13 Trece #2
Su sonrisa era tan amplia que la luna se reflejaba en ella.
—¿Cuál es tu película de terror favorita de todos los tiempos?
No era una pregunta difícil de responder.
—No es nada original —le advertí.
—La mía tampoco. Por algo hay pelis de terror que son clásicos.
—Sí.
Me pasé la lengua por los labios, intenté no pensar en lamer otra cosa y me obligué a concentrarme. De repente, se había convertido en la mayor distracción del campamento.
—El resplandor.
Puso una cara de entusiasmo teatral.
—¡La mía también! —Se señaló el pecho—. ¿Sabes qué me dice casi todo el mundo cuando digo que es mi favorita?
—Que es bien sabido que Stephen King odia la película, así que no debería contar.
—¡Sí! —Alzó el puño en algo parecido a un gesto de victoria—. ¿Y sabes qué contesto yo?
—Que es una gran película con la mejor atmósfera de todo el universo del terror.
—Eso también. —Se acercó dando saltitos—. ¿Y qué opinas de Doctor Sueño?
Ah, la secuela oficial de El resplandor, la que fusionaba el libro de King con la película de Kubrick para tirar de la nostalgia.
—Que la trataron muy injustamente y que en realidad es muy buena.
—Gracias.
Levantó las manos como si alabara a la luna, y el movimiento no ayudó en nada a calmar mi libido.
Quería tocarla. Quería revolcarme con ella en la hierba.
Bueno, siempre que no corriéramos el riesgo de toparnos con serpientes.
Se me habían desbocado las hormonas de repente, pero si algo podía echar por tierra ese efecto, era una serpiente. No me gustaban los bichos rastreros.
Por impulso, le pasé el brazo por la cintura. Más que abrazarla, le hice cosquillas, todo con la excusa de tocarla bajo el pretexto de nuestro juego de terror. Seguí con ello porque, si no, tendría que explicar mis actos, y no quería hacerlo.
—¿Cuál es tu película de terror mala favorita? —pregunté.
Se retorció y soltó un gritito cuando mis dedos le encontraron las costillas.
En mis brazos parecía increíblemente delicada, como si una ráfaga de viento pudiera hacerle daño.
Pero me había contado su historia, o al menos las partes importantes.
Sabía que era fuerte. Y, aun así, yo quería servirle de escudo.
Si Jason Voorhees viniera hacia nosotros, yo haría de distracción sin dudarlo para que ella pudiera escapar, algo que siempre me había parecido una estupidez en el cine de terror.
Si Jason iba a cargarse a los dos, ¿por qué no sacrificar a la chica para que el hombre, más atlético, lograra huir?
Allí, en ese instante, con Bella entre risas y retorciéndose contra mi corazón desbocado, habría muerto mil veces por darle esa oportunidad.
—Barco fantasma —soltó de golpe, y yo la dejé y me puse derecho.
La miré desde arriba con desconfianza.
—¿La de Karl Urban?
—Sí. —Me lanzó una mirada cautelosa—. ¿Por qué? ¿Me vas a decir que es una película horrible?
—Ya sabes que es una película horrible.
—¿Pero? —insistió.
—Pero tiene uno de los mejores comienzos de la historia del terror.
—Es verdad —coincidió ella.
—Y también tiene una atmósfera buenísima.
—Eso también. —Se le ensanchó la sonrisa—. Lo que pasa es que no acaba de sostenerse como debería.
—No, pero tiene una banda sonora brutal, y la veo por lo menos una vez al año.
Me miró como si acabara de ponerme delante de una bala por ella, y eso me dio una rabia irracional.
No con ella, claro, sino con el idiota de Preston.
Le había destrozado la autoestima a esa mujer maravillosa.
La había hecho dudar de todo. Se esforzaba muchísimo por recuperar lo que había perdido, pero la presencia de Preston, el miedo que le había inculcado, hacían que fuera un proceso lento.
Quería hacerle pagar por todo lo que le estaba haciendo.
