5 Cinco #2
Entonces las cejas de Brody se juntaron como dos orugas que se acercaran la una a la otra.
—No vas a hacer nada raro, ¿verdad?
—Define «raro».
—Tío, vas a hacer algo raro.
Brody murmuró entre dientes algo que no logré entender.
—Solo… no le compliques más las cosas a Bella, ¿vale? No se lo merece.
—No tengo ninguna intención de complicarle las cosas a Bella.
Era la verdad.
—Lo tengo controlado. No te preocupes.
Cuando Preston llegó a nuestra altura, yo era todo sonrisas.
—¡Ahí está el hombre del momento! —bramé.
Me salió la voz un poco demasiado alta, pero lo corregí rápido.
—No sabía que ibas a venir esta noche.
Se me daba bien actuar cuando hacía falta.
La gente nunca podía leerme las verdaderas intenciones si yo no quería.
Le había copiado el truco a mi padre, un hombre de negocios de los pies a la cabeza.
Mi madre era más blanda, más abierta y sincera.
Observar a mi padre, en cambio, fue toda una escuela, y por él se me daba tan bien codearme con la gente.
—Nathan, ¿verdad?
Preston me tendió la mano. Su tono era untuoso más que acogedor.
—Ya nos habíamos visto antes.
—Sí.
Mantuve la espalda recta. Era más corpulento que este tío; no es que fuéramos a llegar a las manos ni nada. Pero le sacaba diez buenos centímetros y quince kilos, todo músculo.
—Te conocí cuando estaba con Bella hace unas semanas.
Mencioné su nombre a propósito. Quería recordarle que él ya no estaba con ella y que yo sí. Bueno, lo mío con ella era de mentira. Él tenía que creer que era real, y yo estaba decidido a vendérselo bien.
—¿Está aquí? —Preston estiró el cuello para mirar alrededor—. No habréis roto ya, ¿no?
—Oh, no. —Negué solemnemente con la cabeza—. Nada de eso. Está en el baño arreglándose con Bree y Hayley.
—Ah. —La boca se le curvó hacia abajo, apenas un poco—. Bueno, me alegro de que sigáis juntos.
«Sí, claro, cretino. Te estás muriendo de celos». No lo dije, por supuesto, pero era obvio.
—Va de maravilla —dije con falsa alegría—. Es un terremoto. Me encanta su carácter.
—¿Su carácter? —Preston fingió un interés cortés—. No sé a qué te refieres. Cuando estábamos juntos siempre tuvo muy mal carácter.
Una sonrisa de disculpa le cruzó la cara casi al instante.
—Perdona. No estaba seguro de si te había contado lo de nuestra relación. No quiero meterla en problemas ni nada.
Qué imbécil. No engañaba a nadie. Aun así, no permití que se me notara el desagrado.
—Sí, me lo contó —confirmé—. A mí no me esconde nada. Mi Bellarino no.
«¿Bellarino?». El apodo dejó a Brody de piedra. Francamente, a mí me sorprendió oírlo salir de mi propia boca. Ya lo había dicho, así que ahora tenía que mantenerlo.
—¿Bellarino? —Una irritación tenue como un susurro le recorrió las facciones a Preston—. Nunca he oído a nadie llamarla así.
—¿En serio? A ella le gusta.
Justo cuando lo dije, noté una presencia a mi derecha.
Estaba sentado en un taburete alto, así que quedaba muy por encima de Bella. Su expresión era difícil de interpretar mientras asimilaba que Preston estaba allí.
—Hola, Bellarino, cariño —dije, rezando para que no cuestionara el apodo—. Ahí estás. —Bajé del taburete de un salto—. Solo te lo estaba calentando.
Miró el taburete, luego a mí, luego a Preston. Parecía descolocada por todo el giro de los acontecimientos.
—Gracias —consiguió decir, aunque era evidente que se sentía incómoda.
Miró el taburete con desconfianza.
—Eh…
No podía subirse al taburete. Era demasiado bajita.
Hice lo que me salió natural, sin pensarlo dos veces, y le pasé el brazo por la cintura. Abrió mucho los ojos cuando la levanté y la senté en el taburete con un solo brazo.
—Uy. —Se recompuso y mantuvo la sonrisa—. Menudo levantamiento.
Se rio, claramente sin saber qué más decir.
—Un buen levantamiento para mi niña pequeña —convine, y arrugué la nariz al darme cuenta de cómo había sonado eso—. Espera…
La risa que se le escapó esta vez fue auténtica.
—Tranquilo —me aseguró—. No he pensado que quisieras ser siniestro ni nada.
—Desde luego que no —asentí.
Estaba tan absorto en mis pensamientos que casi había olvidado que Preston seguía ahí. Aunque el muy gusano no iba a dejar que nadie se olvidara de él.
—Bellarino, ¿eh? —Su mirada era solo para Bella, y no parecía nada contento.
—¿Qué? —Bella clavó los ojos en él de golpe, como si también ella necesitara que le recordaran su presencia—. Ah, Nathan hace eso —dijo—. Se le ocurren nombrecitos. Es tierno que se tome la molestia.
—Siempre, cielo.
Le guiñé un ojo y luego dejé que la mirada se me deslizara hacia Preston. Tenía preguntas para el tipo y, si pensaba hacerse notar para intentar intimidar a Bella, que era exactamente lo que parecía, iba a hacérselas.
—Por cierto, Bella no me contó cómo te metiste en el mundo de los eventos de autores. ¿No te dedicabas al sector inmobiliario?
—¿Qué? —Preston se sacudió el ensimismamiento en el que estaba sumido y se encogió de hombros—. Me gusta ampliar mis intereses. No tenía ni idea de que Bella ahora fuera escritora. Eso fue pura coincidencia.
Nadie se lo creyó.
—Qué casualidad tan rara.
Le pasé mi cóctel a Bella.
—Bébetelo, Bellarino. Baja suave.
Ni siquiera preguntó qué era. Se limitó a darle un buen trago.
—Tengo muchas ganas de que llegue el evento de esta noche. Nunca he estado en ninguno.
—Va a ser genial —dijo Preston automáticamente—. Sé organizar un evento, y perdonad que me eche flores. Además, con cada evento lo hago mejor.
Bella soltó un bufido de fastidio y juro que la oí murmurar algo sobre las flores que se echaba él solito. Aun así, mantuvo la sonrisa. Se notaba el esfuerzo.
—Bueno, a todos nos intriga ese retiro de escritores que has programado —dije antes de poder pensarlo mejor—. No sabíamos que estuviera en el itinerario.
—Ah, fue algo de última hora.
Preston hizo un gesto con la mano, como si en aquella azotea no hubiera nada que mereciera la pena.
—Me dije que los eventos en bares estaban muy bien, pero lo que de verdad quieren los lectores es conocer a sus autores favoritos a un nivel más personal. Me pareció la forma natural de dar un paso más.
—Aunque es un poco raro —dijo Bree, y Preston clavó la mirada en ella. Ni se molestaba en fingir que el tipo le caía bien—. A nosotros nadie nos preguntó. Lo colaron en nuestros contratos sin que nos enteráramos.
—Anda.
Todo en Preston era fachada, y se le notaba sobre todo cuando se hacía el inocente.
—Qué raro. En cualquier caso, será divertido para todos. Igual que promete serlo esta noche.
Desvió la mirada hacia Bella.
—Espero que no estés demasiado nerviosa.
Noté cómo se le tensaba la espalda a Bella.
—No estoy nerviosa. Va a ser un gran evento.
—Por supuesto que lo será. Puede que incluso haya un puñado de lectores que vengan por ti.
Aunque no te lleves un disgusto si no les interesas.
Estoy seguro de que, en cuanto sepan quién eres, eso cambiará.
Aunque tus dos primeros libros no fueran obras maestras —a mí me gustaron, claro—, seguro que alguien es fan tuyo.
Y ahí estaba. Uno de esos comentarios envenenados que Bella había mencionado la primera vez que hablamos de Preston.
—Ah, yo no me preocuparía por eso —dije con tono sombrío—. Algo me dice que mi Bellarino va a ser la reina de la fiesta.
La sonrisa de Preston fue inexpresiva.
—Supongo que habrá que esperar para verlo.
—Supongo que sí —me apresuré a darle la razón.