas que se llevan peor la indiferencia que la atención negativa.

—Estábamos pensando en escribir un rato —dijo Bree—. Hay mesas al otro lado del lago. A Brody y a mí nos gusta jugar con los pies por debajo de la mesa cuando escribimos. —Le lanzó una mirada coqueta.

—Sí, eso suena a una forma magnífica de que un caimán te arranque el pie de un bocado o de que te envenene una serpiente que ande buscando calor —convino Nathan con sequedad.

Bree le dirigió una mirada horrorizada.

—¿Por qué me metes esa idea en la cabeza?

—Porque está en la mía, así que nos tiene que atormentar a todos.

—Son las películas de terror —dijo Brody en un susurro cómplice—. Le han frito el cerebro.

Nathan le lanzó a su mejor amigo una mirada de «ni se te ocurra».

—Tengo una idea mejor. Mejor que escribir, quiero decir.

—¿Te das cuenta de que somos escritores y que de vez en cuando tenemos que trabajar? —insistió Bree.

Nathan puso los ojos en blanco.

—Necesitamos un día para desconectar antes de ponernos a trabajar. —Sonaba como un tipo perfectamente razonable que no pretendía hacer nada molesto. Pero yo lo conocía demasiado bien. Fuera lo que fuese aquello, el objetivo era irritar a Preston.

—Tienen kayaks —continuó Nathan—. ¿Por qué no salimos al lago, nos damos un paseo relajante y nos ponemos a trabajar después de comer?

Brody arqueó una ceja.

—No estoy seguro de saber remar en kayak. ¿Es muy difícil?

—No es difícil en absoluto —respondió Bree. Prácticamente podía oír los engranajes de su mente trabajando a toda máquina mientras intentaba descifrar el plan de Nathan. Incluso lanzó una mirada fugaz hacia Preston antes de asentir—. Creo que lo del kayak es una idea genial —dijo por fin.

Hayley hizo un ruido despectivo.

—Eso suena a hacer ejercicio. Ya sabéis lo que pienso del ejercicio.

—Tú vienes —dijo Bree al final—. Vamos todos, y todos nos lo vamos a pasar genial.