—¿Y cuál es tu placer culpable del terror? —preguntó ella.
Me obligué a pensarlo bien y no soltar lo primero que me vino a la cabeza.
—Tú ya lo sabes —dijo en tono burlón—. No lo alargues —me advirtió—. Yo te lo he dicho.
—Sí, pero la tuya resultó ser una película de terror sólida con un final malo —dije—. La mía es… diferente.
Entrecerró los ojos.
—Solo me burlaré de ti si me dices que es Halloween: Resurrection.
Me eché a reír sin darme cuenta de que iba a hacerlo.
—Sí, cuando un rapero se cargó a Michael.
—Tampoco soy muy fan de la sexta —admitió ella—. Paul Rudd me encanta tanto como a cualquiera, pero esa película no se sostiene.
—¿Cuál es tu película favorita de Halloween?
—No has contestado a mi otra pregunta —se quejó.
—Dímelo tú y yo te contesto.
—Vale. —Hizo una mueca que en secreto me pareció adorable—. Se supone que debo decir la primera, y desde luego es un clásico. La segunda también me gusta. Pero, por raro que parezca, mi favorita es la del internado, la de Josh Hartnett.
—¿Y por qué esa?
—Porque Josh Hartnett está buenísimo.
Esa respuesta era demasiado fácil.
—¿Y por qué de verdad?
—Porque me gusta el momento en que Laurie se encierra con Michael y pasa a la ofensiva. Lo estropean en la siguiente, dicen que al que decapitó era un tío inocente. Pero ese final era increíble cuando era Michael.
Se quedó con una expresión tan melancólica que me pregunté si querría hacerle eso mismo a Preston, al menos metafóricamente.
—La casa de cera —anuncié, y ella dio un respingo—. La de Chad Michael Murray.
—¿Esa es tu peli de terror mala favorita? —Estaba alucinando.
—La ambientación es increíble. Las interpretaciones están bien. La historia se sostiene. Los efectos especiales están logrados.
Tomé aire.
—Además, hace eso que todos hemos querido hacer alguna vez en la vida.
Una sonrisa pícara se le dibujó en la cara.
—¿Clavarle una barra enorme en la cabeza a Paris Hilton? —aventuró ella.
Sonreí de oreja a oreja. Me había calado y no me juzgaba. De algún modo, aquello parecía un milagro.
—A mí también me gusta, aunque con las muñecas tengo mis manías. No me gustan. Las figuras de cera de esa película parecían muñecas gigantes y me pusieron los pelos de punta.
—Está bien saberlo, lo de las muñecas.
Le tendí la mano y me pregunté fugazmente si la aceptaría.
No dudó ni un segundo en entrelazar los dedos con los míos.
—Esto es divertido. ¿Qué otras películas de terror malas te gustan? A mí me encanta Jason X, la que mencionaron en la cena.
—A esa película la machacan demasiado —coincidí—. Es divertida. ¿Sabes qué película es medio de terror, la ponen por los suelos y yo la veo siempre que me la encuentro?
Sentía que me estaba sincerando con mi nueva mejor amiga. Eso sí, una mejor amiga a la que de repente me moría por desnudar y besar de arriba abajo, pero intentaba ignorar esa parte.
—¿Cuál?
—El incidente.
Se quedó helada. Esta vez no sonreía.
—¿La de Mark Wahlberg hablándoles a las plantas?
Me reí de su espanto.
—A mí la tensión que va creando me parece buenísima.
—Pero él está horrible.
—Por eso tiene gracia.
Se lo pensó.
—Vale, eso te lo concedo, pero no me gustan las películas de M. Night. Acertó de chiripa con un truco y luego se casó con ese tipo de trucos, funcionaran o no. Daba pena.
—Hablando de tu amor platónico, Josh Hartnett, Trap fue un regreso penoso.
—Su regreso fue Oppenheimer. Trap, mejor olvidarla.
—En eso estamos absolutamente de acuerdo